“Déjame salir”, de Jordan Peele

Autor:

CINE

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“Una reapropiación acertada y más que necesaria”

 

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“Déjame salir”
Jordan Peele, 2016

 

Texto: ELISA HERNÁNDEZ.

 

 

Durante muchos años, la discriminación y la violencia racial se han justificado a partir de la creación de gran cantidad de estereotipos que van desde la madre de color vaga que se aprovecha de las ayudas sociales del estado para no tener que trabajar hasta el negro salvaje e incapaz de controlar sus impulsos. Este último está íntimamente ligado a la historia del cine desde “El nacimiento de una nación”, el clásico de D.W. Griffith en el que una joven inocente es atacada por un negro, llevando a la justificación y creación del Ku Klux Klan en el film (y colaborando a su revitalización en la vida real). Si estos tópicos fueron y siguen siendo ubicuos es porque, al final, la historia la escriben aquellos que poseen y controlan los medios de comunicación y de producción significativa.

Con “Déjame salir”, Jordan Peele decide recoger todas estas narrativas y reescribirlas desde una posición que parece ajustarse un poco más a la opresión sistémica, represora y continua mostrada por otros trabajos como el documental “13th”, de Ava DuVernay (Netflix, 2016). Pero en lugar de recurrir a las imágenes de archivo o a las entrevistas, aquí se hace uso de las convenciones del cine de terror, dejándolas intactas hasta dónde es necesario para que “Déjame salir” siga siendo un film de género, pero retorciéndolas lo suficiente como para hacerlas jugar a su favor.

La premisa es de por sí incómoda: una chica (Allison Williams) decide llevar a Chris (Daniel Kaluuya), su nuevo novio, a conocer a sus padres (Catherine Keener y Bradley Whitford). Chris es negro mientras que toda la familia de ella es blanca. Muy blanca. Este punto de partida pone en marcha un thriller psicológico que se va cargando de tensión poco a poco hasta que finalmente revienta en una explosión de feroz violencia. Sin embargo, el principal gesto de reescritura de “Déjame salir” es convertir a la “final girl”, la pobre chica que sufre durante toda la película solo para librarse en el último minuto, en un joven de color, al que, como hemos hecho mil veces con las protagonistas de incontables “slashers”, no queda más remedio que perdonarle el ejercicio de la violencia porque no es otra cosa que la víctima de una agresión.

“Déjame salir” quizás no es la película más original o innovadora de los últimos años, pero sin duda su mensaje es uno de los más reflexivos del cine reciente. Es, sobre todo, una respuesta inteligente capaz de volver algunos de los tópicos más clásicos del género de terror en contra del discurso subyacente de todos esos filmes convencionales. Una reapropiación acertada y más que necesaria.

 

 

Anterior crítica de cine: “Guardianes de la Galaxia Vol. 2”, de James Gun.

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