DISCOS
«Una entropía sonora en la que hay más orden y concierto del aparente»

Death in Vegas
Death mask
DRONE RECORDS, 2025
Texto: SARA MORALES.
Acababa de comenzar el milenio cuando una banda de Londres irrumpió para poner sonido a todas las noches de Europa con “Hands around my throat”. Era 2002 y, aunque ellos en realidad llevaban dando latigazos electrónicos desde mediados de los noventa, una buena parte de su público actual se enganchó a su universo con esta canción. Se llamaban Death in Vegas, aquel era su tercer disco, y este verano estamos celebrando el séptimo, Death mask.
Continúan todo este tiempo después por la senda iniciada hace ya casi treinta años, con esas influencias marcadas por el influjo de Kraftwerk y el destello oscuro del pospunk que los ha llevado a colaborar durante su carrera con Jim Reid (The Jesus and Mary Chain), Iggy Pop o Robert Gillespie. Que los ha impulsado hacia trabajos más rock en unas ocasiones o más sintéticos en otras. Que los ha traído hasta aquí, hasta este 2025, en que el pulso es más techno y las atmósferas más ásperas y sucias.
Una entropía sonora en la que hay más orden y concierto del aparente, como denotan las instrumentales de “Chingola”, “Lovers” y “Your love”. Con cierto desahogo hacia los detalles pop en la propia “Death mask”; con un efecto, en general, industrial y totalmente continuista de lo que fue su anterior trabajo, Transmission, en 2016.
Su regreso a las pistas parece enfundado en el caos. Un caos melódico en texturas y en concepto, pues el corazón de Death in Vegas, Richard Fearless, ha volcado sus vivencias de los últimos años en este trabajo que pone el acento en la pérdida y la búsqueda de consuelo en la música. Valgan estos nueve pasajes como refugio, pero también como revulsivo.
–
Anterior crítica de disco: Pleasure, de Young Gun Silver Fox.



















