Corriente alterna: Billy Corgan, siempre a su aire

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«Su pecado en plena era alternativa fue simbolizar la figura de la rockstar cuando lo que se llevaba era una actitud sumisa e introspectiva ante la prensa. Corgan abrazó la megalomanía como parte de su ser»

 

Juanjo Ordás reivindica a Billy Corgan, un tipo raro, megalómano, pero inteligente y excelente compositor. Un tipo que ha decidido crecer, aunque parte de su público no ha querido que lo hiciera.

 

 

Una sección de JUANJO ORDÁS.

 

 

Billy Corgan es un tipo bastante más interesante de lo que se pueda comentar, un náufrago en mitad de un mar. Autor de discos memorables en pleno auge del rock alternativo estadounidense (“Mellon Collie and the infinite sadness”, “Siamese dream”), también fue capaz de firmar grandes obras cuando el movimiento comenzaba a estar de capa caída (“Adore”, “Machina: The machines of god”). Sin embargo, esta última etapa tardará en ser reverenciada. Aunque lo será. La leyenda que acompaña a Billy tiene poca lógica, es el mismo caso que Trent Reznor y Nine Inch Nails pero al de Chicago se le presupone el uso y abuso de un nombre legendario cuando en realidad siempre se trató de lo mismo: una banda de un solo hombre. Cuando no se encargaba de grabar él todos los instrumentos con la única colaboración del batería Matt Chamberlain, era su visión dictatorial la que se imponía sobre las cualidades del guitarrista James Iha y la bajista D’arcy, ascendidos desde el primer día a la categoría de compañeros, tratados como tales en las maniobras de marketing, ya fueran vídeos o fotografías, cuando en realidad no eran más que los instrumentos de Corgan. No obstante, el pecado de este en plena era alternativa fue simbolizar la figura de la rockstar cuando lo que se llevaba era una actitud sumisa e introspectiva ante la prensa. Corgan abrazó la megalomanía como parte de su ser, fue una rara avis en un mar de camisas de cuadros, aireó sus traumas como cualquier músico de su generación pero disfrutó del estrellato, era arisco, condescendiente pero tenía fe en si mismo y era mucho menos hipócrita que cualquier otra estrella del rock alternativo. Incluso ahora, continúa siendo un tipo enigmático y no ha perdido facultades: “Oceania”, la última obra de sus The Smashing Pumpkins editada el año pasado, fue un álbum poderoso e intenso.

La defunción del alternative rock como movimiento fue la misma de siempre. Mientras los fans crecen, desean que su banda jamás lo haga y se mantenga haciendo lo mismo. Una vez han crecido, es hora de guardar sus viejos discos y cualquier lanzamiento posterior de su viejo grupo favorito deja de importar. Las bandas tendrán que aceptar que a partir de ahora deberán tocar en aforos menores, quizá alguna intentará adaptarse al sonido de moda, fracasando, claro. Años después, un «comeback» lo soluciona todo. Los fans se han dado cuenta de que el mundo adulto no es tan atractivo como pensaban, que se estaba mejor siendo estudiante, ¿se puede volver a la facultad o al instituto? Sí, hombre, sí. Solo cuesta el precio de un ticket y aceptar que traicionaste a la música que tanto te gustaba o que esta no era tan buena y tenías un gusto pésimo. Que se lo digan a Hombres G.

Anterior entrega de Corriente alterna: Vender o venderse.

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