
«El hombre que en los setenta fundó The Jam bajo el influjo del punk lleva décadas siendo otro, y otro, y otro más»
Xavier Valiño se adentra en el nuevo trabajo de Paul Weller, Weller at the BBC Vol. 2 (Parlophone / Warner, 2026). Un disco que cubre el período de 2008 a 2024, una etapa en la que apostó por el folk, el krautrock, la psicodelia o el jazz.
Texto: XAVIER VALIÑO.
Tres discos, cuarenta y ocho canciones, dieciséis años de sesiones en los estudios de la BBC. El volumen 1 de esta misma serie llegó en 2008 y cubría el periodo 1990-2008, es decir, la resurrección del hombre de Woking tras el fin del Style Council. Este segundo volumen recoge el tramo siguiente, de 2008 a 2024, que casualmente coincide con lo que muchos consideramos la etapa más ambiciosa e impredecible de su trayectoria en solitario: la que arranca con 22 dreams y atraviesa discos como Sonik kicks, True meanings u On sunset, cada uno abriendo una puerta distinta hacia el folk, el krautrock, la psicodelia o el jazz. El hombre que en los setenta fundó The Jam bajo el influjo del punk lleva décadas siendo otro, y otro, y otro más.
La curiosidad que define mejor esta entrega es su orden no cronológico. Weller no quiere presentar las grabaciones en línea temporal y opta por mezclar épocas y formatos: una íntima Sesión en el Sofá convive con una actuación orquestal en la emisora pública Radio 2 de la BBC, una maqueta desnuda de guitarra y voz aparece junto a una tormenta eléctrica de banda completa. El resultado es un retrato más honesto que cualquier discografía ordenada por fechas.
Entre los momentos más llamativos está su versión de “What was I made for?”, el tema de Billie Eilish que Weller convierte en algo etéreo y propio, sin asomo de condescendencia ni de nostalgia impostada. Es la demostración de que a sus 67 años sigue escuchando lo que ocurre a su alrededor.
“The eton rifles”, recuperada de sus días con The Jam, mantiene intacta su indignación de clase, con esa rabia perfectamente controlada que le ha perseguido desde 1979. Y “Boy about town”, grabada con la Orquesta Metropolitana de Londres en el Teatro de la BBC, gana en solemnidad sin perder un gramo de electricidad.
No todo el cofre brilla igual. Con cuarenta y ocho cortes, hay momentos en que el peso de la cantidad aplasta al oyente antes de que llegue la siguiente revelación. Algunos temas del periodo medio de su carrera en solitario suenan menos incandescentes que en estudio. Pero eso, en un documento de esta envergadura, casi es inevitable.
“Broken stones”, con la voz ya curtida por los años, cierra el tercer disco con una solvencia tranquila que dice más sobre la trayectoria de Weller que cualquier retrospectiva escrita. No necesita demostrar nada, y eso solo suma.



















