La cara oculta de las canciones: ‘White rabbit’, Jefferson Airplane «colocados» en el País de las Maravillas

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«En ‘Alicia en el País de las Maravillas’ es evidente; está literalmente colocada, demasiado grande para la habitación, mientras la oruga está fumando opio sentada en una seta psicodélica»

 

El libro que cada noche le leían sus papás antes de irse a la cama sirvió a Grace Slick para componer ‘White rabbit’, uno de los mejores ejemplos del rock psicodélico y una reflexión sobre el LSD que elevaría a Jefferson Airplane.

 

Una sección de HÉCTOR SÁNCHEZ.

 

Solo una mente como la del matemático Lewis Carroll podía ser capaz de imaginar un mundo como el que creó en su obra cumbre, “Alicia en el País de las Maravillas” (1865) y en su secuela, “A través del espejo” (1871). De ser un relato espontáneo para entretener a tres hermanas Liddell, una de ellas llamada Alice, a convertirse en uno de los clásicos de la literatura infantil. Aunque aquí, el término infantil debería ir acompañado de muchas comillas. Como a muchos otros niños, cuando era pequeña, los padres de Grace Slick le leían cuentos antes de dormir. Por supuesto, una de esas lecturas que empujaban a la niña a caer en los brazos de Morfeo eran las aventuras de Alicia atrapada en ese mundo en el que la lógica y la locura eran lo mismo. Ningún niño podría ser capaz de interpretar todas las posibles lecturas de la obra de Carroll y Grace Slick tuvo que crecer para descubrir que, entre líneas, aquel País de las Maravillas, podía ser una reflexión sobre los efectos producidos por el consumo de narcóticos: “Nos leían todas esas historias donde si tomas algún tipo de producto químico, tienes una gran aventura. En ‘Alicia en el País de las Maravillas’ es evidente; está literalmente colocada, demasiado grande para la habitación, mientras la oruga está fumando opio sentada en una seta psicodélica. En ‘El mago de Oz’, aterrizan en un campo de amapolas de opio, se levantan y ven la Ciudad Esmeralda. ¿Y ‘Peter Pan’? Espolvorea un poco de polvo blanco (cocaína) sobre tu cabeza y podrás volar”.

Precisamente, Grace Slick estaba colocada en el momento en el que puso sobre el plato de su tocadiscos un elepé de Miles Davis: “Tomé ácido y escuché el álbum de Miles Davis ‘Sketches of Spain’ durante 24 horas seguidas hasta que se me grabó en el cerebro”. Después de este viaje sin moverse del sitio, el ritmo español del álbum del trompetista rondaba la mente de la cantante. Dentro de su cabeza se estaba gestando algo con ritmo de bolero, así que se sentó frente a un piano vertical en el que faltaban ocho teclas y comenzó a dejarse llevar por lo que Miles Davis y el LSD le habían inspirado.

Para ello, tomó como punto de partida aquel inocente relato, inocente también tendría que ir entre comillas, que sus padres le contaban antes de cerrar los ojos. Alicia, el Conejo Blanco, la Oruga, el Lirón… Aquellos personajes de Lewis Carroll había imaginado en el siglo XIX pasaron a ser los protagonistas de una canción compuesta un siglo después con la que Grace Slick prendía describir los efectos producidos por el consumo de alucinógenos. Sin embargo, Slick cometió un error al confundir a dos personajes. Uno de los versos finales de la canción dice “and the Red Queen’s off with her head” (“y la Reina Roja haya acabado con su cabeza”) pero la Reina Roja no es la Reina de Corazones. La Reina Roja aparece en “A través del espejo”, mientras que la Reina de Corazones es la antagonista de “Alicia en el país de las Maravillas” y es justo la Reina de Corazones quien repite constantemente la expresión “que le corten la cabeza”. Grace Slick fusionó aquí a ambas reinas anticipándose a lo que Tim Burton haría en 2010 con el personaje interpretado por Helena Bonham Carter en la olvidable y prescindible versión de Disney de acción real.

La compositora eligió ‘White rabbit’ como título de la canción. La expresión “seguir al Conejo Blanco” se ha adoptado como metáfora en el vocabulario habitual. Tanto “Matrix” (hermanos Wachowski, 1999) como la serie de televisión “Perdidos” (2004-2010), por citar un par de ejemplos, han incorporado sus propios Conejos Blancos. Esta expresión se refiere al momento en el que se persigue a algo o a alguien sin dudarlo y, como consecuencia, esta persecución servirá de punto de giro para comenzar una aventura o hacer un descubrimiento. Y es que no todos los días se ve a un conejo con chaleco y reloj de bolsillo.

Cuando Grace Slick compuso el tema, aún formaba parte de The Great Society, banda en la que también se encontraba su por entonces marido, Jerry Slick, y su cuñado, Darby Slick. Paralelamente, Jefferson Airplane debutaba con su primer álbum de folk-rock “Jefferson Airplane takes off” (1966). En cuanto la cantante original de Jefferson Airplane, Signe Toly Anderson, abandonó el grupo, Grace Slick ocupó su lugar y la banda tomó un rumbo diferente hacia el rock psicodélico.

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El primer álbum con Slick como parte de la tripulación, y segundo del conjunto, fue “Surrealistic pillow”, publicado en 1966. El sugerente título le encantó a la cantante: “Deja la interpretación al que lo escucha. ¿Dormido o despierto en la almohada? ¿Soñando? ¿Haciendo el amor? El adjetivo ‘surrealista’ da pie a muchas interpretaciones”. Esta expresión surgió después de que Jerry Garcia, de Grateful Dead, escuchara por primera vez las cintas del álbum y exclamara: “Suena como una almohada surrealista”. Para este trabajo, Grace no solo prestó su impresionante voz y su presencia física, sino que además incorporó dos temas de su proyecto anterior: la canción ‘Somebody to love’, compuesto por Darby Slick, y, por supuesto, ‘White rabbit’.

‘White rabbit’ no pudo llegar en mejor momento, coincidiendo con el San Francisco hippie, y fue uno de los temas clave del Verano del amor del 67 y del recién estrenado rock psicodélico. La canción fue una de las primeras en hacer referencia explícita al consumo de alucinógenos en plena época de experimentación y LSD. Grace Slick no dudó a la hora de encontrar un responsable para justificar su adicción: las aventuras que Peter Pan, Dorothy o Alicia vivían en los relatos narrados por sus padres: “En todas ellas, los niños toman drogas y pueden volar o ver una Ciudad Esmeralda o experimentar con animales y personas extraordinarios… Y nuestros padres de repente nos dicen: ‘¿Por qué estáis tomando drogas?’. ¿Vosotros qué creéis?”. Una prueba fehaciente de que los libros estimulan la imaginación.

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