
«Lo verdaderamente grande de este trabajo es que ninguno de los cantes se limita a ser una simple versión: todos son deconstruidos y reinventados desde una liturgia psicodélica, indie, ruidista, flamenca…»
Carmen K. Salmerón rescata a Los Evangelistas, el supergrupo formado por miembros de Los Planetas y Lagartija Nick para homenajear con un disco a Enrique Morente.
Texto: CARMEN K SALMERÓN.
Tras la muerte inesperada de Enrique Morente, el 13 de diciembre de 2010, quienes lo habíamos tratado de cerca sentimos que el vacío era imposible de explicar. Aquel golpe dejó helados a flamencos, rockeros, periodistas, promotores y a toda esa gente que habita la trastienda de la música.
Poco antes habíamos publicado en Boronía una larga y sabrosa entrevista con Enrique. Fue portada, ilustrada con una magnífica fotografía del desaparecido Juan José Romero —fotógrafo de la ambientación inquietante—. Con la emoción todavía a flor de piel, Gabriel Núñez Hervás, director de la revista, y quien firma estas líneas comenzamos a darle vueltas a una idea: reunir a algunos de los músicos granadinos que habían compartido camino con Morente, para reinventar parte de su repertorio desde otros lenguajes musicales y rendirle el homenaje que merecía.
Aquel proyecto lo imaginamos para La Noche Blanca del Flamenco de Córdoba, donde ya habíamos contado con Enrique en la primera edición, celebrada en junio de 2010. En aquella época solía desplazarme a menudo a Granada. Un mediodía convoqué un encuentro con Gabriel Núñez y Antonio Arias en la plaza de la Romanilla. Presenté a Antonio y a Gabriel, que aún no se conocían personalmente, e hicieron muy buenas migas. También acudió más tarde mi colega Eduardo Tébar. Aquella conversación acabaría siendo mucho más importante de lo que ninguno de nosotros sospechara.
Antonio Arias asumió pronto el papel de motor del proyecto. Reunió a J, Florent y Eric Jiménez, sumó la presencia imprescindible de Soleá Morente y dio nombre a la banda. «Si todos formamos parte de la Iglesia morentina, evangelizados por Enrique, solo podemos llamarnos Los Evangelistas». Difícil encontrar un nombre más certero.
La selección musical resultó extraordinaria. Lo verdaderamente grande de este trabajo es que ninguno de los cantes se limita a ser una simple versión: todos son deconstruidos y reinventados desde una liturgia psicodélica, indie, ruidista, flamenca e incluso con sutil condimentación electrónica.
No es una casualidad. La producción recayó en Martin “Youth” Glover, auténtico imán de la contracultura, productor de The Cult, Depeche Mode, Primal Scream o Wet Wet Wet, afincado en Albuñuelas, en el Valle de Lecrín. Amigo de Richard Dudanski y, a través de él, de los hermanos Arias, Youth quedó fascinado por la historia y se implicó de lleno en el trabajo. Ya se sabe que en Granada nunca hay puntada sin hilo.
El álbum se abre con “Gloria”, reinterpretación del “Gloria a Dios” de la Misa Flamenca. La atmósfera, el ruidismo, las guitarras sucias, la voz destemplada de Antonio y el inevitable viaje de la memoria hasta Omega provocan un incendio emocional que continúa con “Decadencia”, procedente de Sacromonte, nuevamente en la voz de Arias.
En “Serrana”, tomada de la recreación que Morente hizo de Pepe de la Matrona en Morente en directo, el verso «donde yo no hago falta, no me entrego» parece convertirse también en una declaración de principios de los propios músicos. Después llega “En un sueño viniste”, de Cruz y luna, donde los versos místicos y profundamente eróticos de san Juan de la Cruz, cantados con la voz cálida de Antonio Arias, alcanzan una épica conmovedora. Dios está presente. Syd Barrett también.
Sacromonte alimenta buena parte del disco. Ocurre en “Amante”, donde la voz oscura de J —el hombre que no vocalizaba— inaugura casi un pop gregoriano jondo. Y también en “Donde pones el alma”, sostenida por una batería monumental de Eric Jiménez, un auténtico acorazado Potemkin.
Las doce piezas que componen Homenaje a Morente son imprescindibles. Solo se echa en falta la guitarra flamenco-eléctrica de Paco Luque, antiguo miembro de Lagartija Nick, músico de los directos de Omega y amigo íntimo del ronco del Albaicín y de toda su familia.
La portada reproduce una pintura de Aurora Carbonell, viuda de Enrique Morente, que encontró en las artes plásticas otra forma de sublimar el dolor por la pérdida inabarcable del cantaor.
Si Omega, firmado por Morente y Lagartija Nick, consiguió que muchos rockeros cruzaran la frontera hacia el flamenco, Homenaje a Morente permitió que buena parte de la generación indie —amelies, muchachos de cuello vuelto, flequillo y gafas de pasta incluidos— se sumergiera también en los luminosos territorios morentinos.
Morente vive. Gloria a Dios. Gloria a Morente.



















