Coleman Jennings encuentra el camino a casa

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COWBOY DE CIUDAD

«Uno de los mayores atractivos del álbum es esa permanente dualidad entre movimiento y recogimiento»

 

Javier Márquez Sánchez analiza el nuevo disco de Coleman Jennings, Lead you home. Un álbum que se mueve entre el country clásico, el wéstern, el folk y el honky tonk.

 

Texto: JAVIER MÁRQUEZ SÁNCHEZ.

 

En los últimos años han aparecido decenas de jóvenes artistas empeñados en recuperar el country tradicional. Algunos lo hacen desde la nostalgia, otros desde el revisionismo y unos pocos con la suficiente personalidad como para evitar convertirse en una simple nota a pie de página. Coleman Jennings pertenece a este último grupo. Con Lead you home, su primer álbum de larga duración, el tejano demuestra que todavía es posible mirar hacia el pasado sin dejar de sonar completamente contemporáneo.

Respaldado por Big Loud Texas y con Dave Cobb en la producción, Jennings llega con unas credenciales difíciles de ignorar. Cobb, responsable de algunos de los discos más importantes del country y la americana de la última década, ha construido una carrera identificando voces capaces de transmitir verdad antes que perfección. En Coleman Jennings ha encontrado precisamente eso, un cantante con una personalidad vocal imposible de confundir y un compositor que entiende que las mejores canciones no necesitan grandes artificios.

Lead you home reúne diez composiciones escritas prácticamente en su totalidad por el propio Jennings, varias de ellas nacidas de forma espontánea durante las sesiones de grabación en el estudio de Cobb en Savannah, Georgia. Esa inmediatez se percibe desde el primer minuto, porque no hay sensación de cálculo ni de búsqueda del éxito radiofónico. Todo respira naturalidad, como si las canciones hubieran sido encontradas en lugar de fabricadas.

Musicalmente, el disco se mueve entre el country clásico, el western, el folk y el honky tonk, siempre con una producción elegante que evita caer en el exceso. Los instrumentos acústicos ocupan el centro de la escena, mientras las guitarras eléctricas aparecen únicamente cuando la canción lo necesita. El resultado es un sonido cálido, amplio y muy cinematográfico, capaz de evocar tanto las grandes llanuras del Oeste como la intimidad de un porche al caer la tarde.

Uno de los mayores atractivos del álbum es precisamente esa permanente dualidad entre movimiento y recogimiento. Temas como “Jamie” o “Flyin’” aportan dinamismo gracias a melodías luminosas y un ritmo contagioso que conecta con la mejor tradición del country tejano. En cambio, canciones como “Marianaville”, “Mary Rae” o “First born home” reducen la velocidad para dejar que las historias respiren y que la voz del cantante ocupe todo el espacio emocional.

Precisamente esa voz será, probablemente, el elemento más discutido del álbum. Jennings posee un timbre muy particular, con un vibrato marcado y una forma de frasear que recuerda a ciertos intérpretes clásicos sin caer en la imitación directa. Es una voz que exige un pequeño periodo de adaptación. Habrá oyentes que queden cautivados desde la primera escucha y otros que necesiten varios intentos antes de entrar en su universo. Pero una vez superada esa barrera inicial, resulta difícil encontrar a otro artista joven que suene remotamente parecido.

Las letras también juegan un papel importante. Jennings escribe sobre el amor, la pérdida, la familia, la fe y el hogar desde una perspectiva profundamente humana, evitando tanto el sentimentalismo fácil como los tópicos habituales del country comercial. Incluso cuando habla de la mítica del Oeste, como sucede en “In the West”, lo hace más como un territorio emocional que como un escenario físico. El paisaje funciona aquí como metáfora de la búsqueda personal y de la necesidad de encontrar un lugar al que pertenecer.

La producción de Dave Cobb merece una mención aparte. Su trabajo consiste, una vez más, en saber cuándo intervenir y cuándo apartarse. No busca impresionar mediante capas de sonido ni arreglos exuberantes; al contrario, deja espacio para que cada canción encuentre su propio equilibrio. Esa filosofía convierte Lead you home en un disco que gana con las escuchas y que invita a prestar atención a pequeños detalles instrumentales que podrían pasar desapercibidos en una primera aproximación.

El álbum alcanza su momento álgido en los dos cortes finales. “First born home” prepara el terreno para la emocionante “I will lead you home», una despedida serena y cargada de esperanza que resume el espíritu de todo el trabajo. No es una explosión épica ni un gran final pensado para levantar al público de la silla, sino algo mucho más difícil: una conclusión honesta que deja al oyente con la sensación de haber acompañado al artista durante un viaje profundamente personal.

Con apenas media hora de duración, Lead you home evita cualquier relleno. Las diez canciones cumplen una función dentro del conjunto y conforman un debut sorprendentemente sólido para un compositor que todavía se encuentra en el inicio de su carrera. En un momento en el que buena parte del country parece debatirse entre el pop y el revival más superficial, Coleman Jennings apuesta por una tercera vía: la autenticidad.

Anterior entrega de “Cowboy de ciudad”: Alyssa Bonagura: el viaje de vuelta a las carreteras secundarias.

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