El Cometa Errante: «Cuando los himnos suben los humos al personal demuestran el poder de la música, no el de la ideología»

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«El Cometa es esencialmente urbano, no hacemos filandones y, si tenemos que hablar raro, escogemos el latín»

 

Carlos H. Vázquez charla con Kike Cardíaco, al frente de El Cometa Errante junto a Rafa Hernández, a propósito del nuevo disco que acaban de publicar. Una colección de canciones donde se dan cita la ironía, la sátira, la historia política y la literatura.

 

Texto: CARLOS H. VÁZQUEZ.
Fotos: JUAN LUIS GARCÍA (foto 1), VICENTE GARCÍA (foto 2) y M.J. BRAVO (foto 3).

 

El Cometa Errante nunca ha sido un grupo instalado en una única coordenada. Desde Los Cardíacos hasta Shhh… (Selenitas S.U., 2026), el proyecto de Enrique Jiménez (Kike Cardíaco) y Rafa Hernández ha transitado con libertad por el pop, el rock, el cabaret o la adaptación literaria con una ironía que rehúye el panfleto, algo poco compatible con las tribus musicales. Este nuevo disco, el quinto, vuelve a demostrarlo después de Espacio profundo (2023), Tocad el cielo (2021), Encuentro con Los Cardíacos (2019) y El Cometa Errante (1999). Detrás de un título que parece invitar al silencio, conviven la sátira política, la memoria urbana, el humor, Miguel de Cervantes o The Kinks, unidos por una misma voluntad de observación crítica, una forma de entender la canción como una herramienta para mirar el mundo desde León sin perder nunca de vista lo universal, defendiendo que «solo lo que cambia permanece».

 

Shhh… es un título que pide silencio, pero en el fondo es un disco muy ruidoso porque protesta, humor, literatura, historia y política conviven en él.
Sí, nos encontramos cómodos en el nuevo eclecticismo; si estás en una tribu te imponen un tam–tam, una uniformidad, un himno, ser de los nuestros… El Cometa trabaja en otro sentido; disfruta reconociendo nuevos paisajes musicales y ocupándolos.

Escribía Antonio Gamoneda que «un día el mundo se quedó en silencio». ¿Da León para observar el mundo con lupa?
A Gamoneda le grabé en P.I.G.S. (Producciones Imperfectas del Garaje Sumergido), en los primeros noventa, y publiqué una casete de ese registro junto a Ediciones Portuguesas. No sé dónde colocó esa reflexión que es sobre el ruido, claro. En cuanto a León, a mí la ciudad me ha servido de plataforma para descubrir que el acceso de lo particular a lo universal funciona siempre; desde “Noches de Toisón”, segundo single de Cardíacos, a “200 habitaciones (Los tocacojones)”, contemplo que nuestros males son compartidos. Así que en este pequeño reino se vive en la hora del mundo, si lo deseas.

Hay una corriente común de canciones que comparten la misma intención. ¿Qué hilo las une?
Una protesta sutil que, no dando mandobles, señala y subraya. El asunto es que muchas de esas letras se dirigen a los que olvidan hacerse la famosa autocrítica, así que, si ellos no se la hacen, habrá que hacérsela.

 

«El hilo conductor del disco es una protesta sutil que, no dando mandobles, señala y subraya»

 

 

¿“Hoy comamos y bebamos” (con Juan del Enzina) es una respuesta doméstica a todos los males?
El carpe diem suaviza porque deja en asuntos pendientes preocupaciones e ineludibles deberes para pasar a la acción carnal más directa. Me remito a la letra que cantamos: «folgan los del reguetón, folgan Bad Gyal y Bad Bunny, no vamos a estar mirando los viejos del rock & roll».

En cambio, ¿“200 habitaciones (Los tocacojones)” traslada la protesta al ámbito urbano?
“200 habitaciones (Los tocacojones)” transcurre en la línea FEVE de ancho métrico León–Bilbao, protestando porque ha desaparecido la primera parte de la línea, la que sale desde León, precisamente; en el viaje repasa otros asuntos o derrotas locales que hemos tenido. El Cometa es esencialmente urbano, no hacemos filandones y, si tenemos que hablar raro, escogemos el latín. Mis orígenes musicales no es el folclore leonés sino la música de los primeros guateques.

En cuanto a la literatura, en “Lo posible y lo imposible” recurres a Miguel de Cervantes para dar la vuelta a una frase muy rotunda. ¿Qué le aporta la literatura a vuestra forma de escribir?
Los situacionistas franceses escribieron «sed realistas, pedid lo imposible»; el 68 derrochó esas creencias; Cervantes lo había resuelto trescientos cincuenta años antes: «si lo imposible pides, lo posible no tendrás». Esto da para mucha charla; es obvio que la juventud debe adornarse de algunos imposibles y disfrutar de sueños utópicos, pero sé de un lugar excelente para estas cosas a cuyos pobladores tengo un gran respeto: Matavenero, el monasterio moderno donde se cabalgan las contradicciones.

Después está “Bossanova rusa”, que mezcla geopolítica y una idea casi fantasiosa de la historia. ¿La ironía protege mejor la verdad que la indignación directa? En Shhh…, por cierto, parece haber una convicción muy fuerte de que la canción protesta no necesita sonar solemne.
La indignación directa se encuentra cómoda en el escrache y en el insulto. La ironía no tiene por qué ser acertada o responder a la verdad, pero es civilizada y denota que los derechos del criticado son reconocidos. La solemnidad es propia de las liturgias milenarias; la protesta se escribía anónimamente en la pared, acto poco solemne, aunque es bien recibida la tecnología para continuar el trabajo.

Respecto a “Dedicated follower of fashion”, ¿qué te seduce de tomar una canción ajena, en este caso de The Kinks, y volverla otra cosa? Observo también que se rescata “Who’s sorry now”, de Versiones Selenitas.
Soy cinturón negro en adaptaciones de los Kinks. Ahí está el “Callao” de Cardíacos, nuestro cover de “Sunny afternoon” y, claro, “Te vas a enterar” (“You really got me”). En el 97, El Cometa hace una intervención sobre ese tema, y digo intervención porque lo que sale no es lo mismo que de lo que se parte. Con forma musical de Jug Band Music y un recuerdo a Big Bill Bronzy y, por qué no decirlo, a Pi de la Serra, enlatamos ese texto en esa música para proclamar a viva voz: «…los valores mueren y la moda no envejece, solo lo que cambia permanece». Por otra parte, “Who’s sorry now?” se empareja estilísticamente a la anterior y concluye con la protesta: «Y quien robó tiene que devolver la plata que se llevó». El single circula en otra dirección, no hay protesta en él y encabeza el elepé por la tradición en la industria del disco.

 

«En aquel pasado el futuro no era el que se ha impuesto»

 

Cuando escuchas hoy las canciones de Los Cardíacos, ¿te sigues reconociendo?
La respuesta es breve: sí.

¿Qué hay en Shhh… que no te habrías atrevido a escribir cuando tenías veinte años?
Shhh… recoge la experiencia de muchas cosechas y algunas sin metáfora, bebidas de verdad; por lo tanto, no habla desde una inocencia imposible. Y viceversa, en aquel pasado el futuro no era el que se ha impuesto. Y esto no quiere decir que sea peor de lo esperado, al contrario; como siempre, lo mejor vino y está por venir.

Después de Los Cardíacos y más de dos décadas como El Cometa Errante, ¿sigues escribiendo canciones para entender el mundo o para defenderte de él?
Es conveniente entender el mundo y lo que se mueve a nuestro alrededor, como tanto se repite ahora. La música es una herramienta que sirve para describirlo, cambiarlo, compartirlo y hasta destruirlo. Cuando los himnos suben los humos al personal demuestran el poder de la música, no el de la ideología. Pero él se ríe de las canciones y la bola va a su bola.

Si hablamos de mapas y cartografías de este mundo, ¿qué ruta sigue un cometa errante?
La ruta de nuestro «Private comet» es un Guadiana que asoma de vez en cuando, y ahora queremos ponernos en valor.

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