TREINTA ANIVERSARIO

«Stuart era la antiestrella definitiva en un momento en el que, después del paréntesis del grunge, habían emergido los orgullosos reyes del pop luchando por un trono que a él no podía importarle menos»
El segundo álbum de la banda escocesa continúa considerándose un estandarte del indie pop. Un disco de culto sobre el que hoy regresa Fernando Ballesteros.
Belle and Sebastian
If you’re feeling sinister
JEEPSTER RECORDS, 1996
Texto: FERNANDO BALLESTEROS.
Es verdad que el título de este artículo tiene como protagonista a un disco concreto y, sí, es el maravilloso If you’re feeling sinister de Belle and Sebastian, pero este caso, como el propio grupo, es muy especial. Para muchos de nosotros, el elepé llegó como el primero de los escoceses, pero resultó que había otro anterior y que también está cumpliendo treinta años porque fue editado apenas seis meses antes. ¿Cómo no le íbamos a dar su espacio a Tigermilk? Volver a hablar del verdadero debut de Belle and Sebastian es, además, revivir una historia que dista muchísimo de los inicios de la mayoría de los grupos, porque ellos fueron originales para todo.
Stuart Murdoch y Stuart David se conocieron en el ecuador de la década de los noventa, cuando participaban en un curso de formación musical para músicos desempleados. Tigermilk, su debut, fue, de hecho, un proyecto práctico incluido en las actividades de la escuela y Electric Honey, el sello dirigido por los propios estudiantes, su primer hogar discográfico. Ocurrió que el talento de Murdoch desbordó los planes, porque el curso contemplaba la grabación de un epé de tres canciones, pero él ya tenía escrito tan buen material que se dio luz verde a la edición de un elepé.
El lanzamiento inicial en vinilo se limitó a mil copias que terminaron agotándose, convirtiendo la obra en un caro objeto de coleccionistas, hasta que, en 1999, Jeepster Records lo volvió a poner al alcance del público. El estatus casi legendario de su primera grabación no fue instantáneo, Murdoch recordaba tiempo después que, tras los envíos de ejemplares a medios de comunicación y otros actores de la industria, les quedaron seiscientas copias que les costó muchísimo colocar. Cuando comenzó a correrse la voz de las bondades del disco, Belle and Sebastian se convirtieron en objeto de deseo de más de un sello independiente y Jeepster se hizo con sus servicios.
Y Tigermilk, vaya esto por delante, era una maravilla. La obra de un escritor que se comunicaba con el mundo a través de sus canciones, tras una larga temporada de casi completo aislamiento por culpa del síndrome de fatiga crónica que se le había diagnosticado. Desde la inicial “The state I am in”, Murdoch despliega su habilidad para cautivar con unas melodías que tocan techo en canciones como “She’s losing it” o “I could be dreaming” dentro de un álbum sobresaliente que no parecía el de un grupo que se acababa de formar en unas circunstancias poco convencionales y que se había grabado en apenas tres días.
Apenas cinco días son suficientes para grabar una obra maestra
Cuando llegó If you’re feeling sinister, las cosas no habían cambiado mucho en la banda. El disco, de hecho, se sigue moviendo por la senda del amateurismo, esa actitud que hizo que, a pesar de su éxito creciente, les costara un mundo, apenas tres años más tarde, admitir que su salto a los grandes escenarios era un hecho inevitable y que terminaría sucediendo.
If you’re feeling sinister sigue siendo la obra de un autor que le da voz, sobre todo, a los que no lo están pasando bien, a los solitarios, a aquellos que no se comunican bien con el exterior o que lo hacen con muchas reservas porque, en el peor de los casos, sienten que tienen que ocultar parte de su realidad para seguir adelante.
El disco, grabado en menos de una semana, volvía a contar con diez canciones espléndidas en las que la sensibilidad folk, heredada de nombres como Nick Drake, se daba la mano con el pop más redondo que les emparentaba con algunos de los pesos pesados que habían surgido en Gran Bretaña, unos años antes de que ellos asomaran la cabeza. Es un elepé repleto de personajes y de historias a los que Murdoch sigue dando voz. Había nacido el gran narrador que nos ha acompañado las últimas tres décadas.
Mención especial para “Get me away from here I’m dying”, en la que Murdoch reflexiona sobre el éxito y la escritura de canciones, y revela lo diferente que era su imaginario del de las estrellas que dominaron las listas aquellos años. Stuart era la antiestrella definitiva en un momento en el que, después del paréntesis del grunge, habían emergido los orgullosos reyes del pop luchando por un trono que a él no podía importarle menos.
Tres años en permanente estado de gracia
Murdoch ya era, en 1996, un escritor mordaz que en “If you’re feeling sinister”, la canción que da título a su segundo disco y uno de sus momentos cumbre, nos presenta a una serie de personajes de los que apenas dibuja una breve pincelada descriptiva. A través de sus composiciones, recrea un universo propio encapsulado en perfectas canciones pop y, aunque narra desde la perspectiva de otras personas, siempre hay algo de él mismo cuando crea esos retratos.
No es difícil rastrear esa huella en “The stars of track and field”, en la que habla de atletas, cuando echamos un vistazo a su biografía y comprobamos que el propio Murdoch corría justo antes de que le diagnosticaran la enfermedad que le tuvo una larga temporada confinado en casa y casi aislado del mundo.
En “Me and the major” le da voz a un viejo malhumorado —que también tiene mucho de él— en continua lucha con las generaciones más jóvenes, y en “The fox in the snow” aborda la soledad y la sensación de no saber hacía donde vas, en una canción en la que es inevitable sacar a la palestra el nombre de Simon & Garfunkel si de influencias musicales hablamos.
El tono melancólico del disco se anuncia desde el arte de la portada, presidida por una fotografía de Ciara MacLaverty, una muy buena amiga de Murdoch que también fue diagnosticada con síndrome de fatiga crónica. La poeta aparece recostada sobre su cama con un libro de Kafka. La imagen, el cuadro que compone, funciona desde el plano estético y marca el camino a seguir en sus siguientes trabajos, pero, sobre todo, ejerce como perfecta presentación de la obra y su espíritu. La soledad, el aislamiento y la necesidad de salir del encierro, aunque sea a través de la ficción, habita en la cubierta del disco y también en sus canciones.
Canciones melódicas y hasta luminosas
El caso es que, con temas como “Like Dylan in the movies”, la joya de la corona o “Seeing other people”, los Belle and Sebastian estallaban rabiosamente melódicos y hasta luminosos, más allá de lo que nos estuviesen transmitiendo sus textos y de que sus protagonistas atravesaran, en muchas ocasiones, paisajes más sombríos.
Su segundo álbum es una obra maestra y hoy, treinta años después, ni siquiera tengo claro que sea el mejor de sus tres primeros discos. Su sucesor, The boy with the arab strap (98), es otra maravilla, con el que se quedaron a las puertas del Top 10 y se llevaron el Brit Awards como grupo revelación del curso. Y no quedaba ahí la cosa, porque, de forma paralela, se sacaron de la manga cuatro epés, entre el 97 y el 98, que rozaban la perfección.
Era casi inevitable que Fold your hands child, you walk like a peasant (2000) rebajara algo el clamor de la crítica, a pesar de aumentar su reconocimiento comercial hasta hacer que se metieran entre los diez primeros puestos de la lista británica por primera vez en su carrera.
También llegaron los cambios con las marchas de Stuart David y de Isobel Campbell, para dedicarse a sus proyectos personales. Murdoch respondió ampliando las miras de su sonido. Dear catastrophe waitress (2003), su estreno para Rough Trade, rebajaba las dosis de folk y añadía aromas glam, guiños rock y hasta algún riff que miraba sin disimulo a Thin Lizzy, y terminaba siendo un buen disco que anunciaba tiempos aún mejores. Y esos llegaron cuando, en 2006, completaron una década inmaculada. Porque si If you’re feeling sinister puede ser considerado como el punto más alto de los primeros Belle and Sebastian, The life pursuit (2006) fue su última gran obra y abrochó una trayectoria discográfica de diez años difícilmente igualables, no ya por ellos, sino por cualquier otro grupo. Aquello fue simplemente perfecto.
Aquí terminamos nuestro recorrido por hoy. Belle and Sebastian han completado otras dos décadas y siguen haciendo camino. No han alcanzado los niveles de sus diez primeros años, pero siempre han sido capaces de entregar grandísimas canciones en cada obra. Por el camino mejoraron su directo. Hoy, ver a Stuart Murdoch y a los suyos en el escenario es una fiesta controlada, pero una fiesta al fin y al cabo. Siguen siendo una garantía de calidad y tienen un título en su vitrina de trofeos, el de haber sido, entre 1996 y 1998, el mejor grupo del planeta. Ese es mi órdago.
–
Anterior entrega: New adventures in Hi-Fi, la cima creativa de R.E.M.


















