Historias de Festivales: Las superjams de Bonnaroo

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«La prensa estadounidense señala que el nacimiento del Bonnaroo Festival en 2002 revolucionó el mundo de los festivales en EEUU. Desde entonces, el festival no ha dejado de recibir premios, elogios y reconocimientos»

 

El festival estadounidense, que se celebra este fin de semana, está considerado uno de los mejores eventos musicales de Estados Unidos. Al margen de potentes carteles con todas las estrellas y bandidos de la música de los últimos setenta años, el festival de Tennessee programa unas jam sessions muy especiales en las que músicos de distintos estilos se enfrentan a las canciones de artistas como Tom Waits, Led Zeppelin, o simplemente se adentran en las raíces de la música estadounidense en busca de la improvisación más auténtica. Por estos peculiares encuentro, que suelen ser sorpresa, han pasado músicos de Metallica, The Roots, The Who, The Black Keys o Gogol Bordello.

 

 

Una sección de ALFONSO CARDENAL.

 

 

No hay muchos músicos que quieran salir de su zona de seguridad, de ese espacio en el que ellos mandan y controlan, donde se sienten cómodos. A veces, en las entrevistas, esas barreras se rompen y consigues acceder al otro lado, a la zona más íntima en la que los artistas dejan de lado su cara pública y se convierten en personas con miedos e inseguridades. Esos espacios se ven poco. Las invitaciones para abrir esas puertas suelen ser rechazadas. Cada año, desde hace una década, el Bonnaroo Festival de Manchester (Tennessee) organiza unas jam sessions muy especiales que suponen un divertido reto para muchos artistas y un marrón para otros tantos.

La prensa estadounidense señala que el nacimiento del Bonnaroo Festival en 2002 revolucionó el mundo de los festivales en EEUU. Desde entonces, el festival de Tennessee no ha dejado de recibir premios, elogios y reconocimientos desde todos los sectores. Un festival inmenso donde muchos de los grupos que en Europa encabezan carteles se ven sepultados por leyendas como Paul McCartney, Bob Dylan o Bruce Springsteen. Un festival que se compró su terreno en una apuesta por el futuro y que desde entonces crece en distintas direcciones artísticas sin perder de vista la música. Para hacerse una idea del festival solamente hay que mirar la programación de un escenario cualquiera, de un día cualquiera de cualquier edición. El año pasado, el viernes 28 de junio, en apenas unas horas desfilaron por el escenario principal The Soul Rebels, Sharon Jones and The Dap-Kings, The Avett Brothers, Rodrigo y Gabriela y Radiohead. La música importa mucho en Tennessee.

En Bonnaroo, además, suceden cosas diferentes. En Tennessee hay música en directo en casi todos los bares de la mayoría de sus ciudades. Bandas que tocan y pasan la gorra, tipos que hacen versiones y viejos que tocan sus temas. Además, allí, gustan mucho las jam sessions, los juegos de improvisaciones típicos de Nueva Orleans, las noches que se alargan. Los promotores del festival de Manchester estuvieron años organizando las jam sessions del New Orleans Jazz Fest y cuando comenzaron su propia aventura tuvieron claro que aquel concepto, que esa fiesta, estaría en su nuevo festival. Así nació la Superjam de Bonnaroo. Cada año la organización recluta a un director musical que se encarga de convocar a los distintos artistas que formarán el supergrupo de Bonnaroo. La tarea nunca resulta sencilla. Los músicos tienen que reservar una semana de su agenda veraniega para montar una banda, preparar un setlist, aprender unas canciones nuevas, y con apenas un par de ensayos actuar delante de un excitado público. No siempre las cosas salen bien, tampoco es lo más importante.

LOS NUEVOS AMIGOS DE BONNAROO

La primera superjam mantuvo la idea original del New Orleans Jazz Fest y se usó un poco de toma de contacto con el público, pero el segundo año ya fue uno de los grandes eventos del festival al contar con Dr. John, Mike Gordon (bajista de Pish), Luther Dickinson (guitarrista de The Black Crowes) y el batería de Nueva Orleans Stanton Moore (Galactic). Desde entonces ha habido año más fuertes y otros más flojos, incluso algunos en los que la superjam no tuvo lugar como en 2009 y 2010. En 2005 el encargado de formar el grupo fue Ahmir Questlove Thompson, batería de The Roots, que actuó junto a Herbie Hancock y Pino Palladino (bajista de The Who desde la muerte de John Entwistle).

Questlove ha repetido en varias ocasiones desde entonces. En 2007 formó otra gran banda con Ben Harper como cantante y John Paul Jones, de Led Zeppelin, como bajista. Aunque el gran momento de Questlove fue en 2012, cuando trajo de vuelta a los escenario a D’Angello tras quince años sin actuar en Estados Unidos. Questlove sabe bien lo complicado que resulta formar estas bandas con tan poco tiempo, pero disfruta de ello, del factor sorpresa, de los ensayos, de la emoción de afrontar un reto musical. “Me encanta la emoción de subir al escenario y que nadie sepa quién va actuar. Ese momento es especial, se palpa en el ambiente”, explica el batería de The Roots. “He organizado tres superjams, la primera, junto a Herbie Hancock y Pino Palladino, fue genial pero dos minutos antes de empezar le di el setlist a Herbie y sin mirarlo dijo que no, que íbamos a improvisar. Resultó genial”, añade Questlove.

En 2011 tuvo lugar un encuentro que desembocaría en una genial y premiada colaboración discográfica cuando Dan Auerbach, de The Black Keys, produjo el excelente «Locked down» de Dr. John, el músico de Nueva Orleans de donde proviene el nombre de este festival. Los fundadores del festival tomaron su nombre del álbum de 1974 «Desitively Bonnaroo», que Dr. John grabó junto The Meters y con la producción y colaboración de Allen Toussaints. En 2011 Dr. John y The Meters tocaron íntegramente el mítico disco en uno de los momentos más memorables del Bonnaroo. Además Dr. John sería parte de la Superjam de aquel año junto a Dan Auerbach y Preservation Hall Jazz Band. Aquel año la Superjam de Bonnaroo fue un éxito total a pesar de que el pianista había actuado la noche anterior. La actuación, que contó también con Patrick Hallahan, batería de My Morning Jacket, repasó parte del cancionero de Dr. John como ‘I walk on guilded splinters’ y se recreó en versiones como el ‘There’s a break in the road’ de Betty Harris o joyas como el éxito ‘Can I be your squeeze?’ de Chuck Carbo and the Soul Finders. Un espectáculo excepcional que terminó con el maestro al piano tocando su ‘Such a night’, un tema que debería sonar al final de cada fiesta, al salir el sol, como despedida perfecta de una reunión de amigos.

De aquel encuentro salió una buena amistad entre Auerbach y el veterano doctor. Poco después entraban juntos al estudio para grabar «Locked down». La producción de Auerbach mantuvo la esencia de la música de Dr. John, el fondo del Misisipí, pero sonaba actual, menos cargado y más contundente. La grabación de «Locked down» fue una aventura nueva para Dr. John. Auerbach quería que el doctor llegase al estudio sin las canciones escritas y que pusiera fe en el equipo que el guitarrista de The Black Keys había juntado para la sesión. La idea no era tanto ir improvisando como ir componiendo ladrillo a ladrillo el nuevo álbum del artista de Nueva Orleans. “Los dos tenemos mucho en común”, comentaba Dan Auerbach a The Telegraph.

“Los dos tocamos música desde que somos críos. Eso nos da un lenguaje común, una forma de entendernos y comunicarnos. Tiene un gran entusiasmo en lo que hace y yo solamente quise grabarle un álbum del que se pudiese sentir orgulloso. No quería recrear nada, hemos hecho algo fresco pero influido por todos los viejos discos que Dr John adora”. El trabajo ganó el Grammy al Mejor Álbum de Folk Contemporáneo y se convirtió en uno de los álbumes más exitosos de la carrera de Dr John, un regreso fantástico de un artista de setenta y dos años que una noche conoció a un nuevo amigo durante la Superjam del Bonnaroo. Esas son las cosas que hacen diferentes a los festivales, tener la capacidad real de influir en el rumbo de la música, provocar encuentros, álbumes, colaboraciones. Pasar de ser el reflejo de la música sobre diez escenarios y producir música. Cosas como esta son la que, en diez años, han hecho que Bonnaroo sea algo más que un festival.

 

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