En los setenta años de Keith Richards

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«El alzamiento de Keith Richards el rock and roll cambió su pelaje, ya no tenía la pureza de los negros pero se volvió un animal distinto que fusionaba esa sexualidad primigenia con un carácter forajido»

 

El mitológico guitarrista de The Rolling Stones cumple setenta años y le dedicamos nuestros mejores deseos con este breve texto de homenaje.

 

 

Texto: JUANJO ORDÁS.

 

 

Con la celebración del setenta cumpleaños de Mick Jagger, comentábamos el auge que su figura está teniendo según la historia de The Rolling Stones se aposenta, especialmente en comparación con la de Keith Richards, no porque la del guitarrista decaiga, sino porque el vocalista se está colocando a su mismo nivel mitológico. Pero, efectivamente, Keith sigue cómodo en vida en su panteón sagrado de divinidad rock and roll, tanto que hoy mismo cumple setenta años. Y si felicitamos a Mick, Keith no va a ser menos.

Por mucho que se le intente desmitificar, esa maraña de juegos trileros, historias que devienen en leyendas, aventuras y desventuras no hace sino imbuirle de un componente más legendario. Los antiguos mitos tienen múltiples versiones, como la vida de Keith, lo cual le hace aún más mítico. Cuesta pensar así contemplando sus fotografías junto a los Stones en los primeros años de la década de los sesenta, donde parece un chaval normal rodeado de dos machos alfa como Jagger y Brian Jones. Pero al poco tiempo ya les estaba haciendo sombra o eclipsando en el caso concreto de este último. El crecimiento de Keith fue espectacular, tanto como autor de canciones una vez se puso a componer mano a mano con Mick como a nivel estético.

En el vídeo de ‘Jumpin’ Jack Flash’ ya emana un carisma potentísimo, casi se puede oler su perfume de rock and roll, un concepto que en gran medida definió. Porque con el alzamiento de Keith Richards el rock and roll cambió su pelaje, ya no tenía la pureza de los negros pero se volvió un animal distinto que fusionaba esa sexualidad primigenia con un carácter forajido. También suponía revitalizar el concepto de estrella de rock and roll como el de una aristocracia bohemia, siendo apoyado en ambas tareas por otras luminarias coetáneas en el arte del desenfreno, la electricidad y el glamour. Era el momento de subirse a una limusina rumbo al paraíso de la eternidad donde el bautismo como deidad entre los mortales era un hecho.

Sin embargo, su perfecta-imperfecta forma de tocar la guitarra siempre nos hace pensar que en algún momento fue uno más de nosotros, sus manos deshilachando notas siempre han sido una muralla pétrea que protege la compasión y el corazón, tanto suyo como nuestro. Cuando canta, sus historias son las de cualquiera, porque a veces todo es tan sencillo como tener amor para ser feliz, porque a todos nos gustan las tetitas y el culito de nuestra chica. Pero hablar es fácil, así que limitémonos a pedirle a Keith que cumpla otros setenta más, ¡si alguien puede es él!

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