Greg Dulli: Buscando la calma

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“Afghan Whigs no vamos a volver. Para mí, es agua pasada. Sería como aceptar dinero por quedar con una de mis ex novias”

El líder de Afghan Whigs y Twilight Singers ahora se pasea en solitario y en acústico mientras anda preparando las canciones de su siguiente disco y asegura que lo suyo no era grunge. J.L. Fernández conversó con él aprovechando su paso por nuestro país.


Texto: J.L. FERNÁNDEZ.


El sexo y la pérdida. Ya sea al frente de los añorados Afghan Whigs, con Twilight Singers, o en solitario, las canciones de Greg Dulli siempre han girado en torno a ambas cuestiones. Para su primera gira en solitario en cuatro años, nos ha visitado en formato acústico, ideal para revivir esas historias torturadas y viscerales marca de la casa. Lógicamente, los años parecen haber ido domando al que fuera uno de los dandis más excesivos del rock reciente. Cuando nos encontramos, me sorprende con que ha dejado de fumar, y tiene entre sus manos un botellín de agua. Curiosa estampa, si tenemos en cuenta su legendaria imagen de fumador y bebedor compulsivo. Los excesos se llevaron a viejos amigos como Kurt Cobain o Elliot Smith, y nuestro protagonista parece tomarse las cosas con más calma a día de hoy.

En este tour estás interpretando canciones de toda tu carrera. ¿Estamos quizá ante un final de ciclo?
Sigo adelante. En América al menos, mucha gente espera que los Afghan Whigs nos reunamos. Parece ser el momento ideal: muchas bandas vuelven tras años sin tocar, y como puedes imaginar, recibo ofertas constantemente. Se podría decir que los promotores agitan los billetes delante de mi cara [risas). Pero tengo claro que Afghan Whigs no vamos a volver.

¿Por qué no?
Para mí, es agua pasada. Sería como aceptar dinero por quedar con una de mis ex novias [risas]. A ver, no es que nos llevemos mal. John Curley es uno de mis mejores amigos, y de vez en cuando tocamos juntos. Somos buenos amigos, pero no me apetece volver a convivir con ellos en la misma banda.

Parece que tus ex compañeros no han estado muy activos, musicalmente hablando.
No puedo hablar por ellos. Mira, cuando puse en marcha Twilight Singers, Afghan Whigs aún existíamos. Empezó como un proyecto paralelo, porque yo estoy componiendo siempre, y necesitaba dar salida al material que tenía entre manos mientras los Whigs estaban inactivos, porque ellos siempre parecían tener otras cosas que hacer. Un día les dije que más tarde o más temprano iba a dejar el grupo, porque además yo estaba escribiendo todas las canciones. Fue natural que cada uno siguiera caminos diferentes.

Escoge un sólo álbum de todos los que has grabado.
Es imposible. Diría que “Congregation” fue muy especial para mí, porque grabándolo empecé a descubrir mis posibilidades, y a ser la clase de artista que quería. Y creo que con “1965” llevé esas posibilidades al límite. Con el debut de Twilight Singers, intentaba experimentar y abrazar varios estilos. Nuestro segundo disco, “Blackberry Belle”, fue muy importante a nivel personal, porque uno de mis mejores amigos, el director de cine Ted Demme había muerto y estaba intentando asumirlo. Y por el contrario, “Powder burns” reflejaba una época de cambios en mi vida. “Saturnalia”, el disco que hice con Mark Lanegan, nació después de años y años de preparación, y también era importante, porque se trataba de crear música junto a mi mejor amigo. Y ahora estoy en otro momento de cambio, y el nuevo disco así lo reflejará.

Afghan Whigs fuisteis una auténtica rareza en el panorama musical de los 90, pero la prensa insistía en relacionaros con el rock alternativo. ¿Con qué bandas os identificabais?
Con ninguna de nuestra época, desde luego. Nos identificábamos con The Who, Hüsker Dü, los Stones, los Faces… En general, creo que no había nadie que sonase como Afghan Whigs, y es cierto que la prensa siempre nos metía en el saco del grunge. Cuando yo era pequeño, la expresión “grunge” significaba “sucio”, y no me identificaba con ello en absoluto [risas].

Sin embargo, grabásteis con el productor emblemático de Seattle, Jack Endino. Él suele decir que el disco que hizo con vosotros, “Up in it” fue muy complicado de grabar, porque aún no habíais encontrado vuestro sonido
Jack tiene razón. En “Up in it”, éramos una especie de banda bluesy y funky de Ohio, y nos fuimos a Seattle intentando mantener un pie en cada lado de la frontera entre el rock y la música negra, pero sin concretar nada, en vez de atrevernos a ser quienes queríamos. No sucedería hasta “Congregation”.

¿Qué aprendiste en esos años hasta encontrar el camino correcto?
Sobre todo, me atreví a hacer ciertas cosas sin pensar en qué diría la gente a nuestro alrededor. Por ejemplo, siempre me gustaron las baladas, pero en Sub Pop se supone que los grupos no debían grabar temas lentos. Hasta ese momento, lo más parecido a una balada que había en el catálogo de Sub Pop era ‘About a girl’, de Nirvana. Que es una bella canción, por cierto. Asi que para “Congregation” escribí ‘Let me lie to you’, y fue la primera vez en la que grabé la canción que yo quería, sin importarme qué dirían los de la compañía. Ahí empecé a ser fiel a mí mismo como compositor.

Uno de vuestros discos más recordados es “Black love”. ¿Qué dirías sobre él?
Tanto “Gentlemen” como “Black love” son una unidad, dos obras emparentadas. Durante aquellos tres años entre uno y otro, mi vida era muy solitaria, muy triste. Supongo que intentaba elevar mi ánimo escribiendo canciones, y cuando miro hacia atrás, no me reconozco. Es como observar el trabajo de otra persona que conocías, pero a la que no has vuelto a ver. Creo que “Black love” es un disco tristísimo. Posteriormente, grabaríamos “1965”, que es todo lo contrario: un disco más inmediato, muy sexual. Lascivo, con canciones como ‘Neglekted’ o ’66’. Lascivo en el buen sentido, por supuesto [risas].

Tanto “Gentlemen” como “Black love” eran prácticamente álbumes conceptuales. Nadie hacía eso en los 90. Imagino que a las compañías les costaría aceptarlo.
Creo que ninguna compañía me entendió jamás. Lo de darle ese giro conceptual a esos dos discos, fue un poco por influencia de The Who. Y Marvin Gaye también grabó discos conceptuales maravillosos.

Vuestra primera grabación fue un vinilo llamado “Big top Halloween”, del que se editaron muy pocas copias, y que lleva una eternidad fuera de circulación. Hay gente pagando auténticas fortunas por él en Ebay. ¿Cómo te sientes al respecto?
Creo que están locos. Ese disco es una mierda, y suena fatal. Yo no pagaría ni un céntimo. Cuando lo grabamos, no sabíamos lo que estábamos haciendo. Creo que no hay ningun buen tema en “Big top Halloween”.

Has participado en películas como “Beautiful girls” o “Backbeat”, y fuiste estudiante de cine. Si pudieras escoger un personaje de la historia del cine que te representase. ¿Quién sería?

Michael Corleone [carcajadas].

Volvamos al principio. La leyenda sobre la fundación de Afghan Whigs afirma que conociste a Rick McCollum en una comisaría de policía, puesto que os arrestraron a los dos la misma noche
Es cierto, y fue la noche de Halloween, en Ohio. No nos conocíamos, y no recuerdo por qué nos arrestaron. En mi caso, creo que fue por mear en un muro y resistirme a los agentes. Iba maquillado, creo que de King Diamond [risas]. Éramos muy jóvenes, y siempre salía a hacer locuras en Halloween.

¿Es cierto que eras, prácticamente, un delincuente juvenil?
No llegué a serlo, porque no me cogían casi nunca. Tomaba bastantes drogas, y era camello. Vendí cocaína durante bastante tiempo, porque no quería conducir un coche mierdoso. Con lo que gané, pude comprarme un Mustang, y era una gozada conducirlo.

¿Cómo fue crecer en Cincinatti?
Es un lugar muy conservador, y con una segregación racial muy arraigada. Con muchos problemas entre blancos y negros. Crecí en una barriada negra, y fue duro, pero aprendí que si tratas a todo el mundo con respeto, la gente acaba respetándote.

¿Fué ahí donde empezó tu interés por la música negra?
No, eso fue a través de mi madre, que era una entusiasta del soul. Siempre escuchaba esa clase de discos cuando era pequeño.

Imagínate que el Greg Dulli maduro puede volver al pasado por unos instantes y hablar con el Greg Dulli salvaje de los inicios. ¿Qué consejo le darías?
No diría una palabra, tío. Me limitaría a sentarme, y disfrutar del espectáculo. Y morirme de risa [carcajadas].

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