Discos: «Ghost stories», de Coldplay

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«Es un relato de nostalgia y resignación que ha encontrado en la sencillez su forma de existir.»

Coldplay-Ghost-Stories-03-06-14

Coldplay
«Ghost stories»
PARLOPHONE

 

 

Texto: WILMA LORENZO.

 

 

«Ghosts stories» es un relato de nostalgia y resignación que ha encontrado en la sencillez su forma de existir. Ocho cortes (dejemos fuera ‘A sky full of stars’ con Avicii, por el bien de todos) que brillan de una misma manera y nos llevan a un mismo estado emocional que lejos está del multicolor «Mylo xyloto» (Parlophone. 2011). Un giro que no es más que la constatación de que estamos ante una banda honesta que se sirve de la música según sean sus necesidades expresivas  y la convierten en la tinta que cae sobre el papel cuando estamos trazando una historia. Y ahí reside su grandeza.

De modo que olvidemos toda esa avalancha de elementos fluorescentes con el que Coldplay adornó su quinto álbum y dejemos paso a un calmado repertorio de azules que en canciones como ‘Oceans’ nos quieren recordar al aclamado «Parachutes» (Parlophone. 2000). Intimismo y sinceridad palpables desde un primer instante cuando ‘Always in my head’, tema que abre el disco, nos presenta el concepto en torno al cual Chris Martin y los suyos girarán en los próximos 43 minutos y que no es otro que el del amor perdido y proyectado en el futuro.

Para ello Coldplay se alía con Paul Epworth a la producción (Adele, Florence and The Machine, Maxïmo Park, Bloc Party) y logra crear un ambiente sonoro sobrio y constante que llega a su máximo esplendor en temas como ‘Midnight’ en el que Chris Martin se sirve del vocoder para filtrar su voz – y nos evoca inevitablemente a Bon Iver – y la electrónica termina por adueñarse de todo. Medios tiempos y elegancia en los que Chris Martin llora por ese amor perdido cuidándose de no mostrar desesperación.

Así que «Ghost stories» no es un disco en el que encontrar altos y bajos, no es un disco dinámico ni es aquello que cabía esperar como continuación de su trabajo anterior. Es el álbum que Chris Martin necesitaba hacer. Y es comprensible que su solemnidad abrume. Entiendo hasta que aburra. Pero al menos yo me la creo.

Anterior crítica de discos: “Life journey”, de Leon Russell.

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