La cara oculta de las canciones: ‘Tie a yellow ribbon round the ole oak tree’ de Dawn, el origen de los lazos de colores

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«La canción alcanzó el puesto número uno en las listas estadounidenses en abril de 1973 y se mantuvo durante cuatro semanas. Además, en solo tres semanas, se vendieron tres millones de copias del disco»

 

Ya fuera una historia real o una leyenda popular estadounidense, la simbología de los lazos amarillos comenzó una costumbre que aún perdura y se ha extendido. Además, gracias a esta tradición, el grupo Dawn, de Tony Orlando, logró su mayor éxito con ‘Tie a yellow ribbon round the ole oak tree’.

 

Una sección de HÉCTOR SÁNCHEZ.

 

El periodista Pete Hamill publicó un bonito artículo en el diario “New York Post” titulado ‘Going home’ en octubre de 1971. En él relataba un viaje en autobús en el que unos jóvenes que viajaban hacia Florida se hacían amigos de un hombre que escondía un secreto: “Su rostro polvoriento enmascaraba su edad, vestía un sencillo traje marrón que no le quedaba bien. Sus dedos estaban manchados por cigarrillos y se mordía mucho el interior de su labio. Se sentó en completo silencio y parecía completamente inconsciente de la existencia de los demás”. Se llamaba Vingo y su aura de misterio intrigó a los jóvenes viajeros.

Cuando el autobús hizo una parada en un restaurante, Vingo fue el único no se bajó, por lo que los muchachos comenzaron a especular sobre el pasado de aquel hombre. Unos pensaban que era un capitán de barco, otros decían que había escapado de su esposa y otros, que era un soldado que regresaba a su hogar. Aquello no era más que conjeturas que los chicos hacían mientras cenaban. Para conocer quién era de verdad, no tenían más que preguntárselo al regresar al autobús. Una de las chicas le comentó que ellos viajaban a Florida y le preguntó si él iba lejos, a lo que el lacónico Vingo respondió: “No lo sé”. La conversación fue corta y después de echar un trago de la botella de vino que los jóvenes llevaban, el hombre dio las gracias y se durmió.

A la mañana siguiente, los muchachos animaron a Vingo a que les acompañara a desayunar en la siguiente parada del viaje y este accedió de forma tímida y nerviosa. De vuelta al autobús, la joven que le había intentado entrevistar por la noche se sentó con él y, finalmente, éste contó su historia. Vingo regresaba a su casa después de cumplir cuatro años de cárcel en la ciudad de Nueva York. Cuando la chica le preguntó si estaba casado, Vingo respondió: “No lo sé”. La respuesta dejó a la muchacha sorprendida y el expresidiario prosiguió con su historia: “Cuando estaba en la cárcel escribí a mi mujer. Le dije: ‘Martha, entiendo si no puedes seguir casada conmigo’. Le dije que iba a estar fuera durante mucho tiempo y que si ella no podía soportarlo, si los niños seguían haciéndole preguntas o si le dolía demasiado, ella podría olvidarme. ‘Búscate otro hombre –ella es una mujer realmente maravillosa– y olvídame’. Le dije que no tenía que escribirme ni nada y ella no lo hizo. No durante tres años medio”.

Vingo continuó su relato: “La semana pasada, cuando estaba seguro de obtener la libertad condicional, le escribí de nuevo. Le dije que si tenía un hombre nuevo, lo entendería. Pero que si no lo tenía, si ella quería que volviera, me lo hiciera saber. Vivíamos en Brunswick y hay un gran roble justo a la entrada de la ciudad. Le dije que si quería que volviera, debía atar un lazo amarillo en el árbol, y yo volvería a casa. Si no, podía olvidarse del lazo y yo lo entendería y seguiría mi propio camino”. Durante el resto del trayecto, el hombre enseñó a los viajeros fotografías de su esposa y de sus tres hijos. Cuando estaba a punto de llegar a Brunswick, los jóvenes miraron por la ventana buscado el roble, mientras Vingo se tapaba la cara por el miedo a llevarse una decepción. Los jóvenes empezaron a gritar pero él no quería mirar. Cuando finalmente el exconvicto se atrevió a echar un vistazo al viejo roble no vio un lazo amarillo atado al tronco. Vio treinta, cincuenta o cien lazos amarillos alrededor del árbol y una pancarta de bienvenida que ondeaba al viento. ¿Qué más pruebas necesitaba para saber que su llegada era bien recibida? Así que Vingo bajó del autobús tranquilo.

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El relato del antiguo preso que no sabía si su pareja le iba a esperar tras pasar varios años entre rejas fue reimpreso en la revista “Reader’s Digest”, en junio de 1972, y pocos meses después, los compositores Irwin Levine y L. Russell Brown escribieron un tema con el título ‘Tie a yellow ribbon round the ole oak tree’. Los encargados de grabar esta canción fueron Dawn, un grupo formado por el cantante Tony Orlando y las coristas Telma Hopskins y Joyce Vincent Wilson. Antes de Dawn, Orlando estaba a punto de darse por vencido en el mundo de la música después de llevar una década en él sin conseguir nada. Las mujeres también tenían experiencia previa como cantantes, ya que habían participado como coristas en varios álbumes del sello Motown (por otra parte, Telma Hopskins sería conocida más adelante por interpretar a la cuñada de Carl Winslow en la serie de televisión “Cosas de casa”). Aunque el primer álbum del grupo, “Candida”, se publicó en 1970, tuvieron que esperar tres años para lograr su mayor éxito gracias a aquella historia del expresidiario y los lazos amarillos. La canción se incluyó en el tercer trabajo del grupo, con un título como el del tema pero más corto, “Tie a yellow ribbon” (1973).

La canción alcanzó el puesto número uno en las listas estadounidenses en abril de 1973 y se mantuvo durante cuatro semanas. Además, en solo tres semanas, se vendieron tres millones de copias del disco. Cuando el tema estaba en lo más alto, Pete Hamill decidió demandar a los compositores por violar sus derechos de autor debido a que consideraba que el argumento de la canción se parecía demasiado a su artículo publicado en 1971. Irwin Levine y L. Russell Brown intentaron defenderse diciendo que habían oído esa historia mientras realizaban el servicio militar, pero Hamill no les creyó. Sin embargo, el periodista retiró la demanda cuando se demostró que existían versiones de archivo publicadas con anterioridad y muy parecidas a su historia, por lo que Pete Hamill reconoció haber escuchado esta historia de la tradición oral.

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Estos lazos amarillos formaban parte del folclore estadounidense desde hacía años. Su origen se remonta a la Guerra Civil Inglesa y fueron los colonos ingleses quienes llevaron estos lazos a América. Durante el siglo XIX, las mujeres estadounidenses que llevaban su pelo recogido con un lazo amarillo querían remarcar la fidelidad a sus parejas que se encontraban lejos, sirviendo a la caballería o en la guerra. Además, ‘She wore a yellow ribbon’ era una canción militar estadounidense que sirvió de inspiración para el western homónimo de 1949 dirigido por John Ford y protagonizado por John Wayne, titulado en España como “La legión invencible”. La película formaba parte de la “Trilogía de la caballería” de Ford, precedida por “Fort Apache” (1948) y “Río Grande” (1950). Por otro lado, en 1961, “Reader’s Digest” publicó una historia muy parecida a la que escribiría una década después Hamill pero que cambiaba el lazo amarillo por el lazo blanco como símbolo del perdón.

El lazo amarillo atado a un árbol cobró importancia durante la crisis de los rehenes en Irán entre 1979 y 1981, como símbolo de apoyo a los retenidos en la embajada de Estados Unidos en Teherán. Se volvieron a utilizar como señal de esperanza para que regresaran sanos y salvos los soldados en las guerras del Golfo (1990) y de Irak (2003), y también como crítica y reclamo para que estos soldados estuviesen de vuelta de forma inmediata. Con el tiempo han aparecido lazos de todos los colores con diferentes significados, pero no hay que olvidar que el amarillo fue el primero y que, gracias a él, Tony Orlando & Dawn lograron su momento de gloria con uno de los temas más versionados de la historia y con una canción que sería más popular que el propio grupo que la interpretó.

Anterior entrega de La cara oculta de las canciones: ‘Plaster caster’ de Kiss, y los penes del rock en yeso.

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