“High-rise”, de Ben Wheatley

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“El autoengaño reina en “High-rise” como lo hace en nuestras vidas”

 

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“High-rise”
Ben Wheatley, 2015

 

Texto: ELISA HERNÁNDEZ.

 

“High-rise” es el nuevo filme de Ben Wheatley, un director de cine de terror y ciencia-ficción (aunque intentar clasificarle parece un pecado) con uno de los estilos y visiones del mundo más originales del audiovisual reciente. Esta película recupera algunos de los elementos que ya hemos visto en sus obras anteriores, como la progresiva degradación de los personajes, la historia y la estructura narrativa a medida que avanza la película, la intensificación de la violencia, el absurdo, el exceso y un aparente sin sentido, un muy macabro humor negro y una organización fílmica poco convencional y rompedora, mostrado todo ello desde una mirada casi aséptica acompañada aquí de una bellísima estilización visual.

En la cinta, la vida de los inquilinos de un utópico rascacielos futurista cae rápidamente en una espiral distópica de violencia, decadencia e irracionalidad a medida que se suceden los fallos técnicos y la división entre clases se hace cada vez más obvia. A primera vista, la exuberancia estilística y el tono de exceso, falsedad y mascarada que da la decoración setentera, kitsch, nos hace pensar que estamos una de esas películas más preocupadas por la expresión que por el contenido. Sin embargo, se trata en realidad de una obra por y para una seria reflexión.

“High-rise” es mucho mejor representación de cómo funciona la sociedad actual que aquellas películas que en teoría tratan los problemas del sistema económico pero que se empeñan en concentrar la culpa en individuos o instituciones concretas (“Inside job” o “The big short”, por muy interesantes que sean, pecan de ello) en lugar de comprender que el capitalismo es sistémico, cultural, social e integral. La división entre “arriba y abajo”, los ascensores que no funcionan, la luz que se va, los conductos de basura que se atascan… El edificio es en sí mismo una poderosa metáfora de la estructura de una sociedad que resulta imposible de arreglar y, lo que es más importante, nadie pretende hacerlo. ¿Funcionó esta estructura alguna vez? ¿Puede reajustarse por sí sola?

El filme retrata la crisis resultante del egoísmo e individualismo y la incapacidad de coexistir en sociedad cuando se busca el beneficio personal, pero muestra a las personas como agentes que creen ser libres sin ser conscientes de que están condicionados por un contexto coercitivo. Como los habitantes del rascacielos, nosotros también nos aferramos a cualquier clavo ardiendo que se nos ponga por delante: el autoengaño (y el alcohol y el hedonismo son en el film la representación de esta alienación voluntaria) reina en “High-rise” como lo hace en nuestras vidas. Y es que, como dice una sentencia habitualmente atribuida a Fredric Jameson, hoy parece más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo.

 

 

 

Anterior crítica de cineTriple 9”, de John Hillcoat.

 

 

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