La hormigonera rock de ZZ Top sigue a pleno rendimiento

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«La definición de power trío se debió inventar para ellos. ZZ Top son un arquetipo»

 

El legendario trío texano ofreció un consistente concierto en La Marina de Valencia, dentro del ciclo FAR, con La Perra Blanco como teloneros. Carlos Pérez de Ziriza estuvo allí y nos lo cuenta.

 

ZZ Top
22 de julio de 2026
La Marina de Valencia.

 

Texto: CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA.
Fotos: MARÍA CARBONELL.

 

Los hormigonados riffs de guitarra. Las hechuras del rhytmn and blues de toda la vida. Las barbas kilométricas, los trajes de luces, los sombreros tejanos, las gafas de sol. La fidelidad a un libro de estilo que cuenta con más de cinco décadas de antigüedad. Y que se basta con tres tipos: bajo, guitarra y batería. Nada más.

La definición de power trío se debió inventar para ellos. ZZ Top son un arquetipo. Un canon. Y como tales, dan a su público —mayoría abrumadora de hombres enfundados en camisetas negras y una media de edad que rebasa los cincuenta— todo lo que este espera de ellos. Ni más ni menos. Una andanada de rock picapedrero que, durante una hora y media, se desenvuelve con la prestancia de quien lleva cientos de miles de kilómetros de carretera entre pecho y espalda.

El miércoles no gozaron de la mejor de las ecualizaciones ni del más robusto de los volúmenes —esto ya no es novedad— en la primera visita a Valencia que uno es capaz de recordarles: sus canciones no mordían del todo. Pero a nadie pareció importarle demasiado. Para casi todos los que estábamos allí, se trataba de ponerles por fin el tick en la barra de tareas pendientes: misión cumplida, ya hemos visto a la leyenda. Y no puede decirse que Billy Gibbons y Elwood Francis, a sus 76 castañas (sin Dusty Hill, fallecido hace cinco años), acompañados de Frank Douglas a la batería, no mantengan la marca en buen estado de revista.

«Salieron a escena con banderitas de España en señal de felicitación por nuestra segunda estrella mundial y despacharon lo suyo con solvencia»

Daba un calor atroz verlos ahí, subidos al escenario con sus tupidos trajes de manga larga, su sombrero (en el caso de Gibbons) y sus pelambreras. Como para coger la pallola. A ellos no pareció importarles. Salieron a escena con banderitas de España en señal de felicitación por nuestra segunda estrella mundial y despacharon lo suyo con solvencia. Como quien lava.

Cayó el primer karaoke colectivo con “Gimme all your lovin’”, lucieron la cuota hendrixiana de su repertorio con “I’m bad, I’m nationwide”, abrevaron en su etapa más comercial y pop (por así decirlo) con la sintetizada “Legs” y se despidieron, cómo no, con el boogie rock de la seminal “La Grange”, aún su canción más popular, extraída de su tercer álbum.

Les teloneó con mucho oficio y aún más ardor la gaditana Alba Blanco al frente de su proyecto, La Perra Blanco: una irresistible turbina de rockabilly, soul, rock and roll clasiquísimo y rhythm and blues asilvestrado, que siempre depara en directo una intensidad extra, un plus respecto a lo que se colige de los surcos de sus discos.

 

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