Historias de Festivales: El Bangladesh de Eric Clapton

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«Allí estaban Ravi Shankar, Leon Russell, Ringo Starr o Billy Preston, Bob Dylan llegaría con el tiempo justo»

 

“Solamente he visto una vez la película del concierto, pero si necesitara un recordatorio de lo que me estaba perdiendo de los ‘viejos tiempos’, ése sería el testimonio más adecuado”, escribe Eric Clapton en su autobiografía. El concierto de Bangladesh (agosto de 1971), el primero de un Beatle tras el final de la banda y el primer festival benéfico de la historia, tuvo una cara oculta: el peligroso estado de salud en el que se encontraba Eric Clapton.

 

 

Una sección de ALFONSO CARDENAL.

 

 

Eric Clapton ha pasado por varias situaciones oscuras a lo largo de su vida, por momentos duros que dejan huella. El guitarrista británico, que conoció el éxito antes de cumplir los veinte, ha pasado épocas complicadas atrapado en la heroína y en el alcohol. Cuando su amigo George Harrison le llamó en el verano de 1971 para pedirle que participase en el festival que estaba organizando, Clapton se mostró dubitativo. Hacía casi dos años que no salía de su casa en el campo y la idea de cruzar el Atlántico para pasar una semana en Nueva York no le sonó especialmente interesante. Además, estaba enamorado de Pattie Boyd, la mujer de Harrison, y estaba atravesando una etapa de intenso consumo de heroína.

Unos meses antes del concierto, Harrison visitó a Clapton en su mansión de Hurtwood. El guitarrista de los Beatles se cabreó al ver el estado en el que se encontraba su colega. “Le expliqué que estaba viajando hacia las tinieblas y que tenía que llegar hasta el final para ver qué hay al otro lado”, cuenta el músico en sus memorias que le dijo su amigo. Harrison debió de ver aquel concierto como una forma de juntar a Clapton con otros músicos y sacarle de su encierro. Clapton aceptó a cambio de que le proporcionasen droga a su llegada. Se preparó una buena dosis y embarcó en un vuelo camino de Nueva York. Al fin y al cabo no debía de ser muy complicado conseguir heroína en Nueva York durante 1971 en un festival repleto de músicos.

Cuando llegó a su hotel, la droga estaba allí. Aunque resultó que la heroína neoyorquina quedaba en muy mal lugar cuando se la comparaba con la inglesa. Clapton estaba acostumbrado a una droga más potente y se pasó tres días encerrado en su habitación pasando el mono. “Las primeras 24 horas son terribles”, relata el músico en su libro, un acertado manual sobre cómo salir de las drogas. “Parecía que me hubieran envenenado. Tenía calambres incontrolables en todos los nervios y músculos del cuerpo, me acurrucaba en posición fetal y aullaba de dolor”.

Mientras Clapton guardaba cama, Harrison lidiaba con todos los preparativos de su debut en solitario, un regreso musical que había venido acompañado, nueve meses antes, de la publicación del excelso “All things must pass”. El resto de invitados ya habían llegado al Madison Square Garden y habían hecho el pertinente ensayo. Todo estaba listo salvo Clapton, enfermo, y Bob Dylan, que no terminaba de confirmar su asistencia. Las colas daban la vuelta al viejo pabellón neoyorquino y la expectación por el evento llamó la atención de medio mundo. La vida seguía después de los Beatles y aquella sería la primera prueba, la primera comparecencia.

Aquel festival había nacido de la mente de Ravi Shankar, fallecido a finales de 2012. El músico indio le dio la idea a Harrison y así lo explicó el guitarrista en rueda de prensa. “¿De todos los lugares y catástrofes del mundo por qué has elegido precisamente esta?”, le preguntó un periodista en rueda de prensa. “Porque me lo pidió un amigo”, respondió Harrison sin inmutarse. “Por primera vez vas a ser la estrella del cartel, ¿cómo te sientes?”, preguntó otro reportero. “Nervioso”, se sinceró el guitarrista.

 

«No poseo más que un recuerdo vago de todo aquello o del concierto en sí, el hecho es que estaba en otra parte y me sentía muy avergonzado. Esa noche decepcioné a mucha gente, sobre todo a mí mismo»

 

Mientras los músicos iban pasando por el Madison para las pruebas de sonido y los ensayos, Clapton seguía encerrado en su habitación. Harrison había tenido pocas semanas para montar todo, reservar el recinto y avisar a los músicos, a pesar de ello allí estaban Ravi Shankar, Leon Russell, Ringo Starr o Billy Preston, Bob Dylan llegaría con el tiempo justo. Las entradas para los dos pases estaban vendidas y la expectación en la ciudad era altísima. Finalmente, Alan Klein, exmánager de los Beatles, le dio a Clapton un medicamento que él tomaba para las úlceras que consiguió sacarle de la cama. “Llegué justo para la prueba de sonido y repasé a toda prisa alguna de la cosas que debía tocar”, escribe el guitarrista en sus memorias.

Clapton compareció vestido con pantalones y chaqueta vaquera, melena larga, poblado bigote. Estaba sonriente y ausente, torpe y lento, se había equivocado al elegir una guitarra semiacústica y estaba en un pésimo estado de forma tras dos años sin subirse a un escenario. Verlo junto a un Harrison pletórico era un contraste. Todo el talento del guitarrista de Cream parecía haber volado. “Me lo puse realmente difícil con esa guitarra”, reconocería años después en el documental que se rodó en 2005 para recordar aquel concierto. “Aunque la verdad es que no estaba realmente allí. No me salía nada y me veía como un escudero entre caballeros”, admitiría Clapton. “Fue un gran esfuerzo estar allí para mí y lo hice por George, por todo el riesgo que tomó por defender esa causa”.

A eso se resumió la presencia en el festival de uno de los mejores guitarristas británicos de la época. Clapton cumplió como pudo y dejó algunas notas sobre algunas canciones, sin pasión, sin esfuerzo, con desdén. “No poseo más que un recuerdo vago de todo aquello o del concierto en sí, el hecho es que estaba en otra parte y me sentía muy avergonzado. Esa noche decepcioné a mucha gente, sobre todo a mí mismo”, escribió cuarenta años después. De vuelta a Inglaterra, Clapton regresó junto a su chica a su mansión de Hurtwood y cerraron la puerta de casa. Durante algún tiempo no saldría de allí y nadie le vería.

El concierto de Bangladesh se convirtió en un gran evento en la historia de la música aunque el disco que se grabó aquella noche tardó demasiado en llegar a las tiendas. Se recaudó dinero, se ayudó en lo que se pudo y se creó la conciencia colectiva de que la música podía servir para cambiar cosas, para ayudar a hacer del mundo un lugar más habitable. Fue el regreso de George Harrison, una noche repleta de estrellas y buena música y un recuerdo borroso y triste para Eric Clapton.


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