Cuando el pop era hortera y discotequero

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¿Cómo era el pop de 1977? Los dinosaurios del rock de los 70 vivían sus momentos de máximo esplendor (la luz se apagaría para ellos tres o cuatro años después); los Rolling Stones publicaban su última obra maestra, el monumental Some girls; la música negra tenía en Stevie Wonder y sus ambiciosos discos a su nuevo genio. En Inglaterra el punk llevaba unos meses sorprendiendo a la sociedad biempensante; la new wave daba sus primeros pasos reinventándose desde el pub-rock y recuperando el pop de formato clásico y en Estados Unidos su propia nueva ola incorporaba elementos arty.

Pero a la vuelta de la esquina amenazaba la música disco, surgida desde Nueva York como algo cool y manufacturada en serie y sin escrúpulos desde Alemania. Un italiano que respondía al nombre de Giorgio Moroder iba a ser el gurú de las producciones discotequeras y Donna Summer la diosa a moldear a su antojo. Los Bee Gees ya estaban probando falsetes a todo ritmo para que al mundo entero le subiera la fiebre del sábado noche. En todo caso, Boney M fueron de los primeros en machacarnos los tímpanos a todas horas. Su éxito en Europa fue algo desmesurado, mientras que en España encandiló inmediatamente ese negro delgaducho que se retorcía espasmódicamente con poses de proxeneta lujurioso.

En realidad Boney M era un producto de laboratorio ideado en Berlín, en 1975, por el productor Frank Farian, quien reunió a tres cantantes antillanas y a un pinchadiscos (lo de DJ vendría luego, pero en los años 70 los que ponían discos eran pinchadiscos) resultón, primero los vistió con trajes glam, luego los desvistió con las lentejuelas y gasas mínimas, pero aguantó, tuvo paciencia y en 1977, Boney M pegó el deseado pelotazo.

En el periodo 1977-1979, los singles de Boney M se sucedían sin descanso: “Daddy cool” (77) , “Belfast” (77), “Ma baker” (77) “Rivers of Babylon” (78), “Rasputin” (78), “Hooray! Hooray! It’s a holi-holiday” (1979), incluso versionaron a Bob Marley con “No woman no cry” (del 76, pero lanzada en single en 1977) y le llegaron a dedicar una canción a nuestro autóctono Lute en “El Lute” (1979). Con el cambio de década su estrella se apagó y Boney M, en activo hasta la actualidad, aunque con cambios de formación –pero siempre con Bobby Farrell contorsionándose cual macho piloso alrededor de las chicas–, pasó a ser un producto ideal para salas de fiesta decadentes y esos especiales televisivos de fin de año con olor a naftalina. Aunque el año pasado el estreno en Londres del musical Daddy cool, girando alrededor de su música, reactivaba la bomba sonora de Boney M.

Escucharlos ahora en el recopilatorio The magic of Boney M (SONY BMG) es una experiencia que puede resultar indigesta si se abusa de ella, pero en las dosis justas y manteniendo la suficiente distancia se puede descubrir la exuberancia de un sonido pensado con frialdad hasta el milímetro: producciones asquerosamente perfectas y canciones nacidas para arrasar en un tiempo concreto. Sí, es pop industrial, nos fastidió la vida durante un trienio (o decenio, si tenemos en cuenta lo que costó quitarse sus pegajosos estribillos de los oídos), pero no cabe duda de que para analizar con rigor la historia del pop hay que penetrar en el capítulo dedicado a la disco music, movimiento que, no lo olvidemos, entre 1978 y 1980 salpicó sin consideración al rock, siendo los Rolling Stones, Rod Stewart, Queen y la ELO los que más rédito supieron sacarle al nuevo sonido.

Texto: JUAN PUCHADES.

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