Festival MUD: Músicas dispersas y psicodelia contemporánea

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“Xoel López tiene cuerda para rato, nuevos universos sonoros donde explorar y, por supuesto, ganas y solvencia suficiente como para seguir arrebatando musicalmente por doquier”

 

La última edición del Festival Músiques Disperses llevó hasta Lérida al gallego Xoel López y a la británica británica Vashti Bunyan, vieja conocida de los más veteranos seguidores de los Rolling Stones de la etapa Brian Jones. En ambos conciertos estuvo Javier de Castro.

 

 

Festival Músiques Disperses

12-15 de marzo de 2015

Cafè de l’Escorxador, Lérida

 

 

Texto: JAVIER DE CASTRO.

 

 

La 9ª edición del MUD de Lleida ha demostrado una firme consolidación organizativa, artística y de público, y que sus programadores, la gente del sello Guerssen Records dirigida por Toni Gorgues, ha logrado dar por fin con la fórmula ideal para un evento dedicado a las músicas dispersas del mundo y a la psicodelia contemporánea, que se celebra año tras año por estas épocas en la capital del poniente catalán. A saber: un número adecuado de conciertos, con cinco shows muy bien escogidos y variados; un calendario temporal y ubicación razonables, concentrándose todo en cuatro días seguidos y en un único espacio de actuación como el Cafè de l’Escorxador, de capacidad media y cómodo para los asistentes; y, quizás lo más importante, sapiencia y tino acertados a la hora de elegir protagonistas, pues en la variedad, sin duda, está el –buen– gusto. Porque de gusto excelente debe calificarse el cartel de este año con una leyenda patria del flamenco progresivo como el sitarista sevillano –ex Smash– Gualberto García; dos formaciones como los griegos Afrodissey Orchestra o los mexicanos Sonido Gallo Negro, remarcables ejemplos, ambos, de que la fusión sonora no tienen límites, ni falta que hace; y, para redondear, dos magníficos write singers como el gallego Xoel López o la británica Vashti Bunyan, vieja conocida de los más veteranos seguidores de los Rolling Stones de la etapa Brian Jones. A ellos dos vamos a referirnos más en concreto.

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El caso es que la elección de Xoel López, para dar el tiro de salida este año, no fue en absoluto baladí, pues convenía empezar con fuerza y el pontevedrés resulta siempre apuesta segura, bien posicionado por exitosas citas anteriores por estos territorios. Dicho y hecho, una gran entrada de público local y foráneo se combinó a la perfección con la innegable predisposición para agradar del solista y, como siempre, su muy buena materia prima compositiva y buen hacer frente al respetable: un repertorio precioso aunando canciones rescatadas de varios de sus proyectos en solitario –a su propio nombre o bajo su alter ego, Deluxe– o compartidos –Lovely Luna, “descubiertos” discográficamente, por cierto, por Guerssen–, aunque con su reciente estadía de un lustro en Argentina todavía muy presente en la cabeza y en el espíritu y cuyo poso pudo comprobarse por las continuas referencias de López a dicha experiencia tan especial y provechosa para él y la interpretación de temas diversos de “Atlántico”. El concierto fue de menos a más alcanzando en sus postrimerías eso que de forma tan pomposa calificamos como clímax ambiental, los que escribimos sobre estas cuestiones musicales. Y es que con el músico lanzado hacia arriba y emocionado sin disimulo, y con el público entregado completamente también, ya solo faltaba algún gesto de Xoel que cerrara con magia su espectáculo para este rutilante MUD 2015. Los agradecimientos a la ciudad y a su gente por unos cuantos momentos especiales compartidos fueron la antesala del estreno de un par de piezas que formarán parte del esperado próximo disco de López, previsto para esta próxima primavera. En resumen, muy buen sabor de boca por el espectáculo ofrecido y la sensación para todos –este crítico musical, incluido– que tras años de carrera a sus espaldas, multitud de conciertos y un bagaje compositivo que lo emparenta con los más grandes de este país, Xoel López tiene cuerda para rato, nuevos universos sonoros donde explorar y, por supuesto, ganas y solvencia suficiente como para seguir arrebatando musicalmente por doquier.

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Al día siguiente le tocó el turno a la única fémina del cartel del 2015, presencia igualitaria siempre perseguida en este evento, pues por ediciones anteriores han pasado magníficas artistas de gran personalidad y pelaje estilístico variado, como Jacqui McShee, Alondra Bentley, Annie B Sweet, Silvia Pérez Cruz, María Rodés o Clara Vinyals, entre otras. Nos referimos en este caso a Vashti Bunyan, una cantautora con toda seguridad muy desconocida del gran público, pero que se ha convertido en una artista de auténtico culto para los fanáticos del folk. Al margen de por su escasísima producción discográfica –un primer LP, “Just another diamond day” (1970), al principio de su trayectoria acaecida entre mediados y finales de los 60 y un segundo, ya en este siglo XXI, “Lookaftering” (2005) tras una resurrección artística reciente– se la recuerda, como ya hemos apuntado antes, por haber estado vinculada al entorno de los Rolling Stones y debutar en 1965 con un primer single producido por Andrew Loog Oldham que incluía la canción de Jagger & Richards ‘Some things just stick in your mind’ (la versión a cargo de sus propios creadores aparecería años depués en el magnífico recopilatorio de rarezas “Metamorphosis”) y una composición propia titulada ‘I want to be alone’. Un segundo single, al año siguiente, con más temas propios, ‘Train Song’ y “Love song” también poco exitoso, además una colaboración con el dúo Twice As Much, esbirros asimismo del productor de los Stones, le hicieron ver que quizás no era su momento y decidió optar por una vida en plan hippie, uniéndose a una comuna que deambuló por zonas diversas del Reino Unido.

La experiencia, al margen de pemitirle entrar en contacto con gente relevante del ambiente de la la música folk-rock bitánica de ese tiempo –Donovan, miembros de The Incredible String Band, o Fairport Convention, Joe Boyd o Nick Drake–, le inspiraría nuevas canciones que acabarían formando el grueso de ese primer álbum aparecido en 1970, producido precisamente por Boyd, y que, para desencanto de Bunyan, pasaría desapercibido entre el público también.

Visto lo visto, decidió dejar correr la cosa musical y centrarse en la crianza y educación de sus tres hijos durante las siguientes décadas. En 2000, la exitosa reedición de su álbum de debut y –al parecer– una creciente admiración e influencia en artistas folkies contemporáneos como Devendra Banhart, Piano Magic o Joanna Newson han sido acicates suficientes para una reaparición musical, culminada por el lanzamiento ese segundo álbum treinta años después del primero, los efectos del cual han permito su presencia estos pasados días en Lleida.

El concierto que ha ofrecido durante este Mud, 2015, en formato de dúo de dos guitarras y voces apoyada por Gareth Dickson –protagonista otrora del homenaje “Niked Drake”, al malogrado cantautor británico desaparecido en 1974, nos descubrió a una muy grácil intérprete, a la par de una compositora de enorme ductilidad y sensibilidad temáticas. Pese a la edad, pues conserva su voz sin apenas variaciones ni de tono ni de color de como se la puede oír y disfrutar en sus grabaciones de hace cincuenta años, Bunyan ofreció un concierto muy hermoso y emotivo y pleno de proximidad. Lo basó en su bastante exiguo repertorio, circunstancia que no fue óbice para entusiasmar a un público que, en su mayoría acababa de descubrirla por vez primera. Más allá de poder escuchar esas canciones suyas más añejas, la cantautora londinense se permitió el lujo de estrenar para la audiencia leridana una nueva canción preciosa, vaya de paso en una demostración absoluta de que esos largos años no quemados en el negocio musical le mantienen fresca la inspiración y bien cargada de energía y ganas de recuperar el tiempo perdido. Su empatía y una aparente ingenuidad para con el público hicieron el resto para verla triunfar.

 

 

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