El disco del día: Laura y Los Branigan

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“Escuchando sus canciones resulta inevitable pensar en lo que podría conseguir Christina Rosenvinge si, en lugar de susurrar, cantara como lo hace Laura. Aunque, para eso, tendría que tener su magnífica voz”


Laura y Los Branigan
“No me acordé de mirar”
AUTOEDICIÓN


Texto: EDUARDO GUILLOT.


Pese a compartir un idioma común, tradicionalmente las relaciones entre la música pop del ámbito latinoamericano y España han resultado problemáticas. Por un lado, a los grupos de éxito siempre les ha dado cierta pereza empezar desde cero en nuestro mercado (Los Fabulosos Cadillacs, por ejemplo, llenaban estadios en Argentina mientras aquí eran unos desconocidos). Por otro, su acceso al público español ha dependido casi siempre de estrategias de marketing multinacionales con objetivos muy claros: Mejor vender a los modosos y fotogénicos Maná que a los revoltosos Maldita Vecindad. Y no es casualidad que el primer ejemplo sea argentino y los segundos mexicanos. Se trata de los países desde los que se ha intentado en más ocasiones, aunque siempre desde la perspectiva equivocada.

Ahora el punto de mira se ha puesto en Chile. A diferencia de casos precedentes, esta vez el “hype” llega desde el frente independiente, lo cual parece otorgarle mayor autenticidad, y nadie deja pasar la ocasión de hablar de Gepe, Dënver o Javiera Mena. Sin entrar a valorar la calidad de sus propuestas musicales (ni de las de los grupos citados con anterioridad), el espejismo es el mismo de antaño: No asistimos a la eclosión de una escena nacional (como si antes no hubiera existido música en el país de turno), sino a la habilidad de ciertos responsables de promoción. En el caso concreto de Javiera Mena, por ejemplo, hay que reconocer el trabajo de Borja Prieto (herzio.fm), bien situado en la industria madrileña y con los contactos necesarios para que un artista se convierta en fenómeno mediático. Y si bien es de agradecer que empecemos a conocer el electropop chileno o la explosiva electrocumbia de los colombianos Bomba Estéreo (con años de retraso, en ambos casos), no es menos cierto que seguimos ignorando lo que ocurre en la escena musical del país a un nivel más amplio. Exactamente igual que cuando las majors traían de gira a bandas como Aterciopelados, más por ver si sonaba la flauta que por dar a conocer al público español a un artista que podía ser de su interés.

Así las cosas, y valga la introducción para situarnos, poco o nada sabemos de la escena uruguaya, más allá del rock festivo de No Te Va Gustar y La Vela Puerca. Nunca nos llegaron los discos de Hablan Por La Espalda, Astroboy, DanteInferno, The Supersónicos, La Hermana Menor o, y ya nos vamos acercando, los Buenos Muchachos, que dejaron tras de sí cinco estupendos álbumes entre 1996 y 2006. Con ellos tocó durante un tiempo Laura Gutman, que actualmente lidera grupo propio: Laura y los Branigan.

Hace un año exacto, la banda publicó en el mercado uruguayo y de manera totalmente independiente “No me acordé de mirar”, un álbum que ahora, para celebrar el aniversario, ofrecen en descarga directa desde su página web, motivo por el que el público del resto del mundo puede acceder de manera gratuita y sin intermediarios a sus canciones. Eso sí, el usuario de internet se queda sin poder disfrutar del envoltorio original, un cuidado diseño de packaging reservado para quienes compraron alguna de las copias físicas (numeradas) editadas en su momento. A cambio, descubrirá a una compositora de gran sensibilidad.

Laura y los Branigan habían debutado en 2005 con “Disco negro”, un miniálbum de siete temas (también disponible en su web) en el que destacaba ‘Hey, my friend’, una canción con vocación de hit que lo hubiera sido de haber obtenido la difusión que merecía. No fue así, y la banda, que tiene un ritmo de trabajo marcado por las circunstancias, se tomó cinco años para grabar su continuación. Mario Davrieux, Manuel Rilla, José López, Gustavo Antuña y Bruno Tortorella acompañan a Laura (que canta en inglés y castellano) en una grabación exquisita, por la que ha valido la pena esperar. Y que, sobra añadirlo, estaría en boca de todos si el asunto no dependiera de los resortes promocionales, sino de la calidad de la música.
Pero de nada sirve lamentarse. Al contrario, hay que celebrar que “No me acordé de mirar” esté al alcance de todo aquel que tenga curiosidad por aproximarse y curiosear en el mundo de Laura Gutman, caracterizado por su concepción intimista del rock, en la que se combina una educación musical macerada en los ochenta (algunas guitarras están cerca de The Cure) con intereses plenamente contemporáneos (fraseos y melodías que remiten a PJ Harvey). Escuchando sus canciones resulta inevitable pensar en lo que podría conseguir Christina Rosenvinge si, en lugar de susurrar, cantara como lo hace Laura. Aunque, para eso, tendría que tener su magnífica voz.

Más allá de comparaciones epidérmicas, lo que realmente vale la pena es sumergirse en el disco y descubrir nuevos detalles con cada escucha. Una batería tocada con escobillas, pequeños aderezos de percusión, arreglos de cuerda, un piano conmovedor… Aunque ponga a prueba la paciencia de los músicos, que siempre desean editar su trabajo cuanto antes, el paso del tiempo también permite a veces que un repertorio madure, crezca y tome forma de manera paulatina. Es lo que ha ocurrido con las composiciones de este álbum. Por eso se adhieren al oyente sin urgencia, suavemente, y le acompañan durante mucho tiempo. Medios tiempos mecidos por ritmos narcóticos que flotan, ingrávidos, en un espacio-tiempo paralelo, ajenos a las imposiciones de la industria, confeccionados artesanalmente y capaces de llegar al corazón de aquel que les preste la atención que merecen. Hagan la prueba.

Puedes descargarte el disco desde aquí.



Anterior entrega del disco del día: Alejo Stivel.

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