El impacto medioambiental de la música en España

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EL RITMO DE LA SEMANA

«El documento incorpora la realidad de todos los colectivos profesionales vinculados a la música porque la sostenibilidad no puede construirse solo desde marcos teóricos, sino también desde el conocimiento práctico de quienes sostienen día a día la actividad musical»

 

El Instituto de la Música ha elaborado un estudio para lograr que el sector musical en España sea más sostenible. Sobre las conclusiones de este informe escribe Sara Morales en su columna El ritmo de la semana.

 

Una sección de SARA MORALES.
Fotos extraídas del estudio del Instituto de la Música.

 

El Instituto de la Música ha elaborado la primera Agenda de Transición para impulsar a la industria musical hacia un lugar (y unas prácticas) más sostenibles. Se trata de una guía estratégica que identifica y propone soluciones a los principales retos ambientales, sociales y de gobernanza que, como no podía ser de otro modo, nos mete a todos en el saco para ir en busca de un mundo mejor o, por lo menos, más concienciado.

El sector, a juzgar por los resultados del informe, aunque parte de una concienciación cada vez mayor, podría ser mejorable, y el objetivo de este estudio es reconocer, precisamente, qué cuestiones requieren atención prioritaria para ponernos en marcha cuanto antes de un modo razonable.

Esta iniciativa, que recibe el nombre de Agenda para la Transición ESG para la Música en España, no se plantea como un plan cerrado, según aseguran desde el Instituto de la Música que la ha puesto en marcha, sino como «una guía para orientar el cambio, reforzar capacidades y facilitar una evolución progresiva hacia una industria musical más equilibrada, justa, transparente y sostenible».

El documento incorpora la realidad de todos los colectivos profesionales vinculados a la música porque «la sostenibilidad no puede construirse solo desde marcos teóricos, sino también desde el conocimiento práctico de quienes sostienen día a día la actividad musical», insisten.

Partiendo de la base de que la industria musical comparte con otros sectores retos de adaptación en ámbitos como la movilidad, el consumo energético, la producción de materiales, la logística, las condiciones laborales o la accesibilidad, pero que también posee una estupenda capacidad para generar sentido social, acompañar cambios culturales y hacer de altavoz de los nuevos valores, se convierte en imprescindible situar a la música como uno de los epicentros del marco del desarrollo sostenible.

Dicho todo esto, algunas de las conclusiones que se extraen del informe son:

 

EFICIENCIA ENERGÉTICA
La industria musical debe asumir la eficiencia energética como una de las acciones prioritarias desde las que puede contribuir, junto a otros sectores, a la mitigación del cambio climático.

En la música, la energía no se gestiona en abstracto. Se manifiesta en oficinas y despachos, en estudios y locales de ensayo, en salas, en conciertos y festivales, y también en la infraestructura digital que sostiene archivos, copias, distribución y servicios cloud.

Por eso, la mejora no pasa por una sola solución, sino por una secuencia bastante clara: incorporar criterios de ahorro, optimización y mejor uso de la energía en espacios, equipos, procesos y operaciones que permitan reducir impactos y mejorar la gestión de los recursos.

Primero habría que reducir demanda con hábitos, horarios, zonificación, LED, apagados y control del standby. Después conviene electrificar lo que todavía depende de combustibles fósiles cuando sea viable, o al menos depender lo menos posible del gasóleo empleando generadores con menos emisiones. Y, por último, tiene sentido descarbonizar el suministro mediante electricidad con garantías de origen renovable, autoconsumo cuando encaje y una mejor gestión del trabajo digital y de los datos.

También se involucra a las administraciones públicas, pues pueden desempeñar un papel decisivo mediante líneas de ayuda, incentivos, criterios de contratación, condiciones de licencia, programas de formación y marcos regulatorios que faciliten la adopción de soluciones más eficientes y reduzcan las barreras de entrada a la mejora.

 

 

MOVILIDAD SOSTENIBLE
La movilidad atraviesa el funcionamiento de la música en España. No se limita a los desplazamientos de artistas o profesionales, sino que incluye también los movimientos del público, la circulación de materiales, la logística de gira, la distribución física y los viajes necesarios para coordinar, producir, ensayar, actuar o promocionar.
Conviene reducir desplazamientos evitables mediante mejor organización, digitalización y planificación.
Es necesario optimizar los trayectos que siguen siendo imprescindibles, mejorando ocupación, rutas y coordinación.
Por último, allí donde haya margen real, debe avanzarse hacia medios y proveedores logísticos de menor impacto, reforzando además la oferta colectiva para público, artistas y equipos.

 

 

CONSUMO DE DATOS
Una parte creciente de la actividad musical transcurre en entornos digitales, desde la composición, la grabación y el envío de másters hasta la gestión de catálogos, la distribución en plataformas, el almacenamiento en la nube, las campañas en redes y la reproducción continua de audio y vídeo.

 

 

COMIDA, BEBIDA Y CLIMA
La comida y la bebida aparecen en esta agenda no como una cuestión gastronómica, sino como un ámbito concreto de reducción de huella dentro de la actividad musical en vivo.
Allí donde existen barras, catering, foodtrucks y servicios de hospitalidad, las decisiones sobre menús, tipo de producto, envases, logística y gestión de sobrantes pueden aumentar o reducir de forma apreciable el impacto climático y material del evento.

 

CONSUMO DE MATERIALES
Los materiales que utiliza la industria musical no son un elemento accesorio, sino una parte visible y estructural de su impacto ambiental. Formatos físicos, packaging, merchandising, señalética, displays, escenografía, atrezo, gráfica y soportes promocionales implican consumo de materias primas, transporte, almacenamiento, residuos y, en muchos casos, una vida útil demasiado corta.

La cuestión no se limita a sustituir unos materiales por otros, sino a repensar qué se produce, para cuánto tiempo, con qué diseño, con qué volumen y con qué salida al final de su uso.

Los materiales de apoyo del Instituto de la Música insisten precisamente en esa dirección, comprar menos y mejor, priorizar lo reutilizable frente a lo desechable, diseñar para varias vidas y evitar que el valor visual o comercial del producto se apoye en capas, embalajes o componentes que no aportan un uso real.

 

REDUCCIÓN DE LOS RESIDUOS
La reducción de residuos ocupa un lugar central dentro de la transición circular de la industria musical porque conecta de forma muy directa con la manera en que se diseñan los eventos, se producen los materiales y se organiza la operativa cotidiana del sector.
En este ámbito conviene distinguir dos planos que no son equivalentes: el primero es la prevención, es decir, evitar que el residuo llegue a generarse, especialmente cuando se trata de envases, embalajes, monodosis, materiales promocionales o stock sobredimensionado. El segundo es la gestión correcta de aquello que todavía no se ha podido evitar, asegurando separación, recogida, trazabilidad y salida adecuada para cada fracción. La mejor gestión de residuos no es reciclar más, sino generar menos desde el diseño del evento, de la compra o de la producción.

 

RUIDOS Y MOLESTIAS
El ruido forma parte de la propia naturaleza de la actividad musical, pero eso no lo convierte en un impacto menor ni inevitablemente mal gestionado. En la industria musical, la cuestión acústica afecta al mismo tiempo a la salud laboral de quienes trabajan con sonido de forma continuada, a la viabilidad operativa de salas y eventos, a la relación con el vecindario y a la capacidad del sector para sostener su actividad en entornos urbanos y territoriales cada vez más exigentes y con más control por parte de las autoridades locales.

Y así se desarrolla la Agenda para la Transición ESG para la Música en España, que también hace parada en asuntos como la gestión de la huella de carbono, el agua, el cuidado del entorno, la igualdad, el acceso a los recursos o el retorno económico, entre otros tantos. Podéis consultarla en su totalidad aquí.

Anterior entrega de “El ritmo de la semana”: Aquel mes de junio con los New York Dolls.

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