El Fluido García (2011), de Sidonie: Culos inquietos en la máquina del tiempo

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Marc Ros: «Evitamos por todos los medios ser esclavos de nuestra obra»

 

Tito Lesende reconstruye la historia del sexto álbum de Sidonie, El Fluido García, reeditado este viernes. La colección con la que el trío regresó a la psicodelia.

 

Sidonie
El Fluido García
SONY MUSIC, 2011

 

Texto: TITO LESENDE.

 

En 1887, el madrileño Enrique Gaspar y Rimbau publicó El anacronópete; la primera novela de la historia que habla de una máquina para viajar en el tiempo. Una editorial catalana la comercializó ocho años antes de que H.G. Wells utilizara la misma idea en su clásico The Time Machine. En el argumento de su obra pionera, Gaspar y Rimbau describe las asombrosas propiedades del Fluido García, una especie de antídoto que permite a las personas trasladarse al pasado sin rejuvenecer. En esta sustancia se inspiró Sidonie para titular su sexto álbum. El Fluido García supone también una regresión formal para el grupo, que abandona la inmediatez del pop para volver a la psicodelia.

Hoy, en 2018, los miembros de Sidonie conversan acerca de este disco mientras eligen la mixtura óptima de ginebra, tónica y botánicos para ese momento de la tarde. Acuerdan poner poco hielo a sus cócteles, pero el resto es un sinvivir de opciones. Axel no beberá alcohol. A Marc le apetece una ginebra seca. Jes y él estudian con el camarero sus posibilidades. Saben de lo que hablan; sin esfuerzo asocian cada marca con su procedencia y principales características y emplean mucho el verbo jugar: “Yo, con esta, jugaría con un poco de limón y nada más”. Nadie va a resultar herido; las dosis son prudentes. Solo se trata de Sidonie ejecutando la joie de vivre.

Encauzada la comanda, la conversación viaja a 2011. “El Fluido García era una reacción a algunas canciones de El incendio”, resume Axel Pi. «Era un discurso frontal y un alejamiento conceptual del pop. Era ese gesto de borrar de tu teléfono el número de esa chica de la que te habías enamorado y que te ha roto el corazón. Con el tiempo, te la encuentras por la calle y recuperas la relación desde la amistad. Pero, momentáneamente, necesitas borrar su teléfono y alejarte de ella porque te duele».

Sidonie vivía el auge de su carrera. Venía de una gira en la que había llenado salas con un público conquistado o reconquistado que gritaba sus canciones. Y, en un nuevo giro de timón, ponía rumbo al riesgo. Regresaría a las guitarras, a los desarrollos instrumentales, a la psicodelia. «Nuestras familias, parejas, productores y compañía discográfica pensaron que se nos había ido la cabeza», recuerda Marc Ros. «En realidad, era la respuesta del grupo a nuestro trabajo anterior; una especie de insulto a esa fase de la que veníamos. No queríamos saber nada de ello. Con Fascinado, Costa Azul y El incendio habíamos completado una trilogía y ahora queríamos cerrar el libro y pasar a otra historia. Ante todo, estamos en la música para divertirnos y no queríamos acabar siendo otro grupo de pop-rock español que solo se dedica a hacer una cosa».

Lo recuerda Jesús Senra: «Recuerdo algunos conciertos de la gira de El incendio y me daba mucho miedo. En La Farga, en Hospitalet de Llobregat, vimos en primeras filas a chicas que llevaban corazones pintados en la cara con nuestros nombres. No podía dejar de pensar en ello y estaba muy preocupado. En algunas ciudades, bajábamos de la furgoneta y venían chicas muy jóvenes corriendo. Era una histeria que no tenía nada que ver con nuestra carrera y me asustaba que estuviésemos convirtiéndonos en un grupo de moda. Nosotros habíamos trabajado para conseguir un público fiel a lo largo de los años, y espero que esto no suene presuntuoso o elitista, pero ese público no estaba en las primeras filas; no era lo que podíamos ver desde el escenario».

Marc Ros continúa la historia: «Evitamos por todos los medios ser esclavos de nuestra obra. Si la música que hacemos es un reflejo de los discos que tenemos en nuestras casas, hubiera sido un error seguir por esa senda. Tal vez exageramos con El Fluido García y el cambio fue demasiado brusco, pero hoy estoy muy feliz de seguir tocando “El bosque” y otras canciones de este álbum». Por su parte, Axel Pi asegura que escoger “El bosque” como primer single «era una declaración de intenciones. Salíamos con un tema sin apenas estribillo, pero convencidos de lo que hacíamos. Jes ha descrito una situación incómoda y con El Fluido García decidimos hacer algo que en ese momento nos haría sentirnos muy cómodos: rock pesado, agresividad, suciedad, psicodelia y esencia de grupo tocando en directo. Eso íbamos a defenderlo a muerte; más que haber seguido adelante con un disco continuista».

 

 

El trío recuerda un día que el Jefe de Producto y el responsable del departamento de A&R de Sony Music se acercaron al estudio a conocer el trabajo recién terminado. A medida que avanzaba la escucha, en sus rostros iban asomando síntomas de asombro e inquietud, y así lo percibió el grupo. Con todo, Sony Music decidió apoyar el lanzamiento, lo cual Sidonie siempre ha agradecido. La versión definitiva de la grabación fue enviada a continuación a Carlos López, entonces presidente de la compañía en España. «Nos habíamos tomado unas pequeñas vacaciones», recuerda Axel, «y recibimos su llamada. Nos dijo que estaba muy preocupado, que creía que le había llegado por error la maqueta del disco y no el producto final. Se lo explicamos, pero él no se lo creía. Decía que había cosas mal grabadas. Le respondimos que se trataba de efectos de compresión y distorsión, que todo era premeditado. Se quedó muy aturdido; pensaba que íbamos a continuar en la dirección del disco anterior y nuestro cambio lo cogió por sorpresa. Quedamos en que iríamos a su despacho a resolver todas las dudas que pudiera tener, a explicarle cada detalle de cada canción, por qué sonaba así y hacia dónde queríamos ir. Pero, a los tres días de aquella conversación, nos llamó de nuevo para decirnos que había habido una reestructuración en la compañía y lo habían echado. Nunca sabremos qué hubiera pasado en la reunión».

 

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Marc Ros: «Estamos en la música para divertirnos y no queríamos acabar siendo otro grupo de pop-rock español que solo se dedica a hacer una cosa»

 

El Fluido García no es un álbum psicodélico, en puridad. Y, desde luego, hablamos aquí de psicodelia como opción artística y no como ejercicio de estilo: a estas alturas, Sidonie ya había integrado el género alucinado y lo había hecho suyo. El nuevo sonido daba especial presencia a las guitarras, que se muestran en este álbum más potentes que en ningún otro. «La distorsión y la intensidad que caracterizan este disco me hacían la escucha muy difícil», dice el propio Marc Ros. «No es que no me gustara, pero es que nunca encontraba el momento, porque me resultaba abrasador. Esto no me ha pasado con ningún otro trabajo de los nuestros. Con el tiempo lo he asimilado y escucharlo ya me parece agradable».

El repertorio se abre con la mencionada “El bosque”, la primera favorita del grupo, que se ha mantenido como puntal en los conciertos de Sidonie. “Tormenta de verano” o “Alma de goma” podrían ser la actualización del álbum Contrabando de Los Brincos y huelen, en general, al rock progresivo español posterior a 1968. “Bajo un cielo azul (de papel celofán)” presenta unas armonías vocales demenciales y magníficas, muy de otra época, que van de Simon & Garfunkel o Crosby, Stills & Nash a nuestros más cercanos Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán. Al contraste, “A mil años luz” se alista en la facción más atemporal del cancionero de Sidonie, con unos exquisitos tránsitos melódicos. Claramente, El Fluido García es un álbum de concepto más que de singles.

Habla Jesús Senra: «Cuando comenzó la gira, mi sensación fue de una acogida plana. Eso sí: ya no venía la gente más joven, ni quienes se pintaban corazones con nuestros nombres. El Fluido García es un disco que me encanta y yo estaba orgulloso: había sido una propuesta valiente que los tres habíamos defendido por igual. Recuerdo momentos importantes, como tocar en el Sonorama, que lo pusimos patas arriba. Sacamos tanto pecho con ese disco que a veces no nos presentábamos en concierto como Sidonie, sino como El Fluido García». Cierra Axel Pi: «El cambio estilístico propició que volviéramos a ser acogidos por los festivales de la escena independiente, que entonces estaban en plena eclosión. Con El incendio habíamos tocado en muchas salas, pero no en grandes eventos, porque la industria indie nos había dado un poco la espalda al advertir nuestra pretensión comercial. Creo que El Fluido García, en cierto modo, nos recolocó en ese circuito».

 

Próxima entrega: Sierra y Canadá (2014), de Sidonie: Sintetizadores, azúcar y amores robóticos: Sierra y Canadá.

Entrega anterior: El incendio (2009) de Sidonie: Amor, exaltación del pop y mitomanía en Abbey Road.

 

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