La cara oculta del rock: El día en que Keith Richards se pasó de la raya

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«¿Qué es lo más extraño que he intentado esnifar? A mi padre. Me esnifé a mi padre. Fue incinerado y no pude resistir mezclarlo con un poco de coca»

Algunos conservan las cenizas de sus familiares en una urna. Otros prefieren esparcirlas en un río, en el mar o debajo de un árbol. También los hay que van un poco más allá y prefieren mantener el recuerdo de sus seres queridos en lo más profundo de su ser; éste es el caso de Keith Richards, que, según la leyenda, esnifó las cenizas de su padre mezcladas con cocaína para comprobar si tenían un efecto psicotrópico.

 

Una sección de HÉCTOR SÁNCHEZ.

 

Bert Richards se hizo famoso por ser el padre de Keith Richards. Sin embargo, a Bert le llegaría la fama más estando muerto que en vida. Y todo por una ocurrencia de su hijo. El padre del guitarrista de los Rolling Stones falleció en el año 2002, pero tuvo su momento de gloria póstumo en 2007. Durante una entrevista que el periodista Mark Beaumont realizó para la revista musical británica “NME”, Richards soltó una perla que rápidamente se convertiría en leyenda y daría la vuelta al mundo: “¿Qué es lo más extraño que he intentado esnifar? A mi padre. Me esnifé a mi padre. Fue incinerado y no pude resistir mezclarlo con un poco de coca. A mi padre le habría dado igual, le habría importado una mierda. Me sentó muy bien y sigo vivo”. Edipo mató a su padre, Keith se lo esnifó. Con semejantes declaraciones, tan escandalosas y jugosas, la prensa no tardó en extender la noticia por todo el planeta criticando el comportamiento del siempre salvaje Keith Richards. Además, los medios de comunicación le tenían ganas al guitarrista, ya que el año anterior, en 2006, Richards había sufrido la famosa caída del cocotero que hizo retrasar a Sus Satánicas Majestades la gira “A bigger bang tour”; un incidente que, por cierto, también fue un poco inflado por los medios.

Caníbal, drogadicto o mal hijo fueron los apelativos que Keith recibió después de soltar la bomba sobre las cenizas de su padre. La noticia se convirtió en una bola de nieve y comenzaron a surgir interpretaciones de la razón que había llevado a Richards a hacerse un «tiro» con su progenitor: el guitarrista quería comprobar si las cenizas tenían un efecto psicotrópico. Ante el revuelo formado, la mánager del músico, Jane Rose, salió en su defensa: “No puedo creer que alguien se lo tomara en serio”. La representante aseguró a “MTV” que las declaraciones de Keith habían sido “una broma” y que ella no creía que Richards hubiera sido capaz de hacerlo. El propio afectado también tuvo que retractarse en un comunicado: “La historia completa es la típica noticia sesgada. La verdad es que planté un robusto roble inglés. Le quité la tapa a la urna de las cenizas de mi padre y él ahora está haciendo crecer robles. Mi padre me querría por ello”. Asimismo, el Rolling Stone negó su consumo de cocaína: “No tomaría cocaína a estas alturas de mi vida a no ser que quisiera cometer un suicidio”.

La otra parte afectada de esta contienda, Mark Beaumont, insistió en la veracidad de su entrevista: “Parecía bastante sincero. La historia tenía demasiados detalles como para que se la estuviera inventando”. Lo que no quedó claro es si Beaumont interpretó mal las declaraciones del músico o si prefirió conseguir un titular sensacionalista. Hay que tener en cuenta que la entrevista se realizó por teléfono, y en la publicación, el periodista indicó que Keith escuchaba a Mötorhead, cuando en realidad lo que el guitarrista le había dicho era que escuchaba a Mozart. Un simple problema de comunicación.

Después de asegurar que lo hizo y después de desmentirlo, Keith Richards todavía no había dicho la última palabra sobre el asunto y relató su propia versión de lo sucedido en su autobiografía titulada “Vida”, publicada en 2010: “Hubo titulares, editoriales, artículos sobre canibalismo, todo en el más puro y vergonzoso estilo de la indignación periodística contra los Stones. (…) También se escribieron artículos argumentando que era un comportamiento perfectamente normal que se remontaba a la Antigüedad: la ingestión de los antepasados. Daba la impresión de que se habían formado dos escuelas de pensamiento”. Y ante la duda de si lo había hecho o no, ésta fue su aclaración: “Yo, que soy un profesional y un perro viejo, me limité a decir que se había sacado la frase de contexto, sin negar ni confirmar nada. ‘La verdad del caso –le escribí a Jane Rose cuando la historia empezó a desmadrarse– es que después de haber guardado las cenizas de mi padre en una caja negra durante seis años porque no me sentía capaz de arrojarlas al viento, planté un robusto roble inglés para esparcirlas a su alrededor. Y, cuando estaba abriendo la tapa de la caja, una ligerísima nube de cenizas fue a aterrizar sobre la mesa. No podía apartarla sin más, así que la recogí con la yema del dedo y esnifé los restos. Polvo eres de padre a hijo. Ahora Bert está nutriendo a un roble, y eso le habría encantado’”.

Ahora resulta que sí que lo hizo. Eso sí, sin cocaína. Mientras realizaba nuevas entrevistas para la presentación de sus memorias, Richards seguía regocijándose en la anécdota de los restos de su progenitor y añadiendo más detalles: “No podría haberlas lanzado al aire ni montar una ceremonia. A mi padre le habría avergonzado. Lo único que me dijo mi padre es que no quería ocupar ningún terreno sobre la faz de la Tierra en el que sus huesos se descompusieran. Él prefería que lo usáramos para cultivar patatas antes que ocupar ese espacio de tierra. Los cementerios son estúpidos porque cada vez se van haciendo más grandes. Si añadían a mi padre a uno, la cosa seguiría igual. Por eso quería que le incineraran y eso es lo que hice”. Y en cuanto a las cenizas que cayeron sobre la mesa al abrir la urna, el guitarrista le quitó hierro al asunto: “Estaban en la mesa. ¿Qué iba a hacer? ¿Limpiarlas?”.

Quién sabe si en realidad sucedió o no. Quizá el viejo de Keith todavía sigue tomándole el pelo a los medios de comunicación y riéndose en la cara de los periodistas que siguen al pie de la letra la valiosa máxima atribuida a William Randolph Hearst: “No permitas que la realidad estropee un buen titular”.

Nos veremos en La Cara Oculta del Rock…

Anterior entrega de La cara oculta del rock: El suicidio de una chica americana según Tom Petty.

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