Covers, de Cat Power

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DISCOS

«Canaliza sus propios sentimientos a través de composiciones ajenas, y lo hace como quien se pone un vestido de otra persona haciendo que su caída luzca enteramente propia»

 

Cat Power
Covers
Domino – Music As Usual, 2021

 

Texto: CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA

 

Los discos de versiones suelen ser un poco peñazo. Al menos es lo que pienso cada vez que me enfrento a uno de ellos. Tentempiés, pasatiempos en espera de que las musas asomen. Pleitesía a los tótems. Sin más. Pero esto es otra cosa muy distinta. ¿Por qué? Pues porque aunque en principio podría pensarse algo parecido de Cat Power, teniendo en cuenta que su discografía de temas propios no es tan constante y podría necesitar estos trámites, esto no es lo mismo.

En primer lugar, porque sus elecciones no son nada obvias. No son pasajes sobadísimos de sus artistas predilectos. Y en segundo lugar, y esta es la razón más contundente, porque vive y respira en cada una de ellas. Les inocula su propio veneno. Sangra por sus heridas. Canaliza sus propios sentimientos a través de composiciones ajenas, y lo hace como quien se pone un vestido de otra persona haciendo que su caída luzca enteramente propia. Lo consiguió en The covers record (Matador, 2000) o en Jukebox (Matador, 2008), y ahora ha repetido la jugada hasta el punto de que nos topemos con un disco que casi podría competir con sus entregas de material propio, aunque hablar de cosas como Moon pix (1998) o The greatest (2006) sea demasiado hablar.

Ya no se trata de desfigurar los originales por irreverencia o heterodoxia, que eso ya de por sí sería un valor a tener en cuenta, sino de somatizarlos por completo y acoplarlos a su canon. Como un guante. Así que es un gozo y un bálsamo para nuestro ánimo y nuestros oídos el escuchar cómo le cuadra su propia síncopa al “Bad religion” de Blood Orange hasta hacer que no se parezca a sí misma, cómo le da una profundidad extra al “Pa pa power” de su amigo Ryan Gosling (Dead Man’s Bones), cómo truca fibra por languidez en el “White Mustang” de Lana Del Rey, cómo convierte el “A pair of brown eyes” de The Pogues en una letanía espectral o cómo hace que el “Against the wind” de Bob Seger suene más vulnerable y en carne viva que nunca, como el mascullar de un animal herido.

Y lo mismo puede decirse del modo en el que preserva la intriga del “Endless sea” de Iggy Pop dándole al mismo tiempo una textura y connotación inéditas, incluso de cómo convierte el “I’ll be seeing you” de Billie Holiday en una torch song inapelable.

Porque ella no relee ni mimetiza. Transforma, revive y logra que todo lo que le llega sea una soberana mutación que, sin empañar el impulso de aquella materia prima, suene solamente a Cat Power.

Anterior crítica de discos: Georgia blue, de Jason Isbell & The 400 Unit.

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