Juan Aguirre: Amaral rompe su silencio

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EntrevistaJuan Aguirre. Amaral rompe su silencioHace más de un año que no sabemos de Amaral, se supone que estaban encerrados grabando un nuevo disco… En esta entrevista, la primera que ofrecen en este tiempo, Juan Aguirre reflexiona sobre el pasado y el futuro de un grupo que comenzó tocando en garitos y en poco tiempo se transformó en un fenómeno de ventas.

 

 

Texto: JUAN PUCHADES.

 


Anoche Eva Amaral y Juan Aguirre ofrecieron su primer concierto en muchos meses y fue, como en los primeros tiempos de su carrera en Madrid, en La Boca del Lobo. En esta ocasión se trataba de un show íntimo dentro del ciclo Canciones desnudas que la sala, junto a Diego A. Manrique y Radio Nacional, llevan adelante. En realidad, son originales programas de radio, con Diego entrevistando y el grupo tocando en directo canciones relacionadas con el cuestionario periodístico. Una delicia tener la oportunidad de ver a Amaral en este formato semiacústico (las guitarras de Juan ponían electricidad). La familia Amaral acabará la noche cenando de madrugada en un restaurante cercano e invitándome a unirme a ellos.

A la mañana siguiente he quedado con Juan para la primera entrevista que van a ofrecer en mucho tiempo y que ellos mismos han decidido sea para EFE EME, medio amigo desde los primeros tiempos: su primer álbum se publicó un mes antes que el número uno de la revista, y fuimos de los primeros en dedicarles una portada, poco antes de que su éxito fuera masivo. Juan y Eva quieren romper un silencio que dura alrededor de un año, hablar del punto en el que están, de la vorágine de los últimos años y de ese próximo disco que tienen que grabar en el mes de noviembre. Pero sólo hablará Juan. Eva, por el momento, prefiere mantenerse en un segundo plano: para ella los últimos meses –tras el repentino fallecimiento de su madre– no han sido fáciles, así que su socio y amigo toma esta vez las riendas y ejerce de portavoz.

Un espléndido sol otoñal, de esos que sólo se ven en Madrid, calienta la esquina de la Plaza de Santa de Ana donde nos hemos citado. En una tranquila cafetería cercana nos aposentamos pertrechados de té, Coca-cola y grabadora. Por una vez, y dado lo peculiar del encuentro, sin novedad discográfica de por medio, el periodista no ha preparado el habitual cuestionario. Mejor enfocar la entrevista como una charla improvisada y ver por dónde deriva. Mientras comenzamos a hablar, pulso “rec”.

“El último concierto como tal fue en el Palacio de Deportes de Madrid, y fue cuando tomamos la decisión de que teníamos que parar. Fue un concierto multitudinario y nos dimos cuenta de que necesitábamos cambiar ya de actividad, que llevábamos demasiados años encadenando disco-gira-disco-gira. Yo lo notaba en Eva, tampoco habíamos hablado del tema, pero vi claramente que necesitaba parar y lo empezamos a plantear después de ese concierto, pese a que había un montón de peticiones a nuestra oficina para girar. 2005 había sido muy denso de conciertos y 2006 lo iba a ser todavía más porque el disco seguía y seguía creciendo. La verdad es que hemos sido muy afortunados a ese nivel. Pero nos dimos cuenta que nos habíamos convertido en una especie de Titanic al que era muy difícil cambiar el rumbo. Creo que fue una decisión adecuada de los dos. Disolvimos la banda de directo, porque sabíamos que íbamos a tardar mucho tiempo en volver a salir de gira y queríamos refugiarnos en componer, ir al cine, en hacer vida normal, o para dentro.”

¿Se nota mucha presión cuando uno está metido en las grandes giras en las que os habéis estado moviendo?
No, disfrutamos, básicamente. Nos encanta viajar y nos pasaríamos la vida de gira porque tenemos vocación de errantes. Y sentir el ampli detrás, la banda y al público es lo más grande que te puede pasar. Lo que sucedía es que teníamos muchas ideas de nuevas canciones y de sonido que nos urgía desarrollar y sabíamos que para eso necesitábamos una cierta privacidad.

¿Fuisteis componiendo en ese tiempo?
Componemos mucho siempre. Muchas veces no lo llegas a acabar, porque también somos muy dispersos, a veces Eva graba cosas en el móvil o en una grabadora pequeña, o apuntas cosas en una servilleta. Luego, en casa, te das cuenta que en la carpeta donde pone “nuevas canciones” hay un montón de ideas que te gustaría desarrollar. También hablábamos los dos mucho de música y veíamos un poco hacia dónde queríamos ir o qué cosas ya no queríamos hacer. Y nos urgía un cambio, pero por una cuestión de ser felices, porque en un momento dado creo que estábamos arriba y nos sentíamos solos. Sentíamos que mucha gente nos podía ver no como una banda sino como especie de fábrica de facturar…

De espectáculo.
Sí.

¿Sabéis que mucha gente, por el éxito que habéis alcanzado, duda de vuestra autenticidad. Y digo autenticidad entrecomillas porque a ver quién es el listo que mide la autenticidad ajena?
Creo que menos de lo que se debiera dudar… Me explico… Esto es una tontería que acabo de decir. Pienso que lo normal es que lo que triunfa a niveles masivos genere desconfianza, pero me parece que no hemos generado una desconfianza pareja al grado de repercusión masiva. No sé muy bien por qué, imagino que en el fondo están las canciones. Y que tampoco somos el grupo más obvio del mundo. Viniendo los dos del rock and roll, sobre todo Eva, no hemos facturado un sonido de rock and roll de género nunca, al contrario, siempre quisimos desmarcarnos de las tendencias predominantes. Anoche se lo contábamos a Diego [se refiere a la entrevista-concierto], fíjate que cuando vinimos a Madrid por un lado estaba el movimiento cantautor a saco, por otro estaba el movimiento indie, la tendencia electrónica, el post-grunge y el rock fuerte y nosotros, de pronto, nos refugiamos en las Ricks [las guitarras Rickenbacker] de doce cuerdas. En aquella época, cuando nos preguntaban cómo definíamos a Amaral, siempre decíamos que no éramos un grupo de pop, que éramos la mezcla de una tía que de natural viene del rock and roll, con un tío que toca folk. Porque a mí me pasó eso, tuve una época en la que con mi primera banda [Días de Vino y Rosas] tuvimos una experiencia bastante desastrosa con RCA y me quedé muy desmotivado, así que me refugié en música antigua, dejé de oír mucha música pop y rock y para mí fue como una evasión, me creé un mundo personal escuchando a Fairport Convention… Pasé de los Who a los Byrds en un año. A una forma de tocar que es mucho más suave, aparentemente. Me empecé a interesar por ese tipo de mundo y no me podía imaginar que me iba a llevar tan lejos y que iba a ser parte del sonido de Amaral. También soy muy inconstante si no tengo alguien que me empuje; recuerdo un concierto de Alan Stivell, Eva y yo en primera fila viendo a Alan tocar el arpa, nos quedamos alucinados. Y siempre queríamos huir del tópico del rock and roll, aunque nos gusta verlo en bandas amigas. Por todos esos ingredientes no se ha dudado demasiado de nuestra autenticidad, que es un término que me da…

Lo decía con muchas comillas. Porque tiene esas referencias tan horribles de los 80 y los 90… que daba mucho miedo.
Sí, exactamente, porque hay veces que te gusta… Recuerdo que cuando escribimos la canción “Estrella de mar”, quisimos torpedear el concepto de autenticidad metiéndole una base house, pero cuando escribimos la canción estaba muy inspirada en Jacques Brel, en la canción francesa. Era como muy íntima, incluso Eva la había cantado en su octava grave, todavía tengo la maqueta. Y cuando la teníamos terminada, Eva llegó y empezó a jugar metiendo un sampler y acabamos haciendo una cosa que terminó siendo lo contrario a lo que en esencia es la canción. Pero para nosotros no es lo opuesto, pasó de ser una canción que podía estar en el mundo de Tim Buckley o de gente así a ser una canción que podía parecer, entre comillas, “petarda”. Y nos gustaba desconcertar. Teníamos un amigo inglés que nos decía, “chicos, montáis demasiados caballos”. Una frase muy buena, porque él venía de pasar mucho tiempo en Norteamérica y allí los discos son como muy de género. Nosotros reivindicamos el derecho de saltar, de saltar siendo nosotros mismos y con la misma validez. El tiempo dirá si fuimos auténticos o no. Mantener tu autenticidad es un reto contigo mismo. A mí me chocó aquella versión de “Estrella de mar” y Eva me decía que era interesante que me chocara porque no estaba tocando lo que se esperaba que tocáramos, y más después del segundo disco, que era tan introspectivo.

¿Durante estos últimos meses, qué tipo de canciones habéis estado trabajando?
Hemos escrito de todo, hay mucho material y eso ahora mismo es un problema. Los dos siempre hemos escrito mucho, y luego, también, mucho de ese material que se nos ocurre por separado ha pasado al ensayo diario. Así que tenemos muchas canciones, muchas ideas de canciones y algunas versiones de las ideas. Ahora estamos acabando las estructuras de algunas de las canciones y tenemos que empezar a ver qué tipo de disco hacemos. Lo hemos pasado muy bien.

¿Pero tenéis claro hacia dónde va a ir el sonido: porque vosotros que, creo que acertadamente, os definíais como un grupo de folk-rock, habéis metido mucha electrónica en los discos?
Y cuerdas.

Sí, pero las cuerdas pueden estar más próximas al folk-rock.
Exacto. Creo que vamos a intentar hacer discos un poco más parcos. Eva un día me dijo que quería oír la guitarra como la oye en directo, más alta y más grande, entonces pensamos en comenzar a trabajar las canciones con ese presupuesto, con su guitarra, con la mía. Nos hicimos también con un bajo y llevamos un año trabajando con un bajo, que es muy interesante, y Eva va a volver a tocar la batería. La idea es poder tener autonomía y entre los dos ser una banda de cuatro personas, el típico cuarteto de rock de trío más cantante.

¿Veremos a Eva en directo detrás de la batería?
Ha tocado ya en algún final de canción. No lo sé. Pero ella era una baterista muy agresiva, yo la primera vez que la vi tocar en Zaragoza, mucho antes de que Amaral existiera como proyecto, era muy potente, y muy visual: una tía muy tímida, que miraba para abajo, con el pelo por la cara y con una actitud bastante punky.

Ayer Manrique apuntaba un poco esta línea: que el último disco ha durado mucho, han salido muchos singles. ¿Sentís algún tipo de presión porque un disco tiene que durar mucho y no os dejan sacar otro… o es todo lo contrario?
En honor a la verdad, la compañía no nos ha marcado nunca fechas ni ningún tipo de límite. Hombre, no les hemos pedido todavía que el disco lo queremos grabar en Júpiter y mezclarlo en Venus, pero dentro de lo razonable hemos tenido mucha suerte. Siempre hemos tenido cerca gente que entendía al grupo y si no, pues nos hacíamos entender. Somos un grupo cómodo con el que trabajar porque normalmente les damos las cosas muy hechas. Y ahora que está tan de moda despotricar contra las compañías, tengo que decir que siempre hemos grabado lo que hemos querido y con quien hemos querido. Los errores y aciertos de los discos son exclusivamente nuestros. Los errores muchas veces se deben más a nosotros y hay muchos aciertos que se deben a nuestros colaboradores, a la gente con la que trabajamos. Siempre hemos sacado los discos cuando los hemos tenido y cuando sentíamos que los teníamos que sacar.

Es decir, marcáis vosotros vuestro propio tiempo.
Sí, completamente.

Pero esa es una libertad que dan las ventas, ¿no?
Sí, pero cuando no vendíamos también la teníamos. Creo que como tampoco nadie esperaba que fuésemos a “petar” tanto, pues estábamos en un cómodo lugar, el de un grupo que suena fácil: pones los micros y ya sonamos. Estábamos en el centro de Madrid, con lo cual teníamos una relación muy directa con la compañía, no era una cosa de pedir audiencia. Hay que pensar que cuando nosotros empezamos, Virgin tenía a Chucho, a Drexler, nosotros sentíamos que estábamos en una independiente que tenía un poco más de estructura o de red ya establecida. No creo que las compañías manipulen porque sí. Me he encontrado a muchos chavales que vienen a vernos después de los conciertos y te dicen que tienen un grupo y que no saben si la compañía les quitará o les pondrá esto o aquello. Y yo les digo que las cosas, a veces, desde fuera, y Eva y yo también lo veíamos así, parecen un mundo raro, distante y extraño donde se fabrican las cosas de forma muy calculada y quiero romper ese mito, porque yo no lo he visto, sinceramente. Creo que se manipula a quien se deja. Respondiendo a tu pregunta, a mí me alucinan los Beatles, que en un periodo tan corto de tiempo publicaban Revolver y Rubber soul, y eran increíbles, creo que es porque tenían a su disposición Abbey Road las 48 horas del día, porque en el fondo cuando planeas una grabación la tienes que preparar, contactas con un ingeniero que te gusta, que esté libre…

Hablas de los Beatles, pero además del estudio tenían a su completa disposición al productor, George Martin, y a un ingeniero.
Totalmente, y además ellos eran multifuncionales, lo mismo Paul podía tocar la guitarra en un tema o la batería o George componía… Yo soy muy fan de las canciones de Harrison. Creo que va más por cómo se prepara la infraestructura de un disco que por los plazos. Nosotros podíamos haber grabado más discos y creo que ahora vamos a tener otro ritmo porque hemos conseguido el sueño de tener nuestro propio lugar de grabación, nuestro propio estudio.

En nueve años lleváis cuatro discos.
Sí, que tampoco es demasiado. Pero influye que hemos hecho giras largas, porque, por ejemplo, con el primer disco nos recorrimos prácticamente todo el país, tocamos mucho con banda, pero es que tocamos tres veces más Eva y yo solos. Hemos tocado en sitios donde se rompían los altavoces y salíamos en medio del bar y cantábamos a capella, con la gente en silencio. Aquí en Madrid, por ejemplo, teníamos sitios donde tocábamos todas las semanas. La prioridad entonces no era grabar, de hecho, antes de grabar el disco vimos un concierto de Elliott Murphy, que llevaba sin grabar mucho tiempo y decíamos “a lo mejor podemos dedicarnos a tocar, sin grabar disco”. Luego nos dimos cuenta que necesitábamos tener algo para seguir tocando, porque al principio fuimos una banda que aspiraba a tocar y a viajar. Y además no a tocar solo, sino a viajar. Salimos de Zaragoza, llegamos a Madrid y dijimos “no nos vamos a quedar en Madrid”. Tengo algunos amigos músicos a los que no les gusta viajar, pero Eva y yo hemos coincidido en que nos encanta viajar. A lo mejor a eso se debe el que no hayamos hecho discos más seguidos. Pero esa es una dinámica que puede cambiar. Volviendo a que los discos se estiran, al final van y ponen canciones que tú ni pensabas que iban a sacar… ¿Porque qué es un single? Eva y yo pensamos que “Sin ti no soy nada” era demasiado amarga y demasiado triste para gustarle a todo el mundo, pensábamos que canciones como “Moriría por vos” eran, entre comillas, comerciales. “Sin ti no soy nada” era una canción de sentimientos extremos y las canciones de sentimientos extremos no suelen ser para la mayoría y, sin embargo, nos sorprendió. Hay mucho de casualidad en todo lo que nos ha pasado.


EL PRÓXIMO DISCO

Antes he desviado la conversación, decías que teníais mucho material y que eso era un problema.
Es un problema relativo. Son muchas las canciones que tenemos. Hay algunas que tienes una estrofa que te encanta y que no quieres ni tocarla porque sabes que el día que la toquemos los dos con dos acústicas va a surgir el cambio que necesita. Hacemos mucho eso, cuando tocamos los dos es como que tocamos una parte que ya está e improvisamos, es como hacer una jam… Ahora, incluso, lo que hacemos es poner un micro en el centro y nos olvidamos de que eso se está grabando. Luego escuchamos y vemos que hay un germen.

¿Pero tenéis más o menos claras las canciones que van a ir al disco?

Sí, en agosto grabamos catorce canciones que podrían ir todas.

¿Grabadas en maqueta?
Sí, grabadas con un par de micros a la batería, yo tocando el bajo, Eva tocando la guitarra y cantando, y luego metimos una pista más de guitarra eléctrica. Con acoples, mal de sonido… Pero algunas cosas están bien y podrían ir al disco. Son catorce canciones, de algunas estamos rematando los textos, pero son canciones terminadas. Luego decidimos trabajar en una lista de ocho más y cuando las tengamos acabadas, terminaremos otras tantas y veremos qué hacemos con todo eso.

¿Quién será el productor?
No lo tenemos claro. Puede que intervenga más de una persona. Igual hay canciones producidas directamente por nosotros, otras coproducidas con alguien, el disco lo puede mezclar otra persona… Lo que sí tenemos claro es cómo queremos que suene. Estas catorce canciones las hicimos con Scott Litt, es un tío que vive en Los Ángeles, grabó el Unplugged de Nirvana, algunos discos de R.E.M. [en realidad, los mejores discos de R.E.M.].

¿Estuvo aquí trabajando con vosotros?
Sí, en principio iba a ser en julio, pero Eva necesitaba recuperarse y estar un poco más arriba, así que lo aplazamos a agosto. Estuvimos las dos primeras semanas de agosto recluidos… Mira, esto es de Scott, esto lo produjo él… [justo en este instante ha comenzado a sonar en la cafetería una canción de R.E.M.]

Es el destino.
Qué curioso… Estuvimos en un estudio chiquitillo. Llamamos a Scott porque llevábamos cuatro discos sin recibir opiniones de fuera.

Perdona, esto es un sonido muy natural [en referencia a R.E.M. y la canción que estamos escuchando].
Sí, es una banda tocando con un poco de Hammond, mandolina… Si te das cuenta, no hay mucha electrónica. Dijimos, por qué no llamamos a un tío que venga y tocamos las canciones con él y hacemos un equipo y que el tío nos de una visión, pero no ya para mezclarlo o para ser el ingeniero o para hacer arreglos, que los arreglos generalmente los hacemos Eva y yo. Le escribimos, nos dijo que estaba muy liado, se le envió material nuestro y respondió que entendía por dónde íbamos estilísticamente, y pidió canciones nuevas. Le enviamos un par, grabadas en mi casa con una caja de ritmos, el bajo, un par de guitarras y la voz de Eva, y después de eso nos propuso que nos viéramos un par de semanas en Madrid. La idea era ver un par de canciones, pero hicimos catorce. En un estudio profesional, chiquitín. Era la primera vez que alguien opinaba: esa parte mola mucho, nos decía “por qué no la repetís o la guitarra por qué no entra más tarde”, una serie de cosas que veíamos que iban en la dirección de dejar más espacio. De buscar un sonido, quizás, más desnudo. Fue una experiencia muy divertida.

¿Cómo es el encuentro con un tipo de estos: baja del avión y “hola, qué tal, vamos a hacer unas canciones…”?
El primer día nos reunimos en un café al lado de mi casa, hablamos de qué le apetecía hacer, venía con bastante “jet lag” y dijo que le gustaría ver dónde íbamos a currar, fuimos a ver el estudio. Que nosotros buscamos un estudio que fuera algo “amateur”, que pareciera un local de ensayo más que un estudio. Vino a mi casa, le enseñé el equipo con el que habíamos grabado, fuimos al estudio, nos encontramos con Eva, nos fuimos a cenar, hablamos mucho de música, él es un fan absoluto de mucha gente a la que nosotros adoramos, como Roy Orbison o Del Shannon. Nos dijo que había una parte nuestra que se le escapaba y que no creía que debiéramos hacer un disco excesivamente americano.

¿Qué parte era la que se le escapaba?
La más netamente hispana. Él tenía mucha curiosidad, por ejemplo, por ir a ver flamenco. Además de ver un partido del Real Madrid. Le llevamos a los Jardines de Sabatini a ver flamenco, y a un partido.

¿Ese material producido por él lo consideráis maqueta o aprovechable para el disco?
No nos hemos parado todavía a considerarlo. Pero creo que si hubiera que hacerlo, diría que son maquetas producidas por Scott.

¿Maquetas que habría que volver a grabar con él?
Habría que volver a grabarlas, pero no sé si con él. Su trabajo, su genio, su talento y su visión de las canciones está, aunque lo grabemos nosotros en Madrid o en Londres con Cameron [Jenkins, productor de los últimos discos de Amaral], ese trabajo está hecho. Por ejemplo, hay una canción que hemos hecho con José María Rosillo, que aparte de ser un tío muy talentoso es vecino de Eva, y es una de las canciones que grabamos con Scott con batería y que con Rosillo la hemos hecho en acústico y que creo que va a ir al disco tal cual se ha grabado. Se mezcló en Red Led [un estudio madrileño]. Quizás parte del material de agosto conviva con esta canción y con lo que grabemos. Porque es verdad que todo tiene una unidad. Pero no tenemos idea de adónde vamos a mezclar, con quién vamos a seguir grabando los temas… Ahora lo prioritario es acabar todas estas canciones. Teníamos muchas ganas de tocar en directo antes de entrar al estudio, así que Eva se fue a tocar con Jaime Urrutia a la Mercé hace unos días, estuvimos con Deluxe en el BAM, teníamos la idea de hacer una minigira con las canciones nuevas pero retrasaría demasiado el disco. Y vamos a centrarnos en grabar porque hay algunas canciones que ya piden ser grabadas.

¿Podría pasar que por darle mucho tiempo a una canción en la cocina, cuando llegue el momento de grabar uno ya esté harto de esa canción?

Podría pasar, pero es que no están demasiado cocinadas. Las hemos tocado dos veces y tienen la frescura de la primera toma, a veces incluso con los textos bailando de una versión a otra. Vamos a acabar esta tanda y entraremos al estudio.

Ayer me decías que esta vez pensáis grabar en España.
Sí, porque vamos a grabar muchas canciones y nos apetece estar en un sitio más cómodo y poder desconectar. Eso sí, una vez esté grabado iremos al sitio más adecuado para mezclar. Incluso si hay que regrabar algo.

¿Vais a grabar con músicos de aquí o vais a tocar sólo Eva y tú?

No lo tenemos decidido, porque al mismo tiempo estamos reuniendo una banda nueva que será la que venga en directo. Todo esto estará decidido cuando esté acabado nuestro estudio.

¿En qué punto está?
Están terminando de insonorizarlo. En cuanto movamos ahí los amplis y las guitarras creo que lo veremos todo mucho más claro.

¿Va a ser un estudio profesional?

Queremos hacer un disco donde las guitarras se puedan grabar tan bien como se grabarían en el estudio más mítico.

Hace tiempo que teníais la idea de tener vuestro propio estudio.
Sí, porque siempre hemos entendido que el estudio es un instrumento. Es importante que cuando tengamos una canción la podamos grabar los dos solos, tocando la batería, sin programar nada, tocando un bajo grande y poniendo los amplis. Eso sólo lo puedes hacer ahí. No puedes grabar en tu casa en el centro de Madrid con un ampli al 7, o Eva no puede tocar la batería. Eso nos va a dar muchas posibilidades de grabar sin que haya que preparar una infraestructura increíble, es llegar, le das a un botón y ya lo tienes todo listo. Esto es inminente, y a partir de ahí es cuando vamos a empezar a grabar el disco. El dato que sí te puedo dar es que va a estar muy centrado en las canciones y las guitarras. Canciones, más guitarras y energía.

¿Y menos electrónica?

Creo que no mucha.

¿Cómo entrasteis en la electrónica?
Creo que era una cosa de reacción contra ti mismo. Cuando teníamos una canción en la maqueta todo lo hacíamos de la forma más inmediata, con guitarras, y luego era “¿y si esta guitarra la sustituimos por no sé qué?”. Por ejemplo, en “Una pequeña parte del mundo” sustituimos guitarras por Rhodes y por Wurlitzer, porque nos gustaban mucho las atmósferas del Berlin de Lou Reed. Ese tipo de sonido como nocturno. En el siguiente sustituimos guitarras por sintetizadores, también lo hacíamos con cuerdas: Eva hacía una línea y yo la seguía con la guitarra y luego pensábamos que podíamos meter en lugar de la guitarra una orquesta, y así íbamos sustituyendo partes de guitarra por otros instrumentos, pero porque creo que veníamos de tocar tanto las guitarras que nos molaba buscar otras cosas. Pero ahora, Eva me decía “para mí, la esencia de lo que somos son tus amplis, tus guitarras, la voz, los coros y las canciones”. Eva es una tía que cuando trabajas con ella tiene la virtud de estimularte, nunca se queda contenta, te hace crecer. Hay gente que estimula sin querer, sólo con la presencia o la manera de cantar. Ella me decía que podía ser muy interesante oír un timbre de voz de tío, como coros de su voz. Porque normalmente es al revés, los coros son de chicas. Curiosamente, las voces más graves en Amaral son coros, no al revés. Ayer, por ejemplo, estuvimos ensayando bastante con coros. Ella ha tenido la idea de buscar nuestra esencia, lo digo, por conversaciones de viaje, ella estaba muy preocupada y me decía “quiero oír tu guitarra como la oigo en directo”, y yo le decía “pues apliquemos la tecnología para grabar sonidos de guitarra grandes”. Me parece un reto muy bonito.

Viendo el concierto de anoche, se aprecian dos cosas, una es lo bien que sonáis en acústico y luego que creo que es así donde se ve la verdadera validez de una canción: en dejarla en pelotas y que aguante. Porque estamos acostumbrados a las canciones muy vestidas. Y creo que vuestras canciones aguantan muy bien desnudas.
No somos conscientes de eso: ayer estaba tocando una canción del primer disco que hacía tiempo que no tocábamos y me resultó bastante actual, como que había aguantado muy bien el paso del tiempo. Y cuando estaba haciendo la guitarra rítmica, así muy crudamente, estaba viendo las cosas que grabé por encima, eso es una deformación. Eso lo puedes decir tú más.

No, pero, por ejemplo, estoy convencido que Orbison, que siempre iba con un gran aparataje detrás, sus canciones aguantarían muy bien sólo con una guitarra.
Seguro. “Only the lonly”. Ahora que hablas de Orbison, tú te sientes capaz de hacer eso con una guitarra cuando tienes un cantante al lado al que no hay que apoyar excesivamente. A mí con Eva me pasa eso. Con Eva y con Xoel [Deluxe], con el que tenemos muchos puntos en común, hacíamos una broma porque Eva siempre dice que yo cante más. Y una vez hicimos una versión de “Bienvenido al final”, de Deluxe, y la canté yo porque es una canción con la que me identifico mucho y yo les decía “tíos, es que cuando yo canto la gente puede decir, cómo mola esa letra y cuando vosotros cantáis, la gente dice qué pasada”, porque los dos cantan increíble. A veces una voz tan apabullante y tan brutal como esa puede encubrir ciertas cosas. En este disco que viene hay muchas canciones que exceden el formato de canción rock, que la letra excede lo que se espera de una letra, y excede lo digo con comillas. Y tenemos dos caminos, o desnudarla mucho o a lo mejor darle una caña tal de rock atemporal que haga que esa letra destaque. A mí, como músico o como guitarrista, me preocupa más que la gente capte… no interferir con lo que la letra debería comunicar al público. Estoy muy obsesionado con eso, más que con hacer un solo brillante, que me parece más accesorio o secundario.

Comentabais ayer que vuestro proceso de composición sigue siendo a dúo: una letra puede ser de uno o de otro, o la puede arrancar uno y completarla el otro… y las músicas lo mismo.

Sí, así es. Con las músicas, por ejemplo, a veces sucede que justo antes de grabar Eva me propone algún cambio de acorde o yo se lo propongo a ella. Para el próximo disco, hay una canción que Eva me envió a casa en mp3, ella la grabó en su casa en un viejo ocho pistas: percusión, voz, acústicas, eléctricas… Y luego hemos intentado mejorarla, pero era muy difícil superar su versión. De hecho, la abrimos en las sesiones de agosto e intentamos Sott y yo, delante de ella, darle un giro y al final decíamos “tu demo es la versión”. Así que nos limitamos a grabar una versión exactamente igual pero con mejor sonido.

¿Las sesiones con Scott han sido provechosas?
Sí, muchísimo. Ha sido como aprender a quitar cosas y a quedarte con lo esencial, un camino que nosotros apuntábamos en este disco, pero él ha sido como que ha venido y ha tirado. Y así consigues que todo suena más grande.

Antes decías que tampoco sabéis si en la grabación final estará el que ha sido vuestro productor e ingeniero habitual en los últimos discos, Cameron Jenkins.
Todavía no lo sabemos porque antes preferimos ver el retrato del disco, incluso el orden de las canciones y una idea de portada. Siempre lo hemos hecho así y luego decidimos dónde vamos a hacerlo y con quién.

¿Estáis barajando fechas para grabar?

Bueno, esta tarde mismo nos juntamos a currar y en noviembre nos gustaría estar grabando.

Será un disco para 2008.
Sí, para primeros de año. Nos gusta trabajar los discos en invierno. Ahora estamos muy contentos y muy excitados.

Anoche me decías que tienes mono de escenario.
Los dos tenemos mono de escenario. Estuve viendo el concierto de Jaime en la Mercé, y Eva salió como un “geisher”. Y eso mola, que cuando salgas sea como el caballo de Atila. Porque repetir y repetir y estar sólo por el dinero es algo que siempre hay que evitar.

¿En vuestras cabezas está el intentar repetir el éxito del disco anterior, la presión de que quizás no lleguéis al mismo nivel de ventas?
Vamos a ver, yo creo que nos gusta vender discos. Si alguien dice que no… a todo el mundo le gusta llegar a la gente. Pero hemos ido eliminando ideas que podían recordar a éxitos anteriores. No digo que seamos químicamente puros, pero es que es muy aburrido, no te compensa… tratar de hacer “El universo sobre mí 2” no te va a salir, porque responde a una situación diferente. Además no tendría sentido tratar de hacerlo. Y si uno vive, no pasa dos veces por la misma situación.

Pero, me temo, si vosotros tuvierais que volver a tocar en los garitos, seríais igual de felices…
Sí, seguro. De hecho nos lo hemos planteado. El problema de los garitos es que tenemos un peligro: somos muy dispersos, nos gustan muchas cosas y cosas muy diferentes: el folk, el punk, el rock, la música electrónica. A Eva le gusta escribir, esculpir y le gusta muchísimo leer. Tenemos que centrarnos y decir “en vez de obtener el placer inmediato de tocar dentro de cinco días en La Boca del Lobo, vamos a terminar todas estas canciones”.

¿Un teatro puede sustituir el espíritu del garito?
No, el garito es insustituible. El garito ha sido una escuela increíble. También tengo un problema y es que tiendo a idealizar las cosas, el camino andado… Y tiendo a idealizar la época de Madrid de los garitos, o de tocar en Paladium con Aidan Bartley, las primeras salidas de Zaragoza… Aunque también había momentos duros, había sitios donde no te pagaban, porque hay gente que se lo plantea de una forma muy legal, como Javi [Alimaña], de La Boca del Lobo, que es un tío que está muy orgulloso de ofrecerle a la gente algo más que copas. Y luego hay gente que no tiene el mismo cariño hacia el artista que está ahí, sea el cuentacuentos o el poeta que va a recitar. Por eso, como en todo, está la cara y la cruz.

¿Se disfruta lo mismo el gran espacio, el pabellón o la plaza de toros?
Sí, pero ahí tienes que tener mucha confianza en tu equipo, tienes que saber que el sonidista tiene un compromiso estético contigo y en ese sentido Miguel [el técnico de sonido de Amaral] es tan importante como nosotros en el escenario, lo que pasa es que la gente no lo ve. Somos muy obsesivos de que la gente nos escuche bien, de que suene potente y definido y a veces sufres porque hay sitios en este país que no están muy preparados para un concierto de rock, pero lo disfrutamos. Es una energía que no sé definir. Realmente, somos muy afortunados por el hecho de poder salir de gira.

Con mucha rapidez también habéis saltado al otro lado del charco.

Sí, pero fue por curiosidad y por ser viajeros, la primera vez que actuamos en Argentina fue en el Quilmes, éramos el único grupo no argentino y tocamos entre Spinetta y Divididos, y tocamos los dos solos con el Vox y la Telecaster de un amigo nuestro, Sebas Rubin [el Sebas de la canción], lo pusimos todo a tope. Desde ese concierto, no hay un año en que no hayamos ido a Argentina. Cada vez hemos tocado en sitios más grandes, es un público increíble. En Chile, igual. En Uruguay tocamos con Jorge Drexler en un estadio. En México, lo mismo. Estados Unidos nos motiva menos, es un contrasentido porque conocemos más su música, pero Miami y tal nos motivaba menos, Los Ángeles nos da mejor onda.

Juan, se ha roto el silencio de este año…

Sí, debíamos una explicación de este silencio, pero era necesario. Hemos intentado marcar nuestro ritmo y no hacer las cosas por inercia. Si no vuelves a recuperar la ilusión de cuando haces las cosas por primera vez no tiene sentido esto. Eva ha tenido un año duro en lo personal, porque ha perdido a su madre y ha sido como un tocar fondo y, bueno, ella todavía necesitaba guardar un poco más de silencio. Esto ocurre porque intentamos hacer las cosas poniendo bastante corazón en ellas, no vas a cantar con un amigo porque te lo pida, a mí me consta que si Eva va a cantar con Jaime [Urrutia] lo va a hacer como si fuera un concierto suyo. Entre otras cosas porque es una gran fan de Jaime y de su manera de escribir y es por eso por lo que a veces dices, bueno, voy a hablar cuando necesite hacerlo y no por la inercia de que el último disco nos colocó en la rueda.

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