Dale Watson, el último guardián del honky tonk

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COWBOY DE CIUDAD

«Un disco vivo, vigoroso, lleno de amor por el country de verdad y por los lugares donde esa música todavía se suda y se baila»

 

Javier Márquez Sánchez, en su sección “Cowboy de ciudad”, analiza el nuevo disco de Dale Watson, Unwanted. Un álbum empapado del espíritu outlaw de los setenta que es, en definitiva, su propio idioma.

 

Texto: JAVIER MÁRQUEZ SÁNCHEZ.
Foto: JACOB BLINKENTAFF.

 

A estas alturas del rodeo, Dale Watson ya no necesita demostrar nada. Le basta con aparecer, afinar la guitarra, cuadrarse el sombrero y dejar que hablen las canciones. Y no porque viva de las rentas, sino, justamente, por lo contrario, dado que lleva décadas sosteniendo una manera de entender el country que no se pliega ni al postureo de lo retro ni a la plastificación del género. En un tiempo en el que la autenticidad se ha convertido casi en reclamo publicitario, Watson sigue representando algo mucho más sólido y menos decorativo: una fidelidad absoluta a una forma de tocar, cantar y pisar el escenario.

Por eso Unwanted entra tan bien en su discografía y, al mismo tiempo, se deja escuchar como una pequeña declaración de principios. El propio título ya lo sugiere. En otro artista podría sonar a lamento o a ajuste de cuentas, pero en Dale Watson, «no deseado» casi funciona como una medalla. Como si dijera: «Aquí sigo, al margen de modas, algoritmos y cosméticos sonoros, haciendo el tipo de discos que quiero hacer». Por ello, este nuevo trabajo está empapado en el espíritu outlaw de los setenta, pero capaz de tomar esas referencias sin caer en la imitación servil.

Producido por el propio Watson, el álbum reúne doce canciones en apenas treinta y seis minutos. Una duración muy de viejo country: sin grasa, sin rodeos, sin esa inflación de minutaje que, a veces, pretende dar importancia a lo que no la tiene. Aquí todo parece planteado con la lógica de los buenos discos de barra y jukebox. Desde el arranque con “Willie Waylon and whiskey”, Watson deja claras sus intenciones. El tema entra como un tiro, con energía inmediata, e incluso juega con ciertas inflexiones y riff de guitarra que evocan a los propios Willie Nelson y Waylon Jennings.

De hecho, una de las virtudes de Unwanted es esa capacidad para instalarse en un sonido muy reconocible sin quedarse encerrado en él. Cortes como “She was my baby”, “Gotta try harder” y la propia “Unwanted” puede que mantengan fresco el recuerdo de Jennings, pero Watson posee una personalidad demasiado fuerte como para diluirse en la cita. Y ahí está una de las claves del disco y de su carrera entera. Dale Watson no es un restaurador de piezas antiguas. Es un músico vivo que trabaja con materiales clásicos porque le pertenecen, porque forman parte de su ADN artístico. No está haciendo arqueología del outlaw country. Está hablando su lengua materna.

Además, Unwanted tiene algo muy bonito, y es su manera de oler a lugar concreto. No a “América” en abstracto, sino a una ciudad, a una escena, a una forma de vivir la música. Austin (Texas) y su circuito de baile y honky tonks tienen un papel destacado dentro del álbum. “Don’t let the honky tonks go” es un auténtico himno para la pista, con ese estribillo de «keep dancin’, keep dancin’», mientras que “Never mend the broken spoke” se presenta como un homenaje con aroma de western swing al legendario local de Austin.

La imagen es magnífica: uno casi puede oler las botas de cuero y saborear la cerveza mientras suena la canción. Ese tipo de detalle importa, porque ayuda a entender que Unwanted no es solo una colección de temas de estética tradicional, sino también una defensa emocional de un ecosistema musical y humano.

Claro que no todo es bravuconería outlaw o celebración de la pista de baile. Como buen disco de country, Unwanted también deja espacio para el amor, el desamor, la melancolía y esa mezcla tan propia del género entre elegancia sentimental y cansancio del mundo. Ahí están “If you really love me (Outlive me)”, cantada junto a su mujer Celine Lee Watson, “You’ve got my heart” o “Just yesterday”, que depara un delicioso momento crooner. Y luego aparece “Life is like a song”, una pequeña sorpresa con aroma a Glen Campbell, lo cual vuelve a demostrar que Watson no reduce el country a un único registro de dureza tabernaria.

Hay incluso una lectura casi moral en alguno de los cortes. “What the hell happened to the Cadillac”, por ejemplo, supone un lamento airado ante la muerte de la calidad y la creatividad en un mundo cada vez más soso y desalmado. No está mal como resumen indirecto de la propia posición artística de Watson. En el fondo, él lleva años haciendo esa misma pregunta, aunque a su manera y desde la música: ¿qué demonios ha pasado para que tantas cosas pierdan carácter y verdad?

Dentro de la trayectoria de Dale Watson, Unwanted suena exactamente a lo que debía sonar: a un artista veterano, firme y orgulloso, que no se ablanda ni se caricaturiza. Un disco vivo, vigoroso, lleno de amor por el country de verdad y por los lugares donde esa música todavía se suda y se baila. Y eso, en los tiempos que corren, ya tiene bastante de acto de rebeldía. Watson sigue ahí, con su tupé imposible, su elegancia de viejo saloon y su convicción intacta. No parece preocupado por resultar deseable. Y quizá por eso sigue siendo tan necesario.

Anterior entrega de Cowboy de Ciudad: El cierre a lo grande del universo de Charley Crockett.

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