Javier Vargas: Aventuras al lado de Bogert y Appice

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«La máquina ha engullido al ser humano, cada vez más. Trato de escapar de la máquina, trato de ser más humano»

Javier Vargas se ha unido a los legendarios Carmine Appice y Tim Bogert para, junto al vocalista Paul Shortino, recrearse en el rock con energía. Chema Domínguez lo entrevista.

 

 

Texto: CHEMA DOMÍNGUEZ.

 

 

Javier Vargas acaba de agrandar, una vez más, su trayectoria al unir fuerzas con Tim Bogert y Carmine Appice, y con decir Vanilla Fudge o Jeff Beck es suficiente para situarles. La guinda y la voz la encontramos en las cuerdas vocales de Paul Shortino. En su unión, han optado por un sonido rockero, potente, muy sanguíneo, para versionar a Deep Purple, AC/DC o Rod Stewart, entre otros. Escúchenlo, sin más, y decidan el calificativo mejor. Además, han diseñado una «caja mágica» por diseño y contenido. Aparte de las canciones que han motivado esta aventura, hay un DVD sobre la grabación, más los vídeos correspondientes y un CD con fantásticos registros de la gira del 2010 de la Vargas Blues Band, bajo el título de «Live ware».

Hablar con Javier es siempre algo que te reconcilia con el mundo musical. Por todo: discurso, proyectos, gustos… Es uno de los grandes. Su biografía, su formación musical, con quién ha estado, sus composiciones, con quién ha compartido escenario, la manera en la que ha desarrollado un estilo propio, éxito internacional… Si me permiten la comparación, si tocara la raqueta de tenis en lugar de la guitarra, debería andar ya por el décimo Roland Garros.

¿Cómo y cuándo arranca este nuevo proyecto?
La idea surge el pasado año en Alemania con el «booking» que tengo ahí con Tony Tilota al frente. Él había trabajado con Tim [Bogert] y Carmine [Appice], y le dije que me encantaría tocar con ellos: «Son amigos, deja que les hable», y cuando éste dice algo, lo hace. Llamó rápidamente. Appice escuchó mi música en Youtube, le apeteció la idea de hacer algo conmigo, Tim estaba encantado también. Y yo tenía que sacar un disco este año. Appice dijo que para adelante, que le gustaba la idea. Empezamos a buscar repertorio. A la hora de decidir estudio, Carmine me habló del Hit Track Studios en Las Vegas para guitarra y batería, en trato analógico. Después, habló de Paul Shortino como cantante, que también venía avalado por Tom Parham, ingeniero y dueño del estudio. Me mandaron unas grabaciones de él, no lo conocía y luego me di cuenta de que era una leyenda del rock en Estados Unidos con Rough Cat y Quiet Rock. Me encantó. Armamos todo y en marzo grabamos el disco en ocho días.

¿El repertorio ha estado consensuado?
En cierta manera sí. Hubo discusiones constructivas sobre algunos temas, pero la base está pactada.

¿Y en el estudio, absoluta confianza?
Por supuesto, en Tom Parham absoluta confianza. Es como un buen equipo de fútbol, yo dirijo pero necesito sus opciones para grabar la batería ideal; con sus técnicos, experiencia y medios todo suena increíble. Básicamente este estudio sabe grabar rock, Hit Track Studio está entre los mejores estudios americanos. Imagínate. Te sientes muy a gusto.

En la producción has buscado destacar el lado más rockero, más potente de las canciones.
A mí me gustan las baterías fuertes, potentes, llenas de armónicos… Parece que el grupo está tocando a tu lado. Que escuches con detalle, hasta el último detalle; con mucha dinámica, el sonido muy limpio, muy potente. Bombo, guitarras… Que haya potencia y detalle. Lo que suena ahí, somos nosotros. Suena muy contundente. El repertorio lo pedía en algunos casos.

Si dices Javier Vargas, una parte importante de tu público lo asocia a fusión de estilos. ¿Te preocupa de cara a este nuevo trabajo?
Nunca me ha preocupado. Bienvenido lo que sea. El público tiene la razón.

¿Te ha picado la curiosidad por conocer la opinión de los artistas que interpretaron las versiones originales?
Cada artista está a su bola. Por parte de Appice, que es amigo de Rod Stewart y tocó con él la original, también con Deep Purple, Angus Young, a lo mejor Jeff Beck, podremos tener alguna opinión. Paul Rodgers dijo «ah, pues mándamelo que lo quiero oir»… A mí me encanta como ha quedado la de Rod: más tirada, más de rock’n’roll. La de Vanilla (Fudge) queda muy bien, Gary Moore…

A pesar de todos los maridajes sonoros que ha sufrido el rock, o quizá por eso mismo, ¿hay un público nuevo, potencial, muy amplio?
Pienso que sí. Es sencillamente que la respuesta de los medios es muy limitada. El rock funciona por su propia energía. Casi es una música de culto porque no hay suficientes medios de radio o televisión que hablen de rock. A lo mejor en América, EE.UU., sí. La cuestión es que si haces rock’n’roll, blues o jazz, su hábitat natural es el directo. Las bandas que hacen eso no pueden sacar un disco y sentarse en su casa. Tienen que salir a tocar: salas, clubes, festivales, teatros… Todo tipo de recintos donde haya gente esperándote, sean 50 o 50.000 personas. El rock siempre ha sido eso. Hay otras músicas que dependen del empuje mediático, de un supervídeo; se gastan más dinero en hacer un clip que en una gira porque, a priori, vende más la imagen que la banda tocando. Si haces un clip que ha costado medio millón de euros, «espérate en tu casa a que nos contraten y llenamos el Vicente Calderón», dicen. Funciona así. Pero si luego no funciona, se acabó el grupo.

«Tiene que haber un cambio, hay una insatisfacción a nivel mundial. El consumismo, el materialismo ha hundido en la miseria al ser humano»

La música electrónica en alguna de sus variantes, el hip hop o el urban y similares, se están haciendo con el espacio en la calle que antes ocupaba el rock. ¿Qué tienen estos estilos para ti, te atrae algo de ellos?
Opino que las canciones buenas da igual el estilo del que salen. Si tiene una buena melodía las puedes tocar con rock’n’roll. Una buena melodía con una buena letra siempre la puedes llevar al estilo que tú quieras. Estilísticamente hablando las bandas grababan de otra forma. Puedes tener una banda y buscar el sonido que quieras, pero tienes que tener temas y talento para interpretarlo en directo y conectar con el público, darles algo más. Genesis tenía el disco «Selling England by the pound» [1973] y era una obra maestra; pero es que después montaban un show acojonante: sonido, luces, Peter Gabriel se disfrazaba cuarenta veces, salía como una serpiente, como una flor, se cantaba el tema, salía del escenario, aparecía por otro lado… Además de ser el álbum una obra maestra, tenían ese directo. Todo tiene su importancia. El repertorio es lo básico.

En ese sentido, ¿qué tipo de espectáculo vais a plantear, el formato físico marca un camino muy colorista y eléctrico?
Está basado en el sonido y complementado con los colores del disco. Me gusta el espectáculo pero nunca he sido muy partidario de que el espectáculo se coma a la banda. A veces a los Rolling les ha pasado, está divertido, pero a veces han exagerado el show. El sonido, el sonido es lo fundamental, que salga muy bien: buena mesa, altavoces… Mucho sentimiento, «feeling». Recuerdo a Alice Cooper en el 75 con «Welcome to my nightmare». Nunca lo olvidaré, no he visto nada igual en su momento, ni en los últimos veinte años. La última gira de los Rolling teniendo más medios, no era ni la cuarta parte de lo que era el concierto de Alice Cooper. Tenía menos medios pero más imaginación. La máquina ha engullido al ser humano, cada vez más. Trato de escapar de la máquina, trato de ser más humano.

Ahora está complicado…
También es una ventaja que en un iPhone puedas escuchar todo lo que llevas. En Spotify suena la música increíble al conectarlo a unos altavoces. Lo malo es que tengas la mejor guitarra del mundo y no saber tocarla: no te vale de nada. Es como la nevera llena en la que se caduca lo que hay, y lo tienes que tirar. Librería, discos duros, pasa igual. Todo lo que tengo lo he oído o leído varias veces. Me gusta regodearme de ciertas cosas del arte. Lo que te hace vibrar.

No te voy a descubrir nada si te digo que la superficialidad es lo que se lleva.
Se habla sin saber, solo de un tema pero no del legado del artista. Las generaciones de los 60 miraban atrás y veían a Charlie Parker, Robert Johnson, Chuck Berry… Pero los músicos del 2011 miran atrás y se encuentran la década de los 90 y 2000.

Tu música y tu labor como artista, tienen una parte importante de compromiso con el arte y la sociedad. ¿Cómo estás viviendo estos tiempos?
Siempre me he sentido comprometido con el más débil y el más débil suele ser el pueblo, los más vulnerables. Porque los que tienen el poder adquisitivo tiran. Pero la mayoría, tiene que trabajar el doble para seguir adelante. En mi caso tengo que trabajar mucho más para tirar adelante, ahora no puedo bajar la guardia: tengo que estar más en carretera, más tocando, más de todo para cobrar la cuarta parte de lo que cobraba. El esfuerzo es mayor. Tiene que haber un cambio, hay una insatisfacción a nivel mundial. El consumismo, el materialismo ha hundido en la miseria al ser humano. Demasiado plástico, demasiados desechos. Hay un mar de plástico flotando en el Pacífico cuya extensión es más grande que España. No me gusta nada donde va la Tierra. Los valores, la falta de solidaridad, el materialismo, la falta de compromiso… Los políticos solo piensan en la economía, qué le importa esa palabra a los que no tienen para pagar la hipoteca o para comer. Soy ser humano y músico. Estamos cada vez más frente a un muro, por más que llore dicen «si, presenta tus quejas, has llorado lo suficiente, pues anda bonito, vete a tu casa que seguimos nosotros con nuestro camino». Parece que se hacen los sordos. La gente a través de los años se ha ido desilusionando cada vez más, la comida está manipulada, las ciudades superpobladas. La verdad es que tampoco esperaba menos en el año 2011. Cuando veía «Los Supersónicos» pensaba: en el 2011 todo fácil, estaremos volando, nos alimentaremos con pastillas como los astronautas. Pero al final el 2011 es un mundo donde cada vez hay menos sensibilidad y más falta de respeto a la naturaleza, la especulación es capaz de quemarla para luego construir. A lo mejor, con la mitad somos más felices. La comida es terrible, en EEUU se está comiendo clonado, transgénicos… Más cánceres. Opino que me apetece seguir tocando para transmitir felicidad a la gente, ya que no tengo el poder para tocar el botón que cambie el mundo.

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