George Best. Rock Club. El disco

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DISCOS

«Estos recopilatorios de grupos suelen tener canciones brillantes que pasan injustamente desapercibidas. En este sucede con creces»

 

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George Best. Rock Club.
El disco
BONAVENA, 2019

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

Hace tres años abrió en Valencia uno de esos reductos de buen gusto musical que hay en todas las ciudades. Alejados de compromisos con la actualidad y el moderneo, empapelados de carteles de conciertos y con una parroquia que suele ser fiel, combinan buenas pintas y buena música, con el pacto tácito de que predomine el guitarreo. Acostumbran a decorar con detalles que recuerdan tiempos pasados y no se esmeran mucho en que la mano de un diseñador los toque: el ambiente lo crea la gente. Son la versión pop del bar de toda la vida. En este caso, el local tiene nombre de jugador de fútbol sesentero, que supuso en el juego lo mismo que The Beatles en la música: la imaginación y la locura. George Best se llamaba.

Suelen ofrecer también pequeñas actuaciones, y entre esos grupos y otros de la misma onda, el bar ha editado un recopilatorio de grupos que comparten una estética similar —las guitarras, apuestas por el pop aderezadas con algún aliño, cuidado en las melodías, toques clásicos—. No olvidemos que, si Valencia es tradicionalmente una buena cantera de sonidos tecno, también lo es —aunque se conozca menos— de grupos afines al power pop. Así que el bar ha editado un disco en el que comparten cortes grupos de la zona de levante con este espíritu.

No está de más, a veces, captar de golpe el potencial de lo que se está haciendo en un momento determinado en una escena. Además, desde siempre, estos recopilatorios de grupos que a lo mejor no tendrán más recorrido suelen tener canciones brillantes que pasan injustamente desapercibidas. En este sucede con creces. Por poner algunos ejemplos, “Nada más”, de Ventura, es una de esas canciones hechas a escuadra, en la que las melodías perfectas parecen salir solas, y “No ploris més llàgrimes per mi”, de Home Gran, es una delicia de folk onírico con final psicodélico. Una más entre varias: “El cromo del 7” de Los Esclavos tiende a la americana, pero con una elegancia inusual en las guitarras.

Entre las diecisiete que comprenden el recopilatorio hay canciones a las que se les ve enseguida la querencia. Aunque cuenta con guitarras más luminosas y coros de aire más sesentero, “Confesionario”, de Frontera, revive ese bajo oscuro de Parálisis Permanente; “Vuelva usted mañana”, de Los Radiadores, anda en la estela de Los Nikis o Siniestro Total; “Galgos o podencos”, de Cándida, revive la elegancia jazzística de Esclarecidos… Incluso uno de los grupos de más carrera —Modelo de Respuesta Polar— se disfraza con el pop duro y la chulería de 091, igual que La Gran Esperanza Blanca con “No me abandones”, toques de Burning y Loquillo por doquier. Y casi una decena de canciones más, todas con ese toque de energía y dulzura que amalgama sentimientos de manera compacta y guitarrera.

Anterior crítica de discos: El milagro, de Viva Suecia.

 

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