Cuentos completos, de Roald Dahl

Autor:

LIBROS

«Les hará conocer un narrador excepcional, que se desborda en imaginación, que construye a sus personajes para inundar de emociones a los lectores»

 

Roald Dahl
Cuentos completos
ALFAGUARA, 2025

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

Roald Dahl es uno de los mejores escritores del siglo XX. Y de los más conocidos, sin duda. Ayudan a ello las continuas ediciones de sus novelas más celebradas, que han pasado transversalmente por unas pocas generaciones, y su traslado a la gran pantalla en películas que cuentan incluso con algún Oscar. No solo eso, es influencia confesada en cineastas que son palabras mayores, como Steven Spielberg o Quentin Tarantino.

Pero hay una parte más desconocida: sus cuentos. Escritor por casualidad, su recorrido vital nos lo traza en uno de ellos, “Racha de suerte (cómo me hice escritor)”. Ahí, brevemente, y a pesar de ello con un desarrollo completo, nos expone las circunstancias, su paso por estrictos internados, su voluntad de viajar antes de seguir en la Universidad: su etapa como piloto en la Segunda Guerra Mundial y el almuerzo en que un escritor de fama le pidió que le contara su aventura de guerra más interesante. De ahí nació “Pan comido”, su primer relato de tantos como se incluyen en esta obra de casi mil páginas que recoge toda su labor cuentística, incluso con algunas obras inéditas que nunca han aparecido en ninguna lengua.

El lector haría bien en leer ese “Racha de suerte” en primer lugar —o en último, si quiere mantener la inocencia—, porque explica, y mucho, las dinámicas temáticas de sus relatos. Dahl comienza con un buen puñado de narraciones sobre pilotos de la Segunda Guerra Mundial, todo ficción y golosina para quienes gusten de las novelas de aventuras. Es uno de los pilares de su ámbito narrativo, con un subgrupo ambientado en África, donde vivió parte de su juventud. Entre ellos, destaca el emocionante “Katina”, uno de los mejores alegatos en contra de la guerra, llevado adelante por una niña.

Es característico también del autor galés un deje irónico que lo acerca al mejor Wodehouse. Sucede sobre todo en el ámbito de la alta sociedad, y de sus fiestas y relaciones sociales. La venganza que el protagonista sirve fría en “Nunc dimittis” es tan ingeniosa como bella —y convertida en negocio en “La venganza es mía S.A.”—, y en “Hombre del sur” o “Gastrónomos” el lector mínimamente sensible no puede dejar de percibir una angustiosa opresión, que se difumina de golpe al final en una jugada de narrador maestro.

Una tercera parte se ocupa de las relaciones maritales. En este sentido es modélica la simplicidad de “Cordero asado”, que juega con los mínimos elementos para crear un relato al que no le falta absolutamente nada, y también la sorpresa final de “La subida al cielo”, que tejen los vínculos de pareja de manera tan macabra como irónica.

Varios de los relatos tienen como protagonistas a Claud, el dueño de una gasolinera en una localidad del medio oeste, y Rummins, que viven en un pueblo perdido lleno de gañanes desconfiados y salvajes, como ellos; este ambiente que tiene su culmen en el hilarante “Placer de clérigo” o en “El campeón del mundo”, puro delirio ambos de picardías que salen por la culata.

No desdeña el sexo a partir de los relatos de los años sesenta. Con “La visita” abre una serie de historias que recoge el narrador de los diarios que llevaba su tío Oswald, un seductor aventurero cuyas experiencias en países exóticos son verdaderos recreos a la manera de Casanova o locuras desmelenadas como en “Perra”; aunque, a veces, las relaciones sexuales son tóxicas como en “El último acto”, que recuerda enormemente a La Regenta.

Hay más relatos excepcionales, “El librero” o “El cirujano” son buen ejemplo, otros llenos de poética fantasía, como “El chico que hablaba con los animales” o “El cisne”, incluso alguno que remeda el mundo de los cuentos de Grimm, como “La princesa y el cazador furtivo”. Y muchísimas razones para hacerse con este volumen de casi mil páginas que les hará conocer un narrador excepcional, que se desborda en imaginación, que construye a sus personajes maravillosamente y que mide sus relatos con escuadra y cartabón para inundar de emociones a los lectores.

Anterior crítica de libros: Mihura. El último comediógrafo/Observen a estos hijos de puta, de Adrián Perea.

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