Kings of the wild frontier (1980), de Adam & The Ants

Autor:

OPERACIÓN RESCATE

«Trece cortes compuestos entre Adam y Pirroni en un derroche arrogante y contagioso de vanguardia experimental»

 

Para alejarnos del presente, Sara Morales recupera el segundo trabajo de los ingleses Adam & The Ants, Kings of the wild frontier, un disco que se nutrió de las bandas sonoras de Ennio Morricone y de los riffs rockabilly de Duane Eddy, entre otros manjares.

 

Adam & The Ants
Kings of the wild frontier
CBS, 1980

 

Texto: SARA MORALES.

 

«El último clavo en el ataúd del punk». Así definió el propio Adam Ant este segundo álbum de su carrera, concebido y publicado en 1980 con la nueva encarnación de sus The Ants, después de que Malcolm McLaren —siempre al acecho — se apropiara de la primera formación para fundar Bow Wow Wow.

Aquel traspiés no pudo con las ganas del músico inglés que, tras el pelotazo de su primer disco un año antes, Dirk waves white sox, ahora se disponía a abrir la mente y tomar distancia del hermetismo punk y sus tendencias antipop, para abrazar todos los géneros condecorándose adalid de la nueva ola.

Junto a su fiel Marco Pirroni, guitarrista y exmiembro de Siouxsie and the Banshees, reclutó al bajista Kevin Mooney y a dos baterías —Terry Lee Miall y Chris Hughes (futuro productor de Tears for Fears)— y se dispusieron a levantar la segunda versión de Adam & The Ants con este nuevo trabajo que terminaría conquistando el primer puesto en la lista de discos más vendidos de Reino Unido en 1981.

 

 

Trece cortes compuestos entre Adam y Pirroni en un derroche arrogante y contagioso de vanguardia experimental, que no se intimidó ante los cambios que requerían los nuevos tiempos y supo hacer de ellos su bandera. Liándose la manta a la cabeza y sin temor al riesgo, comenzaron a tirar de ocarinas, cámaras de eco, fragmentos inspirados en las bandas sonoras de John Barry y Ennio Morricone y en los riffs rockabilly de Duane Eddy, para construir unas atmósferas genuinas y peculiares que alcanzarían su máxima plenitud al añadir los efectos percusionistas de tintes exóticos por los que Adam apostó ciegamente desde que se planteara la concepción de este álbum. Detalles como los tamtams de Glitter Band, las reminiscencias de tambores africanos e incluso de bombos militaristas, terminaron de bordar un experimento sonoro que desembocó en una nueva forma de enfrentarse a la batería a golpe de platos y baquetas: el Burundi beat, que Adam & The Ants introdujeron en la cultura popular con este disco.

 

 

Canciones como «Dog eat dog», la homónima «Kings of the wild frontier» y «Antmusic» arrasaron en las listas de singles anglosajones, además de contribuir a hacer de este trabajo una oda a la modernidad romántica. Un álbum recibido por el público y la crítica con alegría, cuya sofisticación en esqueleto y estampa de piratas glam llevaron a Adam Ant a convertirse en la estrella europea que siempre había soñado.

 

 

Anterior entrega de Operación rescate: Blues on the bayou (1998), de B.B. King.

 

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