El Drogas: Seis horas celebrándose a sí mismo

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 “Mientras los primeros asistentes accedían a la Ciudadela, El Drogas los recibía sobre la hierba, con una guitarra acústica primero y un piano después”

 

Se anunciaba como un concierto especial para repasar la carrera de El Drogas y registrarla en un cedé y deuvedé, y lo fue. Más de seis horas en directo y decenas de invitados de primera fila, como Fito Cabrales, Carlos Tarque, Luz Casal, Quique González, Leiva o Iván Ferreiro, que formaron parte de esta cita inolvidable. Allí estuvo Javier Escorzo.

 

El Drogas
Ciudadela de Pamplona
2 de julio de 2016

 

Texto y fotos: JAVIER ESCORZO.

 

Hace años que no está en Barricada, pero El Drogas sigue en la barricada. Mantiene intacta su actitud contestataria y combativa, en revuelta permanente contra cualquier atisbo de postura acomodaticia. Por eso siempre está en movimiento. Y por eso ahora, después de más de tres décadas de carrera musical, está entregando sus mejores obras. La última de ellas, el triple álbum “Demasiado tonto en la corteza” (Maldito Records, 2013), le ha mantenido en la carretera durante tres años.

 

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En ese tiempo no se ha aburrido; también ha publicado cuatro epés que regalaba a la entrada de sus conciertos, y ha combinado tres formatos de actuación diferentes. Primero, las presentaciones al uso de su último disco. En segundo lugar, las de El Drogas Rythm & Blues Band, en las que añadía a su banda dos coristas y un teclista e interpretaban canciones menos obvias de su inagotable cancionero, acercándolas a sonoridades propias de la música negra. Y por último, otras actuaciones en las que recuperaban el repertorio de “La tierra está sorda” (DRO East West, 2009), el último disco que grabó El Drogas con Barricada.

 

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Consciente del buen momento que ha alcanzado con su banda, ha querido plasmar todas estos proyectos en un disco en directo que editará Warner el próximo otoño bajo la supervisión de Carlos Raya. La grabación tuvo lugar en el parque de la Ciudadela de Pamplona el sábado pasado. La cita era histórica, y las seis mil entradas que se pusieron a la venta se agotaron hace ya varios meses.
El concierto estuvo dividido en cuatro partes. Mientras los primeros asistentes accedían a la Ciudadela, El Drogas los recibía sobre la hierba, con una guitarra acústica primero y un piano después. Fueron unas pocas canciones, un breve saludo que se hizo habitual en muchos conciertos de la gira. En otros, El Drogas y su banda se disfrazaban para telonearse a sí mismos bajo el irónico nombre de Ángel Casto y Los Honestos.

 

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Después, mientras un río de gente seguía haciendo cola para entrar (había muchos asistentes y un único punto de acceso), El Drogas se dirigió a otro escenario. Mientras caminaba (seguido por centenares de personas) se despojó del chaleco, la chistera, la corbata y la camisa; su mujer (o como el la llama, su “socia”), Mamen, que le acompaña en todas sus aventuras, le dio otra camisa para la siguiente actuación. Y con el nuevo atuendo se subió al segundo escenario, donde le esperaban sus tres compañeros (Brigi Duke en la batería, Txus Maraví en la guitarra y Flako Txarrena en el bajo) para interpretar un puñado de canciones de “La tierra está sorda”, el disco que Barricada dedicó a la Guerra Civil. La preparación de aquel álbum fue exhaustiva: El Drogas leyó más de un centenar de libros sobre el tema, visitó lugares relacionados con la contienda y se entrevistó con decenas de supervivientes. Hasta tal punto se involucró que hoy, siete años después de su publicación, sigue haciendo conciertos especiales con ese repertorio, bajo la denominación de “La Banda De La Des-Memoria”.

 

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Tras estas dos actuaciones comenzaron los conciertos principales de la noche en un nuevo escenario, más grande que los anteriores y ya con los seis mil asistentes rugiendo. A las 21:30 empezó el espectáculo que han titulado “El Drogas Rythm & Blues Band”; fue entonces cuando comenzaron a aparecer los invitados. Rulo, Ara Malikian, Luz CasalIván Ferreiro hizo suya ‘En punto muerto’, devolviéndole así el favor a El Drogas, que colaboró en el disco en directo con el que Piratas despidieron su carrera (“Fin de la segunda parte”, Warner Music Spain, 2004). Los Zigarros pusieron sus guitarras y su actitud al servicio de una salvaje recreación de ‘La hora del carnaval’ (excelente el trabajo en los teclados de Germán San Martín). Leiva interpretó ‘No sé qué hacer contigo’, un tema que conoce bien, pues ya lo versionaba en la época de Pereza. Y Quique González se llevó a su terreno ‘Collar abandonado’. Hubo también un par de versiones: ‘Héroes’ de David Bowie, en la adaptación que hizo Parálisis Permente (conviene recordar que El Drogas solía tocar ‘Autosuficiencia’, el tema más célebre de la banda de Eduardo Benavente y Ana Curra, en la gira de Txarrena, su primer disco al margen de Barricada a principios de los 90). Y ‘Frío’, de Alarma, que interpretó junto a Fito, Carlos Tarque y Rosendo, y que quiso dedicar a la memoria de Manolo Tena.

 

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Para el cuarto (y último) concierto se retiraron los teclados y las coristas, y la banda se redujo a su núcleo elemental: guitarra, bajo y batería. Llegó el momento de abandonar las sutilezas y exhibir toda su fuerza bruta. Para ello contaron con la inestimable ayuda de otros amigos como Carlos Escobedo (Sober), Yosi (Los Suaves) o Kutxi Romero (Marea). A pesar de llevar más de seis horas de concierto (apenas interrumpidas por dos breves descansos), ni el público ni la banda mostraban signos de desfallecimiento. A las dos de la madrugada, cuando sonaron los últimos acordes de ‘En blanco y negro’ y la banda se retiró al camerino en busca de su merecido descanso, el público todavía pedía más. Pero ya no había tiempo. El que quiera repetir tendrá que esperar a que se publique el disco, porque la fiesta del sábado puso el punto final a esta gira. Aunque conociendo a El Drogas, seguro que ya tiene preparado su siguiente movimiento, y no podrá aguantar mucho tiempo sin darlo.

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