Los Delinqüentes: «Aprendimos demasiado pronto a estar en la calle y demasiado tarde en los despachos»

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Manu Benítez: «Se vivió una apertura hacia la música cantada en español, mestiza y con sabor a barrio. Y Canijo, Diego y Migue le añadieron su originalidad y su sonido propio»

 

Carlos H. Vázquez regresa al pasado en esta charla con Los Delinqüentes, para celebrar los 25 años de uno de sus conciertos más míticos, hoy publicado en forma de disco, y la reedición de otros de sus álbumes de referencia. Al habla, Diego Pozo y Manu Benítez, hermano de Migue y antiguo mánager del grupo.

 

Texto: CARLOS H. VÁZQUEZ.
Fotos: ENRIQUE ESORZA (foto 1), MILI SÁNCHEZ (foto 2) y SANTIAGO SECADES (foto 3).

 

Hay discos que envejecen y discos que esperan agazapados en algún rincón del tiempo hasta que una canción, una fotografía o una voz los devuelve al presente. Veinticinco años después, Los Delinqüentes han abierto una de esas puertas con Suristán (Warner, 2026), el concierto grabado el 30 de mayo de 2001 en la desaparecida sala madrileña del mismo nombre y que rescata a un grupo que apenas llevaba dos semanas conviviendo con su primer álbum en las tiendas: El sentimiento garrapatero que nos traen las flores (Virgin, 2001), también reeditado estos días, cuando todavía no sabían que estaban a punto de cambiar el paisaje (y el paisanaje) de la música española de principios de siglo.

Allí estaban Migue (Miguel Benítez), el Canijo (Marcos del Ojo Barroso) y Diego Pozo, que desembarcaban en Madrid con un repertorio de patio, de rumba callejera, de rock mestizo y, sobre todo, de libertad.

Escuchado hoy, Suristán impresiona menos por su valor arqueológico que por la vitalidad que contiene. No parece una grabación de otro tiempo. Tampoco un documento para coleccionistas. Suena a presente. Como reflexiona Diego en la siguiente conversación, «la música, cuando se hace desde el corazón, sin pensar en fórmulas comerciales, perdura en el tiempo». O quizá se debe a que esas canciones nacieron sin cálculo alguno, impulsadas únicamente por la intuición de tres chavales que todavía no pensaban demasiado en el futuro y que estaban convencidos de que las canciones podían cambiarles la vida.

De todo esto y mucho más hablan Diego Pozo y Manu Benítez, hermano de Migue, antiguo mánager del grupo y responsable del rescate de unas cintas que devuelven al oyente al instante exacto en que empezó una historia que todavía continúa.

 

¿Qué tiene la música para vencer incluso al tiempo?
Diego Pozo: La música, cuando se hace desde el corazón, sin pensar en fórmulas comerciales, perdura en el tiempo. La música de verdad nunca suena antigua. Yo escucho a The Beatles o a [Johann Sebastian] Bach y me sigue sonando moderno.
Manu Benítez: Es algo común a todos. Discos publicados hacía veinte años o más, cuando los descubrieron, fueron clave para que se animaran a escribir canciones y crear una banda. A Migue le pasó con el disco Veneno de 1977, que descubrió con catorce años en 1997; al Canijo igual con Triana o Pata Negra. Nunca tuvieron reparo en reconocer sus influencias, todo lo contrario; no paraban de animar a todo el mundo a escuchar a todas aquellas bandas que no estaban en las radiofórmulas.

 

Diego Pozo: «Las letras de nuestras canciones no son tan alegres como la gente se piensa»

 

Nos vamos a los principios del 2001. ¿A qué sonaba el «ruido» de aquellos años?
Manu Benítez: Esta pregunta es bastante filosófica. Yo creo que con la llegada del siglo XXI en nuestro país vivimos una apertura muy especial hacia la música cantada en español, mestiza y con sabor a calle y barrio. Canijo, Diego y Migue buscaron precisamente que las canciones ya fueran un cañonazo a voz y guitarra. Le añadieron su originalidad y su sonido propio y lo que consiguieron fue algo muy punk en un sentido revolucionario, porque se produjo un cambio de etapa, y las bandas de aquí que cantaban en inglés fueron perdiendo público.

Suristán pertenece al concierto del 30 de mayo de 2001, en la sala Suristán de Madrid. ¿Cuánto tiempo hacía que no os escuchabais en un directo de esa época?
Diego Pozo: Pues veinticinco años exactamente. No suelo escuchar directos de Los Delinqüentes. De hecho, tengo varios en casa que no he escuchado nunca.
Manu Benítez: [Risas] Yo, que me he encargado del rescate de la grabación en minidisc y de conducir las sesiones de mezcla y mastering e irlo compartiendo con Canijo y con Diego, tenía claro el sonido de entonces porque esa misma semana habían grabado el concierto de Radio 3 y el de Sol Música (A solas), que los he revisado muchísimas veces. Pero a su vez, y a diferencia de esos conciertos en platós de televisión, el atractivo del directo en Suristán es el poder disfrutar de Los Delinqüentes con la intensidad de estar tocando en una sala ante un público sorprendido y que recibía muy bien su propuesta, por primera vez en Madrid, con el disco recién publicado.

En aquel concierto, ¿quién podía pensar todavía en el futuro?
Diego Pozo: Nosotros no hemos sido nunca de pensar mucho en el futuro, ni en aquella época ni ahora tampoco. Intentamos vivir el presente que es el único momento que tenemos.

¿Qué fue de verdad para vosotros aquel concierto en Suristán? ¿Era algo más, además de saber que era vuestra «presentación en sociedad»?

Diego Pozo: Fue nuestro primer concierto con la banda completa en Madrid y nos hacía mucha ilusión poder tocar nuestras canciones por primera vez después de que saliera nuestro primer disco.
Manu Benítez: Migue me contaba que aquel día entre el público había mucha gente importante. Me hablaba del periodista Diego A. Manrique, que entonces tenía el programa El Ambigú en Radio 3, y era como la eminencia del periodismo musical. También me decía que habían gustado mucho.

¿Cómo era el futuro que imaginaba Migue?

Manu Benítez: Estaba, como todos, entusiasmado con su proyecto artístico en Los Delinqüentes, viviendo un sueño, dando sus primeros pasos como profesional en el mundo de la música, y además muy joven, con solo 17 años y un disco que estaba convencido de que iba a quedar para la historia. Todos lo sentíamos así.

¿Qué os enseñó su muerte?
Manu Benítez: Cuando pierdes a alguien tan creativo, tan cariñoso… el vacío es enorme, en todos los sentidos.

 

Manu Benítez: «Vaya facilidad que tenían para emocionar cantando mundos propios y con esas melodías…»

 

En canciones como “El aire de la calle” o “Esos bichos que nacen de los claveles” hay una alegría que nunca parece ingenua, porque siempre lleva algo de melancolía debajo. ¿La felicidad verdadera tiene siempre algo de tristeza?
Diego Pozo: Las letras de nuestras canciones no son tan alegres como la gente se piensa. Lo que es alegre es nuestra actitud porque nosotros somos alegres por naturaleza, aunque la vida a veces nos dé algún palo gordo.

¿Cuándo descubristeis que las canciones más luminosas también podían doler?
Diego Pozo: Pues muy pronto. Siempre hemos hecho canciones alegres y luminosas pero que están hablando de cosas bastante serias.

¿Qué verso de este disco, El sentimiento garrapatero que nos traen las flores, os sigue pareciendo un milagro?
Diego Pozo: Es difícil de contestar. Te puedo decir ahora uno y mañana otro. Me gusta mucho «Solo soy uno más entre todos los peatones de la tierra» o «Quemo mi cama pa’ no dormir» o «Tiene siete puertas la caja de mi mollera».
Manu Benítez: Qué buenos esos… No un milagro, pero sí de una originalidad tremenda, por lo que encierran o por cómo se cantan, desde el arranque en “Esos bichos que nacen de los claveles” diciendo eso de «tú quieres que te cuente un cuento / Pues yo te lo cuento / Los bichos que nacen de los claveles somos Los Delinqüentes», hasta el «a mí me llaman el descalzo porque en invierno uso chanclas / Y yo lo hago pa’ notarme en el fresquito de la mañana» de “El aire de la calle”. Vaya facilidad que tenían para emocionar cantando mundos propios y con esas melodías…

¿Qué aprendisteis demasiado pronto y qué tardasteis demasiado en entender?
Diego Pozo: Aprendimos demasiado pronto a estar en la calle y demasiado tarde a estar en los despachos con la gente de corbata. De hecho, a esto último, todavía no hemos aprendido.

¿Cómo vivíais, cuál era vuestra actitud (el sentimiento garrapatero)?
Manu Benítez: Pues de la manera más sencilla y normal posible. A todos los niveles. Tanto en la carretera de gira, como grabando los discos… Creo que es algo que siempre ha saltado a la vista cada vez que hacían entrevistas o se daba algún concierto. No engañaban a nadie. Transparencia total.

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