Killing Joke, cuarenta años transformando la materia

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“La trayectoria de la banda más vanguardista del último tramo del siglo XX goza de total coherencia”

 

Se lanzaron a la industria en el Londres de 1978, apostando por un post punk fronterizo, con aires a new wave y rock gótico. Cuarenta años después, celebramos la carrera de Killing Joke reconstruyendo sus pasos. Por Sara Morales.

 

Texto: SARA MORALES.

 

Su post punk fronterizo de ademanes industriales, esa nostalgia new wave de poso metálico y su condescendencia hacia el rock gótico, los catapultó al reconocimiento alternativo casi desde que pusieron el pie en la escena inglesa de finales de los años setenta. Formados en el barrio londinense de Notting Hill en 1978, se dispusieron a cocinar un estilo propio e innovador que, sin grandes aspavientos hacia los grandes géneros que habitaban el circuito musical del momento como el punk, el britpop primigenio y el rock clásico, acertó al focalizar su propuesta en una palpitante y demoledora visión personal de cada uno de ellos. Reyes de unas tinieblas asentadas en melodías y magos de los avances tecnológicos en cuanto a sonido y producción, asumieron su papel secundario —pero imprescindible— en un mercado que nunca los alzaría como protagonistas de grandes adulaciones, ni los llevaría a encabezar exitosos titulares mediáticos.

Aun así, pasados los años, Killing Joke son reconocidos como el gran referente de bandas como Metallica, Nine Inch Nails o Soundgarden; como esa influencia compositiva que encabezó en su día la vista atrás de Nirvana o Foo Fighters. Quizás por apostar por el atrevimiento en un tiempo en que, en cuanto a sonido, parecía todo descubierto, o por la salvaje voz de Jaz Coleman que todo lo altera; pero lo que está claro es que la música europea no habría sido la misma sin ellos; y el after punk tampoco, ni el synthpop.

A pesar de un paréntesis de siete años (de 1996 a 2002), en el que Coleman y el bajista Youth decidieron volcarse en grabaciones sinfónicas de grandes clásicos, la trayectoria de la banda más vanguardista del último tramo del siglo XX goza de total coherencia. Esta pasa por conservar entre sus filas, desde el inicio, al cantante Coleman y al guitarrista Geordie Walker, por ese gusto profeso hacia la transformación constante y la auto evolución que no han perdido nunca, por su alianza estética y conductual con el terror y por ser capaces de aunar subgéneros opuestos con una armonía —si es que esta es la palabra— asombrosa.

Tardes de tormentas eléctricas, ciénagas progresivas que derivan en techno, un sólida esencia punk y un amor declarado al metal y la lírica esotérica, en quince álbumes de estudio —el último de 2015, “Pylon”— y un sinfín de sencillos, que bordan la obra de un grupo tan delirante como inspirador. Aquí cinco temas para acercarnos a ellos:

 

1.’Wardance’ del sencillo “Wardance/Pssyche” (1980).

Fue el primer single de su álbum debut, de título homónimo, y les sirvió como adelanto tres meses antes. Una carta de presentación al mundo que, mientras en su tierra natal pasaba ciertamente inadvertido, en las listas americanas de Billboard conseguía posicionarse en el número 50. Canción de sonido visceral con preponderancia de guitarras y teclados, que consiste en una declaración de amor a la música y su poder de sanación popular.

 

2. ‘The wait’ de “Killing Joke” (1980).

Uno de los hits del primer álbum que, debido al ingreso del grupo en el sello Island Records a los pocos meses de comenzar su carrera, tornaría hacia matices todavía más oscurantistas en comparación con aquel sencillo de presentación. Fue junto a ‘Requiem’, el tema más aplaudido del disco, y ahonda en la alienación de la sociedad debido a fenómenos como la espiral del silencio y la vergüenza. Una canción que conquistó a Metallica, quienes decidieron realizar su propia cover en 1987.

 

3. ‘Empire song’ de “Revelations” (1982).

Perteneciente a su tercer álbum, “Revelations”, deja patente el gusto y la afición del líder Coleman por el ocultismo. De hecho, durante este tiempo y obsesionado con la obra de Aleister Crowley, se mudó a Islandia para asistir a un supuesto apocalipsis. La composición alcanzó el número 43 en la lista de singles del Reino Unido y, cuando logró ganarse un sitio para ser presentada en el programa Top of the Pops, fue el batería Paul Ferguson quien debió ponerle voz ante la huida de Coleman por aquella predicción fallida.

 

4. ‘Eighties’ de “Night time” (1985).

“Años ochenta! Estoy viviendo en los años ochenta / tengo que empujar, tengo que luchar / salir de mi camino, yo no estoy en venta no / kamikaze, vamos hasta que lleguemos allí” canta esta canción de su quinto álbum, uno de los mejor acogidos en la carrera del grupo. Grabado en Berlín el año anterior, en él se lanzaron a experimentar con su sonido jugando con la electrónica y unos, todavía más punzantes, teclados que los adentraron en tierras más góticas. El tema en cuestión se vio envuelto en una polémica en los años 90 por un caso de supuesto plagio por parte de Nirvana, al contener su canción ‘Come as you are’ un riff muy parecido a este ‘Eighties’.

 

5. ‘Exorcism’ de “Pandemonium” (1994).

Con una mayor predisposición estos años por la senda metalera, volvieron a ganarse el favor del público y de la industria, gracias a este álbum y al single superventas, ‘Exorcism’.  Fue lanzado en varias versiones y remixes como un imprescindible del cosmos industrial del momento. La prensa musical de aquellos noventa la definieron como una canción señorial, cruel, explosiva, furiosa y feroz.

 

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