David Bowie en diez álbumes de versiones

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Con motivo del tercer aniversario de su muerte, Javier de Diego Romero recuerda a David Bowie sumergiéndose en diez discos de versiones de sus canciones. Algunos son de varios artistas; otros, proyectos individuales. En todos ellos, en fin, se recrea sugestivamente uno de los catálogos más brillantes de la música popular de nuestro tiempo.

 

Selección y texto: Javier de Diego Romero.

 

«Abrázame fuerte, / cálmame. / Enloquezco, / no sé qué hacer. / ¿Necesito un amigo? / Bien, lo necesito ahora. // Todos los días de mi vida, / todos los días de mi vida, / todos los días que te debo», canta David Bowie en “Days”, un tema elegante, sencillo y conmovedor, en el estilo del mejor Ray Davies. Le debemos muchos días al hombre que cayó a la Tierra y, hace hoy tres años, regresó a las estrellas: días de consuelo, como en la canción, pero también de entusiasmo, de búsqueda, de creación. Por ello, en este artículo queremos rendirle un homenaje muy especial: seleccionamos y comentamos diez álbumes de covers, diez discos en los que su cancionero es reformulado desde los ángulos más diversos, del pop rock a la música clásica pasando por el folk, la bossa nova o el jazz. Qué mejor manera de recordar que, más allá de su estatus de indiscutido icono cultural, Bowie fue, por encima de todo, un maravilloso autor de canciones, uno de los más importantes del siglo XX. Pasen, lean, escuchen… y redescubran, en arreglos novedosos y fascinantes, algunas de las piezas más celebradas de su imponente repertorio.

 

1. David Bowie songbook (Connoisseur Collection, 1997).

En 1997 vio la luz David Bowie songbook, la primera gran compilación de versiones de Bowie, conformada en su mayor parte por artistas mainstream, como Tears For Fears (“Ashes to ashes”), Duran Duran (“Fame”) y Bauhaus (“Ziggy Stardust”, su mayor éxito). Particularmente notable es la vigorizada “The secret life of Arabia” de Billy Mackenzie, el formidable vocalista de The Associates, dúo que, por cierto, debutó en 1979 con “Boys keep swinging”, otra cover del de Brixton. El álbum arranca con “‘Heroes’” tocada en directo por Blondie en el Hammersmith Odeon londinense el 12 de enero de 1980. Lo que hace especial a esta actuación es la aparición estelar de Robert Fripp, guitarrista en la versión original del tema: virtuosista (en el buen sentido) y evocadora, francamente hermosa, su interpretación se cuenta entre las más inspiradas de su carrera, y esto es decir muchísimo.

 

 

2. Oh! you pretty things: the songs of David Bowie (Castle Music, 2006).

Este álbum reúne un total de veintidós composiciones tempranas de Bowie editadas entre 1966 y 1974. En primer lugar, temas que Kenneth Pitt, mánager del cantante a finales de los sesenta, entregó a otros artistas con el fin de dotar de crédito compositivo a su cliente, como el soberbio “Silver tree top school for boys”, publicado como single por The Beatstalkers. Asimismo, canciones que David donó ya convertido en superestrella glam, entre las que destacan las incluidas en Slaughter on 10th avenue (1974), la ópera prima en solitario del Spider From Mars Mick Ronson. Y, por último, covers propiamente dichas, como el exitoso “Oh! you pretty thing” de Peter Noone o la réplica de “Rock ‘n’ roll with me” que facturó Donovan. En el elepé figura igualmente la lectura en clave glam disco de “The man who sold the world” que Bowie puso en manos de Lulu en 1973. Sustentada en un novedoso riff de saxo —tocado por el propio David— que sustituye al célebre de guitarra, fue un hit colosal, a lo que contribuyó el vistoso vídeo promocional, en el que la cantante escocesa aparecía travestida de gánster.

 

 

3. We were so turned on: a tribute to David Bowie (Manimal Vinyl Records, 2010).

En 2010, con Bowie en pleno retiro, el sello Manimal Vinyl lanzó este álbum benéfico para la organización humanitaria War Child. Integrado por versiones grabadas específicamente para el proyecto y centrado en la década de los setenta, con especial hincapié en los años vanguardistas de la llamada «trilogía berlinesa» y Scary monsters (and super creeps) (1980), el disco contó con la bendición —pero no con la participación— del propio Bowie. Escucharlo de una sentada puede resultar agotador (son dos cedés, 140 minutos) y algunas adaptaciones son horrorosas (la de “Fame” que perpetran All Leather es de frenopático de guardia), pero hay mucho material de interés en sus surcos, y para todos los gustos: Carla Bruni está encantadora, dulcísima, al piano en “Absolute beginners”; Caroline Weeks reinventa “Starman” desde el prisma de su inquietante folk experimental; Megapuss —proyecto paralelo de Devendra Banhart— imbuyen de insania electrónica “Sound and vision” (“¡azul, azul eléctrico!”: está cantada en castellano). Y la favorita de un servidor, el “Ashes to ashes” del cuarteto angelino Warpaint: dream pop propulsivo y sinuoso para redescubrir el tema estrella de Scary monsters.

 

 

4. Clifford Slapper & Friends. Bowie songs one (CS Music, 2017).

Autor de una biografía de Mike Garson, el pianista de cabecera de Bowie, Clifford Slapper convoca en Bowie songs one a un plantel de espléndidos vocalistas para que interpreten diez joyas del repertorio del londinense —sin hits— con su piano como único acompañamiento. Todos ellos consiguen acceder a la médula emocional de las canciones, a menudo desde territorios musicales distantes, lo que las hace sonar realmente frescas. Así, la cantante de ópera Linda Hergarten borda una pieza de folk tan delicada como “Letter to Hermione”, en tanto que Katherine Ellis troca en drama soul el music hall de “Oh! you pretty things”. Muy especialmente descuella el excelso David McAlmont, a quien tal vez recuerden por sus colaboraciones con Bernard Butler y Michael Nyman, que se adueña de la siempre difícil “Sweet thing”, de Diamond dogs (1974): tres octavas y media de desesperanza y depravación urbana.

 

 

5. Des de Moor and Russell Churney. Darkness and disgrace (Irregular Records, 2003).

«Oír estas canciones en un contexto tan personalizado es realmente revelador. Las escuché como si las hubiera escrito otra persona», afirmó Bowie de Darkness and disgrace, el espectáculo de cabaré del chansonnier Des de Moor y el pianista y guitarrista Russel Churney que dio lugar al presente álbum tributo. En el show, estrenado en el año 2000 en el teatro londinense Rosemary Branch y representado posteriormente en el Festival Fringe de Edimburgo y en el Teatro Pentameters de la capital, De Moor y Churney entreveraban una selección de temas de David con citas de entrevistas y pasajes literarios de obras relacionadas con su carrera, como Forastero en tierra extraña (Heinlein) y 1984 (Orwell). El repertorio revela audacia: esquivan los éxitos e incluso rescatan canciones pre “Space oddity” (“The London boys” y “Please Mr Gravedigger”) y de los noventa (“The buddha of suburbia” y “I have not been to Oxford town”). Reducidos al esqueleto y conducidos por el dúctil barítono de De Moor, los temas adquieren nueva vida: de haber cantado en un cabaré berlinés de la época de Weimar —como, a buen seguro, tantas veces soñó—, Bowie habría sonado así. De Moor volvió recientemente al Duque Blanco de la mano de Clifford Slapper en el comentado Bowie songs one. Su canción es “Slip away”, la gran balada nostálgica de Heathen (2002). Portentoso.

 

 

6. Seu Jorge. The life aquatic studio sessions (Hollywood Records, 2005).

Criado en las favelas de Río de Janeiro, el músico y actor Seu Jorge saltó a la palestra en 2002 por su papel de Knockout Ned en Ciudad de Dios. Dos años más tarde, en el filme de Wes Anderson Vida acuática con Steve Zissou, encarnaría a Pelé dos Santos, marinero de cubierta y trovador que, armado tan solo con su guitarra, entona en portugués canciones de David Bowie. El álbum The life aquatic studio sessions incluye trece versiones, en su mayoría de cortes de Hunky dory (1971) y Ziggy Stardust (1972), que Jorge teje con mimbres de lánguida y conmovedora bossa nova. David no tardó en ensalzarlo: «Si Seu Jorge no hubiera grabado mis canciones en formato acústico y en portugués, nunca habría escuchado en ellas este nuevo nivel de belleza»; y eso que antes de embarcarse en el proyecto únicamente conocía “Let’s dance”. Tras la muerte de Bowie, Jorge inició una gira de tributo que le llevaría, entre otros puertos, al Festival de Jazz de Montreux y a las madrileñas Noches del Botánico. En sus conciertos el tema más celebrado solía ser este “Life on Mars?” empapado de (bendita) saudade.

 

 

7. Danny Michel. Loving the alien (Maple Music Recordings, 2004).

Capaz de confeccionar un álbum de inspiración clásica navegando en un rompehielos por el Ártico, el canadiense Danny Michel se hizo fan de Bowie con nueve años, al verle interpretar “The man who sold the world” escoltado por dos vampiros en Saturday Night Live. Durante mucho tiempo albergó el deseo de grabar un disco de covers de su ídolo, que materializaría finalmente en 2004 con este Loving the alien. Alejado de miras comerciales, escogió algunas de sus canciones favoritas, nada predecibles, sobre las que arrojaría insospechada luz con su folk rock oblicuo y retorcido. El largo se abre con un “Young americans” en irresistible crescendo y ornado con finura por la corista Waneta Storms.

 

 

8. Mike Garson. The Bowie variations for piano (Reference Recordings, 2011).

Los enamorados del jazz no se equivocarán si acuden a Subterranean (2014), las exploraciones del Bowie berlinés desde el jazz modal propuestas por Dylan Howe (hijo de Steve Howe, el guitarrista de Yes). Muy recomendable es también The Bowie variations for piano, de Mike Garson, en el que quien fuera mano derecha musical de Bowie durante tantos años moldea con cariño de alfarero un manojo de clásicos —de “Space oddity” a “Let’s dance”, pasando por “John, I’m only dancing” o “Ashes to ashes”— más un medley de temas de Earthling (1997) y Reality (2003); piezas que, salvo las del medley, no tocó en los discos originales, de modo que no encontrarán aquí el famoso solo atonal de “Aladdin sane”. A la manera de Bach, Chopin o Liszt, maestros del arte de la variación en la tradición clásica, Garson trata las composiciones de David con la máxima libertad dentro de unos confines bien establecidos; o, puesto en palabras del productor de Bowie Tony Visconti, «Garson escucha atentamente, luego toca lo que le viene en gana». La preferida de este firmante es “Life on Mars”, en la que el pianista transita con aplomo de la delicadeza otoñal de Rachmaninoff a la grandeza panorámica de Gershwin. Es bella, realmente bella. Quienes dicen que la música es la voz de Dios deben estar pensando en algo como esto.

 

 

9. Maria Ahn. Je t’aime Bowie (Maria Ahn Music, 2014).

En el ámbito de la música clásica, la elección obvia habría sido Philip Glass y sus sinfonías basadas en Low (1977) y “Heroes” (1977) (por cierto, en mayo de este año se estrenará la inspirada en Lodger (1979), con la que el compositor de Baltimore completa la “trilogía berlinesa”). Mucho menos conocido, pero igual de sugerente, es Je t’aime Bowie, epé de la chelista coreana Maria Ahn. El disco recoge cuatro temas de Ziggy Stardust arreglados para chelo por Mark Baechle, a los que se añade un “Space oddity” en el que Maria entabla un diálogo enigmático, profundo y preciosista con sus hermanas Angella (violín) y Lucia (piano). No es de extrañar que entre los admiradores declarados de Ahn se encuentren figuras tan prominentes como Michael Nyman o Pat Metheny (y también Barack Obama, que en 2011 invitó al trío a una cena de Estado en honor del presidente de Corea del Sur).

 

 

10. Original New York Cast Of Lazarus / David Bowie. Lazarus (Columbia-Sony, 2016).

Cuando se publicó el álbum del musical Lazarus, en octubre de 2016, se habló mucho de las tres grabaciones inéditas de Bowie que alberga el segundo cedé, pero bastante poco de los temas de su catálogo que, versionados por el reparto de la obra teatral, aparecen en el primero. Arregladas por Henry Hey —previamente colaborador de, entre otros, Rod Stewart y George Michael—, las covers son, por lo general, inventivas y muy disfrutables. Algunas canciones experimentan mudanzas realmente llamativas, como “The man who sold the world”, reimaginada en coordenadas de electropop onírico, y “Changes”, que, de la mano de Cristin Milioti, semeja un número de cabaré de Liza Minelli. Por otro lado, Lazarus destapó a los actores Michael C. Hall y Sophia Anne Caruso como magníficos vocalistas. Ambos hacen causa común en un “‘Heroes’” que, despojado de la grandeur del original, queda reducido a acendrada melancolía.

 

 

Bonus album: Bowie heard them here first (Ace Records, 2014).

Y para concluir, una mirada desde el otro lado del telescopio: la de esta compilación de las grabaciones originales de veinticuatro canciones que Bowie versionó a lo largo de su carrera, secuenciadas cronológicamente conforme a cuándo las registró el genio de Brixton. El disco constituye una fenomenal guía de los espejos en los que se miró David, de las fuentes de las que bebió un músico ferozmente ecléctico: rock and roll (“Around and around”, Chuck Berry), beat boom (“Rosalyn”, The Pretty Things), soul (“Dancing in the street”, Martha & The Vandellas), art rock (“If there is something”, Roxy Music), chanson (“Amsterdam”, Jacques Brel)… Nos quedamos con “Nite flights”: melodrama umbrío y ansiedad abstracta cortesía de uno de los mayores referentes del creador de Ziggy Stardust, Scott Walker.

Vuelos nocturnos son también, en fin, los que hemos emprendido con las versiones de este artículo, vuelos rumbo al hombre de las estrellas, al ángel al que dirigimos nuestra mirada eléctrica. For ever and ever.

 

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