Corriente alterna: A nosotros no nos engañáis

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«Aquello de lo políticamente correcto y su contrario (lo políticamente incorrecto) es un concepto tergiversado por la derecha más derechista (¿existe la izquierda aún?) en búsqueda de frescura»

 

Juanjo Ordás, mientras las ideas más conservadoras se visten de transgresoras, reivindica, frente a ellas, el espíritu original del rock and roll puesto al día.

 

 

Una sección de JUANJO ORDÁS.

 

 

Hay nuevos chicos malos en la ciudad. En cualquier ciudad del mundo de hecho. Y no, estos no llevan chupas de cuero, no tienen por objeto disfrutar de la vida a su modo y mover las caderas hasta la extenuación. Estos son distintos. Les gusta el bullicio, pero no el del rock and roll, hacen de la llamada incorrección política su cruzada, como si llevar la contraria al respeto fuera una actitud fresca, potente, subversiva. Sí, amigos, ellos son la derecha rancia, los neocon que deciden soltarse la melena, quizá buscando la actitud que se perdieron cuando eran buenos niños de papá durante su adolescencia. Pero ahora papá no está (¡ni putas ganas tienen de que esté!), se sueltan el pelo y una discreta melenita se desliza por su nuca, recuperan aquello de hablar claro; con dos cojones, vamos. Son ellos, los nuevos chicos malos de la aldea global. El problema es que no se han enterado de nada. Y nadie se lo dice. Hace poco un amigo me hablaba del “rockerismo ilustrado” y hoy pienso que esa es la mejor receta posible contra unos señores que comienzan a parecer una visión deformada de Marlon Brando en “Salvaje” (ya sabéis, el rock antes del rock).

Los medios de comunicación ya están anunciando un nuevo libro de José María Aznar y parece que la idea dominante de la lectura será la ausencia de lo políticamente correcto. El problema es que aquello de lo políticamente correcto y su contrario (lo políticamente incorrecto) es un concepto tergiversado por la derecha más derechista (¿existe la izquierda aún?) en búsqueda de frescura, como una vieja puta que decide maquillarse con lo último de Max Factor para conseguir autoafirmarse y ver si consigue llevarse a algún idiota al catre. Vamos a entender el “rockerismo ilustrado” como la madurez del rock and roll, una madurez en la que, amigos y amigas, cabe el respeto. Ese “decir las cosas claras” que estos nuevos neocon enarbolan como bandera parece tener un lejano parentesco con las bases del rock and roll, con el salvajismo inherente a esa música del diablo sin pelos en la lengua. Pero se les olvida que el rock and roll lo que hizo desde su origen fue reclamar respeto para sí mismo, no imponer ninguna doctrina.

Los neocon no se están liberando de nada, simplemente han decidido que el término “políticamente incorrecto” es la clave para decir lo que les plazca desde su tribuna política. Y llegan tarde. Y mal. Resulta que ahora lo que le gusta a la sociedad es vivir en paz, resulta que los fans del rock and roll han madurado, que después de la adolescencia ya no hace gracia un tipo que hace las cosas por sus cojones, resulta que uno aprende que respetar a los demás está bien, que ofender es un verbo para las lenguas viperinas y que crecer como persona a ritmo de rock and roll no es incompatible con disfrutar a los máximos valores a los que debe aspirar uno: vive y deja vivir / vive y deja morir.

Vamos a decirlo claro: No es nada malo ser políticamente correcto. Guardar las maneras es hasta elegante. ¿La rebeldía? Pasada de moda. ¿Saber callar? Una virtud. ¿Dejar hacer a cada uno su vida? Pocas cosas más rock and roll que eso. Por eso, señores neocon, dejen de vender historias que la gente del “rockerismo ilustrado”, es decir, el rock and roll con intelecto, hace tiempo que leímos, utilizamos y olvidamos. A nosotros no nos engañáis.

Anterior entrega de Corriente alterna: El Zeppelin vuela.

 

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