EL RITMO DE LA SEMANA

«Tan solo acompañado por su guitarra, y lidiando ya con el dolor, el sufrimiento y su propia mortalidad, Marley se desmarcó de su propia obra a última hora con esta canción»
Sara Morales dedica su columna semanal, “El ritmo de la semana”, a una de las canciones más legendarias de Bob Marley, en la semana en que se cumplen años de su muerte y se celebra el nuevo disco de los Stones.
Una sección de SARA MORALES.
Foto: EDDIE MALLIN (Wikipedia).
Me da pereza el nuevo disco de los Stones; lo confieso. Y sé que es LA NOTICIA de estos días; de la temporada, vaya. Y de verdad que reconozco como un lujazo tenerles a estas alturas creando nuevas canciones, en lugar de tirar de su mastodóntico catálogo una vez más. Y sé que será uno de los discos del año. Y que, al otro lado, al lado del público —además de para los que formamos esta “familia” llamada industria— se recibe el asunto como un acontecimiento, porque lo es, claro que sí, lo sé y lo asumo; pero es precisamente por todo ello por lo que creo me da pereza. Una mezcla de ansiedad, dada la cobertura (y locura) mediática que se nos viene encima, y de desidia.
Y escucharé el disco, por supuesto, con detenimiento y dedicación. E intentaré ser lo más justa, honesta y equilibrada posible, a pesar de esta predisposición mía que tampoco sé muy bien a qué atiende. Y prometo que si el álbum, como se prevé (o nos hacen prever), es la hostia, seré la primera en reconocerlo y ampararlo. Dicho queda.
Pero, de momento, aunque esta semana era muy fácil deleitarse con sus Satánicas Majestades, prefiero detenerme en la canción más bonita de Bob Marley, “Redemption song”. Resulta que, según contaba el periodista germano Teja Schwaner, conocido por su trabajo en la traducción y adaptación al alemán de la biografía de Marley Catch a fire, escrita por Timothy White, en la gira que el músico emprendió por Europa en 1976 ya escuchó a Bob tocarla desde su habitación en un hotel de Hamburgo. Así que, aunque oficialmente el tema se ha fechado siempre en 1979, puede que estos días estemos celebrando, sin saberlo, su medio siglo de vida. Justo en la semana en que también recordamos que hace ya 45 años que nos dejara por culpa del cáncer.
Tan solo acompañado por su guitarra, y lidiando ya con el dolor, el sufrimiento y su propia mortalidad, Marley se desmarcó de su propia obra a última hora con esta canción. Es diferente a todo lo que había grabado antes, no hay ni rastro de reggae, es una balada, una balada acústica. Un cántico espiritual con el que nos invita a liberar nuestra psique, a emanciparnos de la esclavitud del pensamiento y de la presión social, aunque solo sea emocional y mentalmente.
La composición perfecta para disfrutarse en intimidad o en compañía, para redimirse con ella y reconciliarse. Para emprender una revolución interna o externa, y aprender a mirar el mundo (y a nosotros mismos) con otros ojos. Para escucharla a manos de un músico callejero paseando por Toledo, o como banda sonora de un instante en la placita dedicada a Joe Strummer en Granada, a través de la tremenda versión que el alma de los Clash hizo de ella.
Una canción para todo y para todos, que dice así: «Vamos adelante en esta generación. Triunfalmente. ¿No ayudarás a cantar estas canciones de libertad? Porque lo que tengo son canciones de redención. Nadie más que nosotros mismos puede liberar nuestras mentes. No tengas miedo de la energía atómica, porque nada de eso puede parar el tiempo. ¿Cuánto tiempo seguirán matando a nuestros profetas, mientras nos quedamos a un lado y miramos?».
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Anterior entrega de “El ritmo de la semana”: Michael Jackson, el mejor amigo de un mono.



















