Diez canciones para recordar a Los Enemigos

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En los diecisiete años que estuvieron juntos, y su breve regreso discográfico en 2014, Los Enemigos facturaron una docena de álbumes de estudio. Fernando Ballesteros apuesta por diez de sus mejores piezas.

 

Selección y texto: FERNANDO BALLESTEROS.

 

En 1986, en el malasañero Bar Velarde, por un talego te bebías una cerveza, te metías entre pecho y espalda una tapa de chorizo y te llevabas a casa “Ferpectamente”, el debut de Los Enemigos, un trabajo forjado a base de castañazos de rock and roll urgente en los que, entre requiebros y juegos de palabras, comenzaba a emerger el excepcional talento como letrista de Josele Santiago.

Crecieron tanto que se convirtieron en uno de los grupos más importantes surgidos en este país en las últimas décadas, y Josele, en uno de esos creadores, que, como Lapido, es capaz de entregarnos en 2017 uno de los discos del curso. Fueron diecisiete años de trayectoria de la banda, que se disolvió en 2002 y regresó puntualmente en 2014 para editar un último trabajo. Siempre es un buen momento para echar la vista atrás y elegir un ramillete de grandes canciones entre todas las que nos han dejado.

 

1. ‘Soy un ser humano’ (“Un tío cabal”, GASA, 1988).
Con su segundo álbum, Los Enemigos crecen y amplían su campo de acción. “Un tío cabal”, producido por Paco Trinidad (como su debut), puede carecer de lo que su autor llamaba el subidón de la primera vez, pero apunta el crecimiento que experimentarían más adelante. Artemio es sustituido por Chema “Animal” Pérez y con Fino y Josele queda conformado el trío que contará con Manolo Benítez como cuarto enemigo en directo. La formación clásica ha nacido.

‘Soy un ser humano’ con un comienzo que imprime carácter: “Me enamoré de mi mismo pero luego me engañé poniéndome los cuernos con una mala mujer” juega con unas guitarras brillantes y riffs que tiran de lo clásico e incluso miran al sur de los Estados Unidos. Sweet home Malasaña.

 

 

2. ‘Desde el jergón’ (“La vida mata”, GASA, 1990).
“La vida mata” fue un trabajo sobresaliente en el que el grupo dio un salto cualitativo extraordinario. Los referentes pasan de la escalera vecinal del primer disco a lo bíblico, muy presente a lo largo de toda la obra.

El conjunto es magnífico, y aunque cueste elegir, no se puede pasar por alto la grandeza de ‘Desde el jergón’, una crónica de frustración carcelaria sublime. No hay nada de romántico en el perdedor de esta historia, solo rabia y una desesperación que lleva a pedir cuentas a lo más alto. Porque Dios se pasó con él. Está claro.

 

 

3. ‘Septiembre’ (“La vida mata”, GASA, 1990).
Hay mucha lectura tras los textos de Josele que van del más allá a lo más cercano, de lo trascendente a lo cotidiano. La historia de ‘Septiembre’ la sacó directamente de la prensa. En el periódico leyó un caso de suicidio de un chaval gallego, y con el suceso en la cabeza dio a luz a una canción magistral y descarnada. De la nota de suicidio extrajo una frase textual: “Id a por el pan, que yo no voy a ir, y a por la leche, yo no voy a estar”. Un autor en estado de gracia y un grupo que, con la producción de Carlos Martos, había creado una obra maestra definitiva.

 

 

4. ‘La cuenta atrás’ (“La cuenta atrás”, GASA, 1991).
Esta genial llamada de atención a la persona que se va a incorporar al mundo adulto con todas sus servidumbres es una de sus letras más y una de las mejores canciones del álbum al que da título. Un aviso de lo que se viene encima y un recuerdo de que se trata de ganar a toda costa. Y si hay que pisar para pasar por encima de los demás, pues se hace. Triste y real.

Si “La vida mata” era difícilmente superable, aquí rozan el mismo nivel con un puñado de canciones sobresaliente.

 

 

5. ‘Paracaídas’ (“La cuenta atrás”, GASA, 1991).
Por méritos propios, esta canción se ha convertido en uno de los momentos más destacados de su discografía. Un canto sobre la amistad y sus poderes a cargo de una persona que atravesaba momentos de esos en los que hay que aferrarse a los salvavidas que veas a mano. Otro imprescindible a golpe de riff y texto.

En su momento, el disco se vendió más que “La vida mata”, con casi 20.000 copias despachadas. El éxito parecía empezar a sonreír, pero se avecinaban tiempos complicados.

 

 

6. ‘¿Por qué yo?’ (“Tras el último no va nadie”, BMG Ariola / RCA, 1994).
Tras finiquitar su relación con GASA, entregando la colección de descartes de discos anteriores y maquetas que integró el estimable “Sursum corda”, el grupo entra en uno de sus momentos más delicados. “Tras el último no va nadie” supone su debut para RCA. Josele no guarda buen recuerdo de aquellos días si es que almacena alguno, pero el talento todavía le dio para componer buenas canciones.

La muerte de su manager Lalo Cortés marca también un disco de esos considerados de transición y no demasiado reivindicado a pesar de lo notable de sus temas. Más difícil que sus predecesores, tampoco ayudó el ostracismo al que fue sometido su video de ‘¿Por qué yo?’, cuya letra decía “Mire usted no cree que estaría mejor como aquel, y por qué él y no yo”, mientras Josele señalaba la foto de Juan Carlos I. La canción, por cierto, con toda su carga de profundidad también está entre lo mejor de su catálogo

 

 

7. ‘Dentro’ (“Gas”, RCA, 1996).
En su segundo envite para RCA las guitarras son aún más feroces y las letras destilan acidez. La catarata enérgica de ‘Dentro’, con un Josele más punk que nunca y con ese deje chulesco tan característico, demuestra que Los Enemigos no se andaban por las ramas a la hora de plasmar en su sonido toda la rabia acumulada. Nunca habían sonado con esa contundencia, y esta canción es un buen botón de muestra del momento que vivían y de los derroteros que habían tomado.

 

 

8. ‘Me sobra carnaval’ (“Nada”, Virgin Records / Chewaka, 1999).
Tres años después de “Gas” editaron para Chewaka, subsidiaria de Virgin, “Nada”, un disco que incide en alguno de los logros de su antecesor y al que hay que apuntarle, si acaso, una mayor variedad de tonos. Marcado por la pérdida de amigos y compañeros, contiene canciones de la talla de ‘Me sobra carnaval’, con guitarras sobresalientes y letra de matrícula de honor: “Y cuando todo acabe no quiero una piedra encima de mí, solo quiero tierra y algunos frutales”.

Con este disco, por cierto, Manolo Benítez pasaba a formar parte del grupo más allá de los directos.

 

 

9. ‘Ná de ná’ (“Nada”, Virgin Records / Chewaka, 1999).
Emotividad en estado puro. Si sus guitarras nos han arañado o incluso golpeado con furia, aquí nos acarician. Una de las interpretaciones más emotivas de Josele en Los Enemigos. Una canción sublime. Para algunos, la mejor de su discografía.

Todo es delicadeza en la narración de una relación que se termina: “No intentes cambiarme así, no me inventes y no me cuentes, sigo siendo el que hay enfrente, enfrente, enfrente de ti hay un tío de lo más corriente”. Acostumbrado a plasmarlo todo en un texto, sin rodeos. Otra pequeña maravilla.

En 2002, tras 17 años de trayectoria el desgaste pasaba factura y anunciaron su separación. Otra relación que se terminaba.

 

 

10. ‘Santos Inocentes’ (“Vida Inteligente”, Alkilo Discos, 2014).
Quince años después de su último disco y tras algún regreso puntual a las tablas, Los Enemigos volvieron a grabar un elepé en 2014. No podemos engañarnos y situar “Vida inteligente” al nivel de sus mejores discos, ni siquiera de los trabajos más brillantes de Josele en solitario, pero se trata de un digno regreso. Hay buenos momentos, y ‘Santos Inocentes’ es probablemente el que conserva más aroma a los viejos tiempos y vocación de clásico enemigo.

 

 

Bonus track: ‘Señora’ (“Serrat, eres único, Sony BMG, 1995).
Además de sus nueve discos, los madrileños participaron en bandas sonoras y diversos recopilatorios y discos de homenaje. De esa discografía paralela no se podía quedar fuera su versión de ‘Señora’ de Serrat.

Incluida en el tributo “Serrat eres único”, se convirtió en un título que no podía faltar en sus conciertos, y no era para menos. No es que se lleven el tema a su terreno, es que lo transforman en otra más de sus grandísimas canciones. No es ni mejor ni peor que la maravilla original. Es otra.

 

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