Crosby, Stills, Nash & Young: La supergira del supergrupo

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«Una tarde de finales del 74, al marcharse del estudio, Neil Young se despidió: “Bueno, chicos, nos vemos mañana”. CSNY no volvieron a tocar juntos hasta el concierto Live Aid, en julio de 1985»

 

En 1974, Crosby, Stills, Nash & Young, el supergrupo por excelencia, salió de gira. La historia nos debía el audio de aquel momento, que por fin ha visto la luz en un pack imprescindible. Javier Márquez Sánchez cuenta los orígines de la banda y ese momento culminante.

 

 

Texto: JAVIER MÁRQUEZ SÁNCHEZ.

 

 

La relación entre David Crosby, Stephen Stills, Graham Nash y Neil Young nunca ha sido tan turbulenta como algunos medios o el gran público se han empeñado en mantener. De hecho, esa peligrosa combinación de egos gigantescos ha dado muchos más resultados interesantes que anecdotario para el gran libro de las bandas rotas. Como cualquier otro grupo de amigos, se han reencontrado con ganas cuando llevaban tiempo sin verse y se han separado algo cansados cuando habían pasado ya demasiado juntos. Tal vez por todo eso, la formación del supergrupo ha supuesto siempre una tabla de salvación para sus integrantes. Neil Young se ha agarrado a ella sin pudor cada vez que sus proyectos musicales o sus avatares personales le han conducido a esos pasadizos oscuros de los que es visitante habitual. También a Crosby le fueron de gran ayuda sus camaradas cuando por fin decidió limpiarse en los ochenta de sus diversas adicciones. Pero nunca como 1974 la banda fue de tanta ayuda para los cuatro.

 

DE TRÍO A CUARTETO

CSNY nacieron como tal en el verano de 1969. El trío CSN había lanzado en mayo su primer álbum, «Crosby, Stills & Nash», alcanzando un notable éxito, y no tardaron en surgir propuestas para actuar en directo ese verano. El problema era que Stephen Stills se había hecho cargo de la mayor parte de la instrumentación del disco, y reproducir ese sonido en directo iba a suponer reclutar a algunos músicos. Entonces, el representante del grupo, Elliot Roberts, sugirió a otro de sus clientes, Neil Young. Tras algunas reticencias iniciales, el canadiense llegó a un acuerdo por el que ingresar en el grupo no afectaría a su carrera paralela junto a Crazy Horse, algo a lo que no se opuso el resto.

La química entre los cuatro músicos fue tan buena desde un principio que, además de sus apariciones en directo, en marzo de 1970 ya tenían listo un álbum de estudio, «Dejà vu». Tras la gira promocional de rigor recogida en el doble directo «Four way street», y la grabación del single ‘Ohio’, sobre el asesinato de varios estudiantes en la Universidad de Kent, el grupo se separó una vez pasado el verano de 1970, como consecuencia del progresivo cansancio y hastío de aquellos conciertos.

Tres años después, cada uno de los músicos andaba enfrascado en su propia carrera. Neil Young era el que mayor éxito había obtenido en este sentido con sus dos últimos trabajos, «After the gold rush» y sobre todo «Harvest». Stills, por su parte, había logrado una aceptación moderada de sus dos primeros discos, y estaba centrado en Manassas, la formación que había montado junto a Chris Hillman y Joe Lala, entre otros, incluyendo algunos de los músicos que acompañaron de gira a CSNY. En cuanto a los otros dos miembros, ni David Crosby con «If I could only remember my name» ni Graham Nash con «Songs for beginners» alcanzaron la aceptación de Young con sus grabaciones en solitario, a pesar de ser ambos –especialmente el segundo–, discos muy interesantes. Y con este ambiente, una serie de hechos dramáticos en la primera mitad de 1973 llevaron a la primera reunión “terapéutica” del supergrupo.

 

TERAPIA MUSICAL

Neil Young estaba en mitad de una gira cuando tuvo que tomar la difícil decisión de expulsar a Danny Whitten, guitarrista puntal de Crazy Horse. A pesar de sus intentos por desengancharse de la heroína, no lograba resultados, y su presencia en el escenario resultaba cada vez más molesta y problemática. Young terminó por darle cincuenta dólares para que se comprase un billete de regreso a Los Ángeles. Poco después de aterrizar, Whitten utilizó aquel dinero para comprar heroína y murió de una sobredosis. Young quedó tan afectado por la noticia que los siguientes conciertos quedaron marcados por un tono oscuro y muy irregular. Agobiado por la situación, llamó a sus amigos Crosby y Nash, que ya andaban en su terapia particular.

A comienzos de ese año, la novia de Graham Nash había sido asesinada por el hermano de esta, y el músico estaba devastado. Por otro lado, la madre de Crosby también había fallecido de cáncer recientemente, así que ambos amigos se habían volcado juntos en la música para sobrellevar sus dramas. Cuando Young les llamó, no dudaron en enfundar sus guitarras y unirse a él. Además, decidieron que la estructura de los conciertos seguiría siendo la misma: aquella era una gira de Neil Young. El dúo se limitó a apoyar con algunas guitarras y, sobre todo, con armonías vocales en aquellos temas que lo permitían. “Nunca me expliqué por qué no me llamaron para sumarme”, comentaría a la prensa Stephen Stills años después. En la primavera de 1973 el virtuoso guitarrista acababa de casarse y había decidido tomarse un año sabático. Así que cuando a comienzos de verano los otros tres músicos le llamaron para invitarle a unas vacaciones en Hawái, los Stills no tuvieron objeciones para apuntarse.

Allí, a medias entre el barco de David Crosby y la casa que había alquilado Young en la isla de Maui, el cuarteto se puso manos a la obra. La primera idea fue la de grabar un nuevo disco, para el que llegaron a tener título –»Human highway»– y portada –una foto tomada en un solo disparo, idea del propio Graham Nash–, aunque el proyecto no llegó a cristalizar. Cantaron, compusieron y lo pasaron en grande, pero sin tomar la idea del disco demasiado en serio, quizás por el miedo de volver a cansarse unos de otros si volvía a imponerse alguna disciplina de trabajo.

Tras el verano, y con los ánimos repuestos, volvieron a sus carreras en solitario. Flotaba una cierta frustración en la despedida al ser conscientes de que al final no habían podido sacar adelante ese nuevo disco. Sin embargo, el placer y la diversión de tocar juntos también se los llevaron consigo, y en los siguientes meses se darían varias ocasiones en las que unos aparecerían como invitados estelares en los conciertos de otros. Incluso alguna vez Graham Nash llegó a decirle a su público: “¡Amigos, CSNY están preparándose para una nueva gira el año que viene, estad atentos!”. Dijera lo que dijera, seguía sin haber nada firme, aunque había ya demasiados rumores y guiños.

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«Algo a lo que ni siquiera los Stones se habían atrevido hasta entonces: una gira por estadios deportivos de todo el país, con un público medio de cuarenta a ochenta mil espectadores»

 

LA PRÁCTICA HACE LA PERFECCIÓN

Al final, el promotor musical Bill Graham, viejo conocido de los músicos, los convocó a una reunión y les propuso concretar tanta endeble promesa en algo especial, algo a lo que ni siquiera los Stones se habían atrevido hasta entonces: una gira por estadios deportivos de todo el país, con un público medio de cuarenta a ochenta mil espectadores. En 1966 los Beatles habían ofrecido nueve conciertos en estadios abiertos, y Bob Dylan acababa de hacer algo parecido, pero no toda una gira. CSNY darían 31 conciertos en 24 ciudades a lo largo de dos meses.

El cuarteto aceptó, aunque tenían sus reservas, sobre todo Crosby y Nash, que temían que el set acústico y las armonías se vieran demasiado afectados por los problemas de sonido evidentes en un estadio abierto. Se apostó por aprovechar buena parte del equipo diseñado para la última gira de Dylan, que se adaptó para los requerimientos del cuarteto. Elliot Roberts, el mánager del grupo, se encargó de toda esa logística, que incluía un equipo de 86 personas, dos de ellas a cargo de las 18 guitarras, el banjo y el ukelele que los cuatro músicos utilizaban a lo largo de cada concierto.

Y mientras otros se ocupaban de esos detalles, en la primavera de 1974 David, Stephen, Graham y Neil se reunieron en Broken Arrow, el rancho de Young en las montañas de Santa Cruz, al sur de San Francisco, para iniciar los ensayos. Se construyó un escenario y se convocó allí a Tim Drummond, para hacerse cargo del bajo, y a Russ Kunkel, para la batería. Comenzaron a repasar los temas ya conocidos y cada uno propuso nuevas piezas, bien propias bien de alguno de los otros tres (junto a alguna versión como el ‘Blackbird’ de los Beatles). Probaron nuevos arreglos, nuevas armonías, nuevos solos. Estaban entusiasmados y se notaba en la energía que ponían cada nueva jornada. Incluso llegaron a componer una canción, ‘Little blind fish’, la única escrita mano a mano entre los cuatro y que a día de hoy permanece inédita (Crosby, autor de la melodía principal, la acabaría grabando, con letra diferente, en su formación CPR, junto al guitarrista Jeff Pevar y al propio hijo de David, James Raymond).

 

THE DOOM TOUR

La gira arrancó el 9 de julio en Seattle, y fueron necesarias un par de fechas más para que el cuarteto se sintiera cómodo. El primer concierto memorable fue el 13 de julio en Oakland, el primer estadio abierto. En el cartel también estaban The Band, Joe Walsh & Barnstorm y Jesse Colin Young. Cuando éstos acabaron y CSNY salieron al escenario eran las seis de la tarde. La gente estaba eufórica. Y entonces arrancaron, como harían cada día, con ‘Love the one you’re with’. En la primera fila, una pareja que estaba bailando sin sus camisetas terminó de desnudarse y se pusieron allí mismo a hacer el amor. David Crosby no se cansaría de contar aquella anécdota.

A lo largo de todos los conciertos la banda llegó a repasar alrededor de ochenta temas, ofreciendo entre treinta y cinco y cuarenta en cada fecha; tres horas y media de duración aproximada. La selección daba pie a todo tipo de formaciones, desde el cuarteto y el trío a temas en solitario o a cargo de Crosby & Nash. Empezaban con un set eléctrico seguido de una parte acústica, antes de volver a colgarse las eléctricas para el tramo final.

El sonido resultó mejor de lo que esperaban, aunque aún años después seguirían discutiendo sobre quién se imponía a quién. Así, mientras que Crosby insistía en que los piques guitarreros entre Stills y Young hacían imposible desarrollar las armonías vocales en algunas canciones, los otros dos explicaban que tenían que subir el volumen de sus guitarras para poder oírlas por encima de la poderosa Alembic de 12 cuerdas de Crosby. La verdad es que en los pasajes enchufados más salvajes el sonido podía resultar tan arrollador que la banda terminó bautizando extraoficialmente aquella gira como ‘The doom tour’.

Aunque musicalmente funcionaban, Neil Young no tardó en marcar una línea respecto a sus tres camaradas al apostar por viajar en solitario de una ciudad a otra, en su propio coche, mientras el resto iba en avión. La banda se había convertido en la estrella musical de aquel verano, y ante ellos se extendían todos los placeres, tentaciones y extravagancias que eso suponía, algo que hacía sentir incómodo al canadiense.

Por su parte, Atlantic no desaprovechó la ocasión de sacar tajada comercial a la gira lanzando un disco de grandes éxitos del grupo con la oposición de este. Stills fue el más crítico en sus intervenciones mediáticas al hablar sobre este álbum antológico que se nutría… ¡de un solo disco de estudio! Los dos únicos alicientes del lanzamiento fueron la inclusión de los sencillos ‘Ohio’ / ‘Find the cost of freedom’, y un bonito dibujo de portada a cargo de la cantante Joni Mitchell, buena amiga de Crosby y por entonces pareja de Graham Nash.

La gira terminó el 14 de septiembre en el Wembley Stadium, en Inglaterra. Joni Mitchell y The Band los telonearon. Parece que fue allí donde alguien del equipo hizo una foto del grupo en el escenario y la montó junto con una imagen tomada en el rancho de Neil Young. Debajo escribieron: “La práctica hace la perfección”.

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«Tanto el sonido como la edición de los tres discos resultan excelentes para hacerse una idea de cómo fueron aquellos conciertos»

 

UN DISCO ETERNAMENTE PENDIENTE

Tras la gira (que recaudó unos once millones de dólares de la época), el cuarteto se tomó unas vacaciones antes de volver a encontrarse en los estudios Record Plant, en Sausalito, decididos a grabar el álbum que empezaron a apuntar en Hawái. Había buen material, como ‘Human highway’, ‘Wind on the water’ o ‘Homeward through the haze’. Stephen y Neil se hicieron cargo de las guitarras, Nash del órgano, Crosby del piano, Russ Kunkel de la batería y Leland Sklar del bajo. Fumaban marihuana como si no hubiera un mañana y la música fluía. Aquello prometía. Hasta que empezaron los problemas, casi siempre a cuenta de los arreglos. Todos querían aportar algo, cada uno quería que su propuesta fuese la ganadora. Menos Young, que se quedaba sentado, apoyado en su guitarra, observando. Había días en los que simplemente seguían discutiendo lo que dejaron pendiente el día anterior. Una tarde de finales del 74, al marcharse del estudio, Neil Young se despidió: “Bueno, chicos, nos vemos mañana”.

Crosby, Stills, Nash & Young no volvieron a tocar juntos hasta el concierto Live Aid, en julio de 1985.

 

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Cuarenta años después de aquel tour histórico, el sello Rhino (Warner) ha apostado por editar una caja (el disco sencillo se queda demasiado corto) con un concierto «ideal», que reúne lo mejor de varias fechas (diez en total) respetando la estructura original de los espectáculos. Así, en los tres discos de audio se distribuyen respectivamente los dos sets eléctricos y el acústico. En total, cuarenta temas entre los que no falta ni uno solo de los grandes éxitos del cuarteto, junto a alguna curiosidad, como el ‘Goodbye Dick’ que Neil Young compuso al ver por televisión a Richard Nixon abandonando la Casa Blanca tras su dimisión.

Tanto el sonido como la edición de los tres discos resultan excelentes para hacerse una idea de cómo fueron aquellos conciertos, libres además de los problemas de audio que suele suponer ese exceso de potencia necesario para llegar a tantos miles de espectadores. Las notas del libreto de 188 páginas, junto a la profusa selección fotográfica, también son de gran utilidad por otro lado para conocer las razones, detalles y peculiaridades de la gira.

El único punto negro de la edición es el deuvedé, excesivamente pobre en comparación con el conjunto, con tan solo ocho cortes. Resulta difícil de creer que, después de todo el esfuerzo puesto en esta edición –producida por Graham Nash y Joel Bernstein–, no hubiera posibilidad de incluir más canciones o algunos extras tipo entrevistas o memorabilia. Una buena oportunidad perdida.

En cualquier caso, merece la pena hacer el esfuerzo de adquirir este pack para escuchar al supergrupo del rock en la que probablemente haya sido su mejor gira. Una delicia.

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