Diego Vasallo: «Cada cierto tiempo hay que soltar y tirar todo por la borda»

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«Sentía la necesidad de algo de estruendo y furia, el ruido como una forma incómoda de belleza»

 

Sendoa Bilbao charla con Diego Vasallo sobre música y vida, a propósito del camino iniciado con su nueva banda, Løse, y el disco homónimo que han publicado recientemente.

 

Texto: SENDOA BILBAO.
Fotos: JOKIN FERNÁNDEZ.

 

Tras tres décadas esculpiendo su identidad en solitario, el músico que un día habitó el pop de Duncan Dhu o los artificios de Cabaret Pop da un giro inesperado al timón. Diego Vasallo decide ahora repartir el naufragio y refugiarse en el rugido colectivo de Løse; un estruendo de rock áspero que ya está dejando su cicatriz por salas de toda la geografía, con próximas paradas en Donostia, Bilbao y Madrid. Hoy, es el propio Diego quien hace un alto en la tormenta para descifrar este nuevo mapa.

 

Para escribir estas canciones de “fuzz y ceniza”, ¿buscaste el aislamiento absoluto o el murmullo de una ciudad que se cae a pedazos? ¿En qué rincón de tu casa o del norte se esconden los fantasmas de Løse?
Busco el aislamiento relativo, en paseos, generalmente. Esta vez no ha sido una excepción. Impregnándome, eso sí, de los nuevos paisajes en los que vivo desde hace unos años, en el campo, pero cerca del mar. Todos los textos de Løse están contaminados de esos ambientes norteños, húmedos y grises.

Si mañana se apagara la corriente y las guitarras de hormigón dejaran de sonar, ¿qué disco rescatarías de la quema para que te acompañe en el silencio? ¿Uno de esos de los setenta que mencionas o algo que nos sorprendería?
No lo sé, soy muy dado a cambiar de registros. Alguno de Lanegan, seguro. Nick Cave, quizá el último disco, también. Últimamente me ha enganchado Made of rain, el último de The Psychedelic Furs. Madrugada, y por cambiar de dirección, You are the quarry, de Morrissey.

Tu música siempre ha tenido algo de noir. Si este nuevo disco fuera una película proyectada en un cine de sesión continua, de esos que huelen a humedad y olvido, ¿quién la dirigiría y en qué escena entraría el tema “Hay un hueco en algún sitio”?
Esa canción creo que entraría perfectamente en una de Tarantino. Porque la veo demasiado moderna para Sam Peckinpah. También David Lynch, del que, por cierto, me encantan sus discos y sus cuadros. Podría ser en la escapada de alguna escena intensa, algo violenta, quizá.

Suelo imaginarte con un libro en el bolsillo del abrigo mientras caminas por el Bulevar. ¿Qué autor te ha estado dando martillazos en la cabeza mientras dabas forma a estas nuevas letras? ¿A quién le debemos esta “forma de romper la rima”?
Eso lo he hecho a menudo, por influencia de mi abuelo, supongo, el Dr. Luis Vasallo. Leo sin ningún orden, novelas negras, ensayos, biografías, narrativa. Si se me ha pegado algo de los últimos que han caído podrían ser de Paolo Cognetti, Joan Didion, Ivy Pochoda, Deirdre Madden, Patti Smith, Sam Shepard, Audrey Magee, Tana French, Linn Ullmann, Vigdis Hjorth…

Has dicho que Løse nace por las ganas de ser “uno de ellos”, ser parte de una banda y alejarte de la figura del intérprete. Si pudieras viajar en el tiempo y colarte en el local de ensayo de cualquier banda, a oscuras, solo para ver cómo ocurre el milagro, ¿en qué puerta llamarías? ¿Qué banda elegirías?
Difícil elegir, muchas: The Jesus & Mary Chain, The Psychedelic Furs, Suede, Viagra Boys, The Bad Seeds, Mark Lanegan Band, y el colmo sería Bowie ensayando para el álbum The Next Day.

Dime qué pedal de efecto, qué guitarra vieja o qué cacharro analógico ha sido el responsable de ese sonido de “hierro y terciopelo” que habéis parido en el estudio. ¿Cuál es el juguete favorito de este nuevo escuadrón?
Bueno, el especialista en pedales es Fer García, el guitarrista de la banda. Usa muchos, de todo tipo. Pero yo creo que el fuzz ha sido bastante protagonista. Guitarras, Gibson, Fender, y en mi caso Gretsch y National.

¿A qué garito, real o imaginario, nos llevarías para celebrar que este disco ya no es tuyo, sino de los que habitamos los márgenes? ¿Qué suena de fondo y qué estamos bebiendo?
Un local a la vieja usanza, con mesas, terciopelo, moqueta gastada, y música de Elvis de los setenta, Gainsbourg, y también The Stooges, Bowie, Marc Bolan… Yo, desde luego, bebería vino tinto.

Después de tantas estrofas escritas y tantos cuadros pintados, ¿qué inspira más, lo negro sobre el blanco, o lo blanco sobre el negro?
A mí el negro sobre el blanco me tira mucho. También los grises, con su infinita variedad de matices…

 

«Todos los textos de Løse están contaminados de esos ambientes norteños, húmedos y grises»

 

Eres un pintor acostumbrado a mancharte las manos, al claroscuro, al trazo grueso sobre el lienzo. Cuando cierras los ojos y escuchas ese muro de fuzz y hormigón que levanta Fer García con la guitarra, ¿qué técnica pictórica sería este disco? ¿A qué color huele Løse?
En este caso, es muy fácil, a los paisajes de Jesús Mansé, que hemos utilizado para las portadas. En esos muros de sonido yo veo las mareas y las brumas de Mansé, esos ambientes fríos, casi congelados, de una belleza inquietante.

Tu voz siempre ha sido un refugio nocturno, grave y reflexivo. Pero aquí tiene que abrirse paso a machetazos entre sintetizadores y guitarras abrasivas que reclaman su espacio. ¿Cómo se canta desde el fondo del pozo sin que el estruendo de la banda se trague la poesía?
No es fácil, yo estoy acostumbrado a ambientes oscuros, pero menos ruidosos, algo más acústicos. He subido algo los tonos en los que solía cantar y la voz se ha integrado más en la banda, ya no es tan protagonista como en mis discos. En cualquier caso, está siendo un reto para mi pequeña y áspera voz.

Conozco bien tu liturgia: el valor de tus paseos solitarios, la lectura reflexiva, la quietud y ese “mutis” deliberado del que siempre has extraído oro. Resulta fascinante cómo, para este disco, has transmutado toda esa calma monacal en una tormenta de decibelios, ruido y furia. Si hoy el tiempo te exigiera quemar las naves y elegir un único exilio definitivo, ¿en qué trinchera te quedarías a vivir: en el silencio que te engendra o en el estruendo que te libera?
Si tuviera que elegir como destino definitivo, elegiría el silencio, sin duda. Pero es verdad que sentía la necesidad de algo de estruendo y furia, el ruido como una forma incómoda de belleza. Como las olas golpeando malecones que no dejan escuchar nada más que su misteriosa fuerza.

Ahora que ya estamos en confianza y con una copa de vino en la mano cuéntame la canción que te hubiera gustado robar o esa que escuchas y piensas: «Maldita sea, esto suena a lo que Løse debería haber sido hace veinte años». ¿Cuál es esa pieza ajena que sientes como propia?
Podría ser “Death bells”, de los Soulsavers con Lanegan.

El nombre de la banda, Løse, en noruego significa “soltar, desatar, zanjar, desatar algo amarrado”. ¿Cuáles fueron el primer y último nudo que soltaste para formar esta banda y para llegar hasta aquí, a este preciso momento de ruido y poesía?
Sobre todo, el nudo de la inercia que te lleva a continuar por caminos que ya has recorrido. Es muy fácil dejarse llevar por lo que más o menos conoces. Para avanzar, cada cierto tiempo hay que soltar y tirar todo por la borda. De eso trata este proyecto y este disco. En cualquier caso, siempre me han atraído esos cambios bruscos, ese lanzarse a lo desconocido, asumir riesgos para estrellarte una y mil veces.

Estos días estas canciones ya están mirando a los ojos al público. Cuando el bajo de Xabi Arratibel empiece a hacer temblar la madera del escenario y el humo lo cubra todo, ¿qué estado mental o emocional esperas provocar en el espectador que os esté mirando desde la primera fila?
Toda música busca generar sensaciones. Espero que sean placenteras. Atención, intensidad, en busca de una densa y oscura belleza.

 

Próximos conciertos:
Aranda 17 abril (Le Club)
Logroño 25 abril (Stereo)
Donostia 16 mayo (Kutxa Kluba – Tabakalera)
Bilbao 21 mayo (Lumiere)
Madrid 11 junio (Siroco)
Tolosa 24 octubre (Bonberenea)
Irún 21 noviembre (CBA)

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