Cuando la mafia se coló en la música a pesar de Steve Marriott

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«Marriott y su esposa quedan estupefactos cuando ven a su mánager sentado a la mesa junto a la Familia Gambino. La mafia en su máxima expresión»

 

El guitarrista y cantante británico, miembro hasta el año 69 de Small Faces y fundador de Humble Pie, pasa de la gloria a la penuria a mediados de los setenta. Un intento por recuperar el dinero estafado por su mánager le lleva a protagonizar, sin ser consciente, un encuentro con la mafia. Manolo Tarancón nos cuenta la historia.

 

Texto: MANOLO TARANCÓN.
Foto extraída de la portada del disco Lost & found 1973-1977.

 

Steve Marriott es de esos artistas caracterizados por vivir todo tipo de emociones y experiencias en la música y en la vida, como una montaña rusa, pero con un ocaso que nadie en su sano juicio desea. Atención: el ascenso a la gloria desde el 69 hasta mediada la década de los setenta, tanto con los Small Faces —hasta que decide marcharse justo cuando Ronnie Wood llega a la banda—, como con la fundación y buenas cifras de Humble Pie, grupo que los amantes del blues rock con reminiscencias soul funk conocerán de sobra. La ceguera ante los contratos que firma sin miramientos, no por ingenuidad, sino porque su mente siempre se enfoca hacia la creación y la música. El posterior descubrimiento del robo multimillonario por parte de su mánager, que lleva a un desagradable e infructuoso episodio en un momento vital en el que, literalmente, busca en los cubos de basura algo para echarse a la boca por su nula situación financiera. Finalmente, el exilio autoimpuesto tocando por pura supervivencia en los pubs, como trauma de lo ocurrido en Nueva York.

En esto de la música, asumido por descontado el talento, hay dos tipos de perfil: quien nace estrella o estrellado y la suerte (casi) siempre le es esquiva. El colofón llega con su muerte en un incendio, a la edad de 41 años, en su casa de Essex. Pero el trauma que le durará de por vida, desde su viaje a Manhattan a mediados de los setenta, merece estas líneas.

Por aquel entonces, Humble Pie ya había facturado discos de gran calidad, como el homónimo editado en 1970, Smokin’ (1972) o Eat it (1973), en el que colabora Stephen Stills y goza de las loas de los primeros espadas de la música en aquellos momentos. Los dos siguientes álbumes fracasan y, como consecuencia, la banda se disuelve.

En 1975, las cosas no van tan bien y concede una entrevista a Steve Clarke donde reconoce sus penurias y estar literalmente arruinado, comentando sin ambages que el caballo que antes vagaba a sus anchas por el exterior de la propiedad lo ha sacrificado para poder comer. Se enciende una bombilla en su cabeza. ¿Cómo es posible? Múltiples giras, buenas ventas, y las cuentas no salen cuando repasa los royalties y los cachés que le corresponden. Su mánager Dee Anthony le ha estafado durante años. Nada nuevo. No hay más que recurrir a personajes como el Coronel Parker con Elvis o el empresario Malcom McLaren, para darnos cuenta de cómo se las gastan los que realmente mueven el cotarro de las cifras y los contratos.

Cansado de los desplantes de su representante, que evita reunirse con él y lanza evasivas, pasa a la ofensiva; y el hostigamiento llega al límite en el que a Anthony no le queda otra que ceder: Marriott se ha trasladado junto a su mujer Pam en avión a Nueva York para hablar del asunto cara a cara.

Tal y como relata la propia mujer del músico a Paolo Hewitt, en la biografía Steve Marriott: All to beautiful, la primera sorpresa llega con el lugar elegido. No unas oficinas o un bufete de abogados, no. La reunión se da en un restaurante, concretamente el Club Social Ravenite en pleno barrio de Little Italy, y quedan estupefactos cuando la pareja ve a Anthony sentado a la mesa junto a John Gotti, Frank Locascio y Paul Castellano, todos ellos pertenecientes a la Familia Gambino. La mafia en su máxima expresión. Al mánager no le hace falta ni abrir la boca. Son los especialistas los que pasan a la acción verbal. Uno de ellos toma la palabra. Tanto da quién sea. Este tipo de organizaciones trabajan con un código, al unísono y con fidelidad cómplice.

Al más puro estilo siciliano, y sin levantar demasiado la voz, le espeta a Steve que entienden que tiene un problema con Dee, recordándole inmediatamente que es «su amigo» y que a ellos no les gusta que sus amigos tengan problemas. Por si queda alguna duda, le hace saber que son conscientes de que es un gran guitarrista y que sería una verdadera lástima que les pasara algo a esas manos y no pudiera volver a tocar la guitarra.

Marriott, de un carácter natural fuerte e irritante, sabe que ha perdido la batalla y no replica. Agacha la cabeza. No avisa a la policía, no cuenta nada a nadie. Pam y él, confusos porque hasta ese mismo momento no conocen la conexión de Dee con la mafia, se dirigen directamente al aeropuerto para tomar el primer vuelo a Londres. Saben que en su peor momento vital y de subsistencia jamás van a recuperar el dinero.

El episodio actúa como una apisonadora en el bueno de Steve, causándole un trauma que le hace rechazar de facto a la industria musical tal y como se concibe profesionalmente. Como respuesta, se refugia en los pubs británicos donde toca para poca gente, pero cobra en efectivo, y este modo de trabajar se extenderá durante años, antes de que vuelva a intentar reunir —de manera más bien infructuosa— lo que queda de Humble Pie.

Su muerte a los 41 años, en el incendio previamente descrito, hace el resto. Sí, la mafia con su alcohol, prostitución, seguridad provocada a terceros, juego, extorsión y amenazas entra por la puerta principal en la música para privar a un autor de lo que es suyo. No es el único ejemplo. En otros contextos, controlarán incluso sellos de grabación. Pero esa ya es otra historia. Como homenaje a quien mereció más suerte en vida, escuchemos en bucle cualquiera de los discos sobresalientes que Humble Pie firmó entre el 69 y el 75. No nos arrepentiremos. Y lo más importante: estaremos a salvo.

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