“La llegada”, de Denis Villeneuve

Autor:

CINE

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“Nos obliga a pensar sobre nosotros mismos como solo la mejor ciencia-ficción sabe hacer”

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“La llegada” (“Arrival”)
Denis Villeneuve, 2016

 

Texto: ELISA HERNÁNDEZ.

 

Cuando miramos hacia atrás suele ser sencillo reconocer en las películas que se hacían y veían en una época los miedos, angustias y sentimientos que, en general, dominaban entonces. Incluso sin el poder de comprensión que ofrece la perspectiva temporal, resulta obvio que el cine de género es una herramienta fundamental para tratar de dar forma a todo aquello que, precisamente por tenerlo tan cercano, nos cuesta comprender. De ahí que tras ver la fascinante “La llegada” uno no pueda dejar de preguntarse qué es lo que un filme como este nos dice (y dirá) sobre el mundo contemporáneo.

El director franco-canadiense Denis Villeneuve vuelve a confirmar, tras obras tan impactantes como “Incendies” (2010), “Prisioneros” (2013) o “Sicario” (2015), que es uno de los grandes maestros del suspense cinematográfico, capaz de construir un ambiente inquietante desde el inicio del metraje y de manejar a la perfección la tensión y la implicación de la audiencia a través de qué información que se le ofrece (y cuándo se le ofrece) sobre la historia narrada en pantalla. Además, todo sea dicho, de contar con un preciosista sentido de la puesta en escena y hacer un muy efectista uso del espacio y escenario para generar imágenes que se clavan en la retina del espectador.

En la película, la doctora Louise Banks (Amy Adams) es una lingüista reclutada por el ejército norteamericano para tratar de establecer contacto con una de las doce naves extraterrestres que han aparecido en todo el mundo. Como sucede en toda historia en la que los seres humanos se encuentran con alienígenas, enseguida se construye una narrativa entre “nosotros” y “los otros”, esos seres extraños, ajenos, invasores, diferentes y, por tanto, temidos. Sin embargo, en lugar de recurrir al conflicto o la violencia para reflejar esta ansiedad frente a lo desconocido, “La llegada” nos recuerda lo difícil que es entender en lugar de demonizar y lo fácil que es caer en relatos simplificadores y culpabilizadores, dándonos así una excelente oportunidad para reflexionar no sólo sobre los discursos que fabricamos para comprender aquello que nos rodea, sino también por qué los fabricamos y qué efectos tienen. Y con ello nos obliga a pensar sobre nosotros mismos como solo la mejor ciencia-ficción sabe hacer.

Allí donde “Interstellar” (Christopher Nolan, 2014) resultaba ridícula e incoherente al tratar de combinar ciencia-ficción y humanidad, “La llegada” triunfa al proponer que en el esfuerzo de comprender y compartir la visión del mundo del otro (precisamente porque está enraizada en un lenguaje y una experiencia que nos resultan ajenos) es donde radica la única posibilidad de futuro.

 

 

Anterior crítica de cine: “Jack Reacher: Nunca vuelvas atrás”, de Edward Zwick.

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