Discos: “Modo avión”, de Lichis

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«Acaba de editarse, pero ya hay ganas de ver por dónde transcurre esta nueva etapa creativa de Lichis. Por ahora, todo suena muy, muy bien»

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Lichis
“Modo avión”
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Texto: JUANJO ORDÁS.

 

 

Era difícil imaginarse que Lichis diera un giro al timón como el que ha dado, pero la cuestión es esa, que lo ha hecho y ha grabado un disco con el que se aleja diametralmente del sonido, concepto e imaginario de La Cabra Mecánica. Tal vez esto sea un inconveniente para aquellos que le relacionan con la verbena y la poesía callejera pero “Modo avión” es en realidad una reinvención en toda regla hacia un rock clásico de autor que renueva a Lichis como artista. Puede ser un campo mil veces pisado, pero esta es la primera vez que este hombre planta sus pies allí, y lo cierto es que pisa con fuerza. En un par de pinceladas, “Modo avión” gustará mucho a los fans de Quique González, especialmente si tenemos en cuenta que el estilo interpretativo de Lichis sigue siendo el de siempre, por lo que cualquier comparación es innecesaria más allá de la leve orientación. Sí que ha empezado a trabajar un fraseo distinto al habitual, su voz es la que es pero ahora parece que ha abandonado el acento de personaje para ser persona. No es que antes lo hiciera mal, es que ahora suena tremendamente cercano y más natural.

Contar con un tipo como César Pop que poco a poco se va haciendo un hueco como escudero de lujo en el pop español ayuda a que la dinámica de “Modo avión” sea distinta a cualquier cosa que pudieras esperar, a lo que hay que sumar una producción fantástica a cargo de Joe Blaney, otro habitual de estos parajes y, no nos olvidemos, el hombre que hizo sonar a gloria tantos discos míticos del rock de aquí. Sorprende encontrar a un honorable como Marc Ribot a las guitarras de buena porción del trabajo, pero es otro nombre dorado que añadir a un equipo en el que, que nadie se equivoque, mandan las canciones.

“Modo avión” no es especialmente triste, pero sí tiene un punto melancólico importante pese a la garra de su música, no hay tristeza, sino una fuerza vital y una ilusión que se aprecia canción a canción, pero sí que se da ese poso taciturno que ayuda a conectar con él. Acaba de editarse, pero ya hay ganas de ver por dónde transcurre esta nueva etapa creativa de Lichis. Por ahora, todo suena muy, muy bien.

Anterior crítica de discos: “Yesterday always knew”, de The Maharajas.

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