Julio Martí y Ramón Martín (Noches del Botánico): «Este ha sido de los pocos sitios donde Bob Dylan ha dicho “muchas gracias” al terminar el concierto»

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Ramón Martín: «Somos populares. Este festival es para gente melómana a la que le gusta la música».

 

El próximo 3 de junio (y hasta el 31 de julio) arranca la nueva edición de Noches del Botánico, un festival diferente en fondo y forma que se ha convertido en una de las referencias musicales de la temporada y que este año celebra su 10º aniversario. Carlos H. Vázquez charla con sus creadores y directores, Julio Martí y Ramón Martín.

 

Texto: CARLOS H. VÁZQUEZ.
Fotos: VEGA HALEN.

 

En los festivales se habla de cifras, exclusivas y cabezas de cartel, mientras que Julio Martí y Ramón Martín hablan de una década defendiendo —con Noches del Botánico (del 3 de junio al 31 de julio)— un modelo a contracorriente dentro de la industria de los macroeventos: aforos contenidos, precios que consideran razonables, atención obsesiva a la experiencia del público y una programación donde caben desde Van Morrison o Tom Jones hasta apuestas mucho menos evidentes comercialmente. Cuentan que se niegan a entrar en la guerra de cachés.

Lo de los codirectores del festival ya venía de lejos. Julio hizo Complujazz en la misma zona. Y, por su parte, Martín organizaba entonces DCODE Festival en el campo de rugby de la universidad. Julio Martí también estaba empezando a abandonar los grandes recintos para centrarse en formatos medianos y salas, después de años trabajando con el Ayuntamiento de Madrid en los Veranos de la Villa hasta que los pasaron al Circo Price. Desde entonces, cuando nació Noches del Botánico, han pasado diez años. Y hoy, en el corazón del Real Jardín Botánico Alfonso XIII de Madrid, Julio y Ramón explican cómo han llegado hasta aquí, mientras la nueva edición del festival se «construye» ante sus ojos.

¿Esperabais llegar a tanto?
Julio Martí: La ilusión estaba. Llegar a tanto es un acontecimiento y un agradecimiento a todo el mundo por habernos permitido este viaje tan magnífico que esperamos que solo sea una efeméride de continuidad. Pero claro, no empezamos jovencitos a hacer esto tampoco…
Ramón Martín: Cuando empiezas, especialmente los primeros años, todo es supervivencia. Obviamente tienes que aclimatarte, también debes aprender; estamos en un entorno muy especial, en una universidad pública, esto es un jardín botánico… Nada es fácil, siempre ha sido un reto. Nunca miras hasta dónde vas a llegar, vas haciendo tu día a día, pero cada vez que miras, piensas: «¿Es posible que ya hayan pasado diez años?».
Julio Martí: Miras hacia atrás y parece que no hemos abandonado nunca el sitio, que estamos aquí siempre. Este lugar tiene un cierto punto de síndrome de Estocolmo; hay gente que hace festivales de tres días, se termina y es rápido. Pero aquí estamos dos meses, y el último día hay unas ganas de irse que te cagas, pero al mismo tiempo sintiéndonos muy a gusto.
Ramón Martín: Nosotros empezamos a montar en Semana Santa, hasta el 15 de agosto. Lo negativo es que estás aquí todo el tiempo, pero lo positivo es que es algo casi familiar. Siempre están los mismos proveedores, los mismos montadores… Sabes cómo se llaman sus parejas, los vas saludando, se han creado familias, gente que se ha casado… Pasamos mucho tiempo. Y lo que contaba Julio del síndrome de Estocolmo, un día te levantas, te duchas… y como mucho vas al supermercado y pones el programa largo de la lavadora, pero luego piensas que a lo mejor vas a pasarte por el recinto para ver cómo han quedado todos los grifos. ¿Qué necesidad tienes?

¿Por gusto?
Ramón Martín: No, es que es necesidad.
Julio Martí: Somos yonquis.

¿En qué momento sentisteis que todo se asentó y se estableció?
Julio Martí: Yo diría que en la edición del 2019. Justo en la previa de la pandemia. En 2020 no hicimos nada y en el 2021 lo hicimos con mascarillas, pero nos asentamos realmente en la del 2019.
Ramón Martín: Yo lo diferencio por dos puntos de vista diferentes: uno, el social, porque llega un momento en el que eres familia. ¿Cuándo notas realmente que ya existe esta relación? Por ejemplo, nunca nos había llovido, pero hay un día que llueve y cae una de narices, entonces haces una reunión con todos (proveedores, puestos de comida, equipos de limpieza, camareros…), y dices: «señores, hoy nosotros lo tenemos asegurado, contamos con un seguro, podemos cancelar perfectamente porque ha llovido durante todo el día, pero no va a llover más, porque tenemos un informe que dice que a partir de las siete de la tarde va a dejar de llover y se va a quedar la noche tranquila, y hoy la tecnología nos apoya. ¿Cómo lo ven?». Entonces nos ponemos todos (camareros, técnicos…), cada uno, a salvarlo.
Julio Martí: Ese día fue el de Sheryl Crow. Cayó la del pulpo.
Ramón Martín: Tienes que recurrir a lo que no tienes. Una persona de limpieza vale, pero un camarero no tiene por qué ponerse ahí a limpiar.
Julio Martí: Ese día en concreto, el seguro nos ofreció una bonificación por haber salvado el show y no haberlo cancelado. El concierto se podía cancelar y nosotros hubiéramos cobrado el seguro, pero trabajamos para que se hiciera.
Ramón Martín: Fue increíble. Ahí te das cuenta de este punto de inflexión, cuando la gente ya tiene esa sensación de equipo. Y luego está lo segundo, el nivel social: los medios siempre nos han cuidado mucho, como las instituciones, que ya nos dan hora para recibirnos en el Ayuntamiento, aunque aquí dependemos de la Universidad Complutense cien por cien. La gente, a nivel de medios de comunicación, nos han apoyado. Esto, al principio, era una apuesta y no hemos hecho nunca grandes campañas de inversión; vamos mirando como los militantes, porque somos familia. Tenemos buenas críticas, la filosofía con la que nacimos la queremos seguir manteniendo y la hemos mantenido a rajatabla, buscando la calidad artística pero lo experiencial también del público.
Julio Martí: Y precios adecuados. Hay mucha gente que cree que tenemos ayudas públicas, pero no las tenemos.

 

Julio Martí: «La gente nos quiere mucho en toda España, nos vienen de sitios insospechados. Me acuerdo de unos octogenarios que vinieron a ver a Status Quo desde Seattle».

 

La Comunidad de Madrid ha destinado poco más de un millón de euros al patrocinio del Mad Cool… Pero Noches del Botánico, en efecto, no recibe ningún tipo de ayuda.
Ramón Martín: Ninguna. Bueno, vamos a ver, tampoco la hemos solicitado, pero porque tampoco queremos…
Julio Martí: Pero lo podían haber ofertado…
Ramón Martín: Quizá, un poco por nuestra edad, nos metemos en menos fregados. Nosotros tenemos un ecosistema un poco especial. Vivimos en un planeta que es el del jardín botánico y ya sabemos cómo poder adecuar gastos, ingresos… Nuestra economía está controlada. A veces nos damos lujos (por los artistas), pero no podemos pagar esas cantidades ni esos cachés.
Julio Martí: También nos hemos ganado el respeto institucional. Nos han dado premios, tenemos reconocimiento, nos consideran un evento de especial interés para la ciudad de Madrid…

Y, por eso mismo, los fines de semana os dejan subir un poco más los decibelios…
Ramón Martín: Correcto.
Julio Martí: Siguiendo las reglas del juego.
Ramón Martín: Nosotros huimos mucho de los grandes photocalls también.
Julio Martí: De hecho, no los tenemos. Es individual, ponemos una batería ahí [Julio señala con el dedo índice un punto concreto del recinto] y la gente se hace sus fotografías, pero no hay marcas detrás.
Ramón Martín: Nos importa tres narices quién ha venido, si ha sido el hijo de Pepito, el ministro… Que han venido, sí, pero lo que nos interesa es que la gente venga a disfrutar.

¿Cómo se planteó la lista de artistas para, por ejemplo, una primera edición?
Julio Martí: Para las primeras ediciones directamente ni siquiera podíamos pedir nada, estábamos receptivos. ¿Qué hay? ¿Qué podemos hacer? ¿A quién nos ofrecen? ¿Quién está de gira? ¿Quién quiere venir? Todo esto con el agravante de quiénes somos y quién ha venido. Pero, ahora mismo, nadie pregunta nada, somos Noches del Botánico, nos conocen y tenemos gente que en sus planes está venir al festival y lo dice con anticipación.
Ramón Martín: Date cuenta de que también el segmento mayoritario que tratamos aquí es de artistas con una carrera consagrada. ¿Qué significa? Que también, de cara a nosotros, es mucho más positivo porque tienen más poder sobre agentes y mánagers. Una PJ Harvey puede decir que quiere venir aquí o que está buscando un sitio especial, y no se fija en el dinero. Tú sabes que todo esto es un negocio, entonces el booker dice: «Oye, tengo este festival en el que me dan cuatrocientos mil, en este otro me dan quinientos mil, y en este me dan cien. ¿Dónde vamos?». Pues al de quinientos, eso está claro. Pero, en este caso, se ha roto un poco eso, porque hay determinados artistas que quieren venir al Botánico.
Julio Martí: Aquí viene a tocar PJ Harvey y viene su agente, que ve lo que hay y dice que tiene a otro artista que quiere traer aquí. Y así tenemos a toda una serie de artistas que sabemos que no han venido todavía. No hay nada más encantador que decirlo, pero al mismo tiempo es mejor no hacerlo para asegurarnos que pasa, porque cada vez que decimos «este va a venir», no viene.

¿Cuántas veces habéis dicho que va a venir Joni Mitchell y al final no…?
Julio Martí: [Risas] Por ejemplo, trajimos el año pasado a Brandi Carlile, que es una cosa complicadísima. No era un concierto de lleno, fue de última hora. Nadie nos ofrecía a Brandi Carlile porque es una artista que se supone que aquí, en este país, no va a llenar, pero es la que trajo a Joni Mitchell de vuelta a los escenarios. Total, que estábamos ya en la parte final del booking, atentos a todo, y de pronto vemos anunciada la gira de Brandi Carlile por Europa, pero no venía a España. ¿Quién era el agente? Pues resulta que era Nigel Hassler, amigo y el mismo agente de Loreena McKennitt o de Melody Gardot, que son artistas femeninas que hago a menudo. Le llamé y le dije que no me había ofrecido a Brandi Carlile, entonces él me respondió: «¿Pero tú querías hacer a Brandi Carlile? Pues está la gira cerrada». A nosotros nos interesaba que viniera, así que le explicó a ella el festival que era, porque él ya lo conocía, y la convenció para venir. No hicimos sold out. Aun así, tuvimos dos mil ochocientas personas, un público maravilloso que se fue encantado de haber tenido una ocasión única de ver a Brandi Carlile, que seguro que, si viene otra vez, llenará.

 

Ramón Martín: «Si un festival no tiene concepto y no tiene filosofía, lo llevará fatal»

 

¿Cómo de costoso fue traer a Van Morrison la primera vez? Este año repite de nuevo.
Julio Martí: Escribíamos a su agente todos los años y nunca contestaba, pero este año pasado, cuando ya estaba todo prácticamente cerrado, ¿qué sucedió?, pues que le dimos la apertura. Empezamos dos días antes.
Ramón Martín: Contestó tardísimo, pero dijo que sí. Es un artista para el que no funcionan las agendas.
Julio Martí: Aquí llegó dos días antes y se pasó cuatro más en Madrid. Cuando terminó, llamó su agente y nos dijo que si el año que viene lo queríamos, él volvía.
Ramón Martín: Pasó también con Bob Dylan. Creo que este ha sido de los pocos sitios donde ha dicho «buenas noches» o «muchas gracias».
Julio Martí: Y la primera vez que vino Tom Jones, el año de las mascarillas. Esta será la tercera ocasión, pero en esa primera, cuando acabó, terminó todo muy bien y dijo que fue un concierto fantástico. ¡Y este hombre nunca dice que el concierto ha estado bien, según me han contado!

¿Tenéis problemas con otras promotoras, os intentan levantar un artista?
Julio Martí: ¿Qué quieres qué te cuente? [Risas] Es ley de vida. Hay artistas que deberían tocar aquí y tocan en otros lados.
Ramón Martín: Y a lo mejor en el escenario cuatro, ¿sabes lo que te digo?
Julio Martí: Y las siete de la tarde con un sol del demonio y sin que les hagan ni puto caso.
Ramón Martín: Nosotros podemos pagar lo que podemos pagar, es un poco limitativo. Si no hay esa sensibilidad hacia esto, más allá de lo económico, si entramos luego en cifras, pues es imposible.
Julio Martí: Nosotros no guerreamos. Intentamos llegar a acuerdos, y los acuerdos son muy sencillos: esta es la capacidad, este es el precio de entrada que consideramos para el artista, y este es el resultado económico. Si resulta que te dicen que un artista puede ir, pero poniendo la entrada a doscientos cincuenta euros… Mira, yo puedo hacer aquí a Sting, que vale medio millón, cobro trescientos la entrada y seguro que acaba llenando, pero no voy a entrar en eso y situar este festival fuera de su contexto. No tiene sentido.
Ramón Martín: Somos populares. Este festival es para gente melómana a la que le gusta la música.

Os he leído decir que en este festival todos son cabezas de cartel. ¿No es esto inflar un poco el relato?
Julio Martí: No, no. Porque cabeza de cartel quiere decir que es capaz de llenar el sitio. ¿Qué tenemos aquí de festival? Si fueran todos artistas individuales sería un ciclo. Pero nosotros lo que hacemos aquí es buscar con creatividad la capacidad de poner a dos artistas en juego que manejen públicos diferentes, pero que puedan resultar afines en cuanto a apreciación de esos respectivos públicos. Queremos sumar.

¿Creéis que el mercado está saturado de festivales? Si es así, ¿cómo hacéis para diferenciaros?
Julio Martí: Nosotros nos diferenciamos, eso ya ha quedado claro. El brete está precisamente en ese otro tipo de festival por el problema de la atención al público, que se complica.
Ramón Martín: Es que no competimos, es otro mundo, otro planeta.
Julio Martí: Lo que está más de moda son los shows de grandes recintos, lo hemos visto: hay diez días de Bad Bunny, va a haber diez días de Shakira…
Ramón Martín: Que engañan, además, un poco a lo que es el mercado, porque dicen que es todo éxito y eso no es verdad. Si un festival no tiene concepto y no tiene filosofía, puede dar el pelotazo porque dependerá del artista y será un éxito, pero al año siguiente ya se habrá acabado, porque no tiene nada que hablar. Creo que, hoy en día, quien no tiene eso lo llevará fatal.
Julio Martí: Este es un festival que ha cogido mucho crédito. La gente nos quiere mucho en toda España, estaremos ya por encima de un veinte o veinticinco por ciento de público que no es madrileño. Nos vienen de sitios insospechados. Estoy acordándome de unos octogenarios que vinieron a ver a Status Quo desde Seattle. Estaban totalmente perdidos y era la última vez que podían verlos. Les habían dicho que aquí iba a ser una maravilla.

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