Discos: «Pequeños lujos de domingo», La Naranja Blossom

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«Un disco intenso que oscila entre el rock sudoroso, los medios tiempos arrebatados y las baladas entregadas»

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La Naranja Blossom
«Pequeños lujos de domingo»
WARNER

 

 

Texto: JUAN PUCHADES.

 

 

En estos tiempos, con el pop español viviendo uno de sus periodos más lamentables e insustanciales, descendiendo sin remedio y en tropel la desgastada y atiborrada escalera del indie monocolor, que un nuevo grupo decida eludir la dictadura sonora y apueste por el tan poco «cool» rock clásico merece ser celebrado. Porque hay que ser muy valiente para asumir que decenas de medios te ignorarán y para el grueso del público que se deja arrastrar por la corriente con sumiso borreguismo moderno, serás algo así como un paria que no se entera de nada. Sin embargo, ¡bienvenidos sean los osados que no quieren seguir al rebaño!

Y osados y valientes son La Naranja Blossom, un dúo madrileño (del barrio de Delicias) con sonido de banda de rock and roll, con guitarras en primer plano, ideando riffs imaginativos y puentes que, en ocasiones, se aproximan al hard rock, con una sección rítmica contundente y seca pero también elástica, con las raíces asentadas en la densa tradición del blues rock y con una voz solista que no se oculta en el muro de sonido y que, personal, resulta identificable desde los primeros versos. Sí, no hay duda, «Pequeños lujos de domingo» es un disco de rock and roll, tan hijo de los Rolling Stones como de Creedence Clearwater Revivial o Dylan, pero también de Burning, M Clan o Los Rodríguez. Además, cantado en castellano, con letras que pueden resultar algo herméticas al eludir la narrativa directa pero plagadas de versos sugerentes y meditados, reflejando ansiedades nocturnas, sentimientos generacionales, soledad y celebración de la amistad.

Además, La Naranja Blossom, o Juan Carlos Moya (guitarras y coros) y Adrían García (voz), debutan pertrechados con lo más importante: buenas canciones con las que cuajar un disco intenso que oscila entre el rock sudoroso, los medios tiempos arrebatados y las baladas entregadas. A destacar cortes como el stoniano ‘Traje de fiesta’; ‘Un sueño limpio’, con su punto a lo Led Zeppelin; la cadenciosa e inmensa ‘Traición’ («La felicidad se deja ver de a poco y te muestra el mar / que cruzas con tu mente cuando cierra el bar, son mentiras y reproches»); ‘Tinta china’ y sus ecos calamarescos bien entendidos («donde te arrastra siempre la cobardía, / hay un poeta triste con la soledad»); ‘El tren de los ateos’ y su espíritu country («Nos encendemos sin razón, / porque lo único que cuenta es la amistad y el amor»); el rock melódico de ‘Generación’ («Somos la generación perdida de la mano de Dios, / iré al infierno por ti, no está tan lejos»); la luminosa ‘Te vas’; la preciosa y redonda ‘Rutina sin pétalos’ («En el comedor hay un incendio, / tras la maleta, lloras en silencio»); o el blues rock arrastrado de ‘Te arrepentirás’.

No hay que finalizar sin mencionar la magnífica producción de Eugenio Muñoz, escueta pero eficiente, de fuerte impronta rockera y buscando constantemene la calidez de un sonido que desde los bafles nos llega como si la banda estuviera tocando en un garito solo para nosotros. Hasta en eso La Naranja Blossom son una rareza: se les nota que quieren que sus discos suenen bien y desean cuidar todos los detalles.

Un voto de confianza para ellos, porque «Pequeños lujos de domingo» te reconcilia con el rock and roll español, demostrando que con mimbres de sobras conocidos todavía se puede edificar algo nuevo que transmita pasión y levante el ánimo. Un disco de esos que si le dejas puede ser compañero de días y noches, de los que no se olvidan.

Anterior crítica de discos: “El cariño”, de Modelo de Respuesta Polar.

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