Discos: “El baile de los muertos”, de Luis Yepes

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“El disco que muchos llevaban esperando desde hace años. Rock español con querencias norteamericanas, nada nuevo hasta ahí, pero resulta que Yepes suena a sí mismo”

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Luis Yepes
“El baile de los muertos”
LOW WHISTLE RECORDS

 

 

Texto: JUANJO ORDÁS.

 

 

Muy buena apuesta la de Luis Yepes y la de la gente de la discográfica Low Whistle Records. Porque acaban de lanzar al mercado el disco que muchos llevaban esperando desde hace años. Rock español con querencias norteamericanas, nada nuevo hasta ahí, pero resulta que Yepes suena a sí mismo. Está claro, vivimos en una época en la que los clones de grandes figuras musicales de nuestro país pueblan un panorama paupérrimo, encontrar material interesante firmado por alguien que bajara de la treintena era imposible gesta. Pero eso se acabó. No tengo ni idea de lo que este chico hará después de esta colección de cinco canciones, pero a día de hoy pongo la mano en el fuego por él. ¡O al menos por estas cinco canciones!

La producción de Borja Costa –atentos a su nombre en el futuro– demuestra que con inteligencia y los medios justos aún se puede hacer magia, pero el protagonista es Yepes. Empezar con ‘Baile de muertos’ y sus siete minutos de duración es echarle un par, porque reclama desde el principio atención y sacrificio por parte del oyente, pero en el fondo es una jugada maestra, una jugada ganadora. Se trata de un blues folk primitivo que va tornándose de forma progresiva en una bestia rockera, sin el espíritu primitivo de Guadalupe Plata pero con una autenticidad similar en más de un aspecto y también con un filón más accesible. Un comienzo con mucha información musical comprimida, un aquelarre rockero que para cuando finaliza ya ha obrado el milagro: estás dentro de la obra de un nuevo autor creíble y con personalidad propia.

De ahí es fácil pasar a la cadenciosa ‘Todos ellos’, curiosísimo pop burbujeantemente lento de raíces folkies, y a la cincuentera ‘Fantasmas’ que mantiene el gusto con una melodía un tanto stoniana que engancha. Pese a tratarse de únicamente cinco temas, el espectro tocado es variado. ‘Caballero’ es una balada acústica romántica, quizá el tema más prescindible de todos, pero ‘Calla’ vuelve a corregir el rumbo, con una deriva sorprendente hacia sonidos ambientales interesantes que funcionan como cierre cósmico. Hay que dar gracias por un nuevo músico con carácter, que hay pocos y escasean.

Anterior crítica de discos: “You should be so lucky”, de Benmont Tench

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