El murmullo de la lluvia, de Daniel Cros

Autor:

DISCOS

«No le interesa tanto contar canciones como escuchar lo que ellas le piden»

 

Daniel Cros
El murmullo de la lluvia
ROSAZUL, 2026

 

Texto: CARLOS H. VÁZQUEZ.

 

El murmullo de la lluvia (Rosazul, 2026), el nuevo trabajo del catalán de Poblenou Daniel Cros es menos un álbum de recapitulación que una forma de volver a poner las canciones en movimiento. Cros, que ya venía de y que en esta nueva etapa trabaja también con Las Almas Sedientas, convierte su undécimo disco en un ejercicio de relectura: piezas publicadas antes reaparecen ahora con otro vestido, otras voces y otra temperatura para comprobar qué ocurre cuando un repertorio se expone de nuevo al aire y al roce, en este caso con siete colaboradores latinoamericanos (Pablo Sciuto, Norge Batista, Omar Camino, Manuel Monestel…) que amplían su paisaje sonoro. Sirvan de muestra “Mali Blues” (junto al costarricense Manuel Monestel), “Fortuna de haberte conocido” (con Pablo Sciuto) o “No me falles tú” (con Norge Batista).

Ese principio se aprecia muy bien en las mutaciones concretas que plantea el disco, siendo “Empezó a nevar” un ejemplo, pues deja atrás su aire más raigal —pero no tanto— para adentrarse en el cabaret. Cros explica que no le interesa tanto contar canciones como escuchar lo que ellas le piden; habla de «mudar la piel», de lavar lo aprendido, impulso que se percibe en todo el disco; lo que aquí se trabaja es una voluntad de reescritura continua, casi queneauiana (por el poeta francés Raymond Queneau), constituidas de la misma materia.

Pesa mucho la dimensión atmosférica en el repertorio. Cros habla de días lluviosos (pero no saca el paraguas), de sentirse en contacto con la naturaleza, y esa sensibilidad se filtra en las canciones de El murmullo de la lluvia (también aplicable al anterior álbum, El rumor de las olas) con el agua, el viento, el mar (“Aire de mar” y la propia “El rumor de las olas”), la niebla, el incendio (“Cielo rojo”, que no está grabada), estaciones desplazadas y la devastación (“Las palmeras y el viento”).

De hecho, el disco se abre con un recitado donde la lluvia golpea el cristal y se revuelven «recuerdos todavía no resueltos». Una declaración de método. El músico compone desde el tiempo meteorológico porque sabe que el tiempo interior rara vez avanza en línea recta. Así, El murmullo de la lluvia se somete a cambios de presión, de ahí que su escucha resulte tan física.

Daniel Cros trata en este trabajo el pasado para que no se convierta en un lastre. El autor insiste en esa misma intuición: lo importante no es la trayectoria acumulada, sino el terreno todavía no explorado, las canciones aún no escritas, los conciertos aún no dados. Y El murmullo de la lluvia funciona justo ahí, en ese punto exacto de la tormenta en el que la memoria deja de ser un refugio y se vuelve impulso eléctrico.

Anterior crítica de disco: Dig!, de Mamas Gun.

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