Cine: “Lo que hacemos en las sombras”, de Jemaine Clement y Taika Waititi

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“Poner a un grupo de vampiros en el punto de mira permite a los guionistas gran cantidad de licencias de verosimilitud en beneficio de lo absurdo da como resultado hora y media de pura delicia”

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“Lo que hacemos en las sombras”
Jemaine Clement y Taika Waititi, 2014

 

 

Texto: ELISA HERNÁNDEZ.

 

 

“Lo que hacemos en las sombras” es una de esas obras que, de vez en cuando y sin que uno sepa muy bien cómo, llegan a los cines españoles a pesar de que su destino era claramente el de ser una rareza desconocida. Escrita y dirigida por los neozelandeses Jemaine Clement y Taika Waitiki, este falso documental con toques de reality de mal gusto de la MTV es comedia “de la buena”.

Jemaine Clement es quizás conocido por muchos como la mitad, junto a Bret McKenzie, de “Flight of the conchords”, un dúo que combina la música folk y la stand-up comedy y que ya protagonizó una breve pero hilarante serie televisiva en HBO (2007-2009). Taika Waititi, el corresponsable de “Lo que hacemos en las sombras”, ya colaboró en aquel proyecto como guionista y director de algunos de los episodios.

Aquí un grupo de vampiros que comparte casa cuentan sus aventuras y desventuras a la audiencia, mostrando así que ser un no-muerto tiene sus complicaciones y que la vida contemporánea no es especialmente receptiva y acogedora. El filme se burla de la multiplicación exagerada de películas pseudo dramáticas de vampiros o zombies que intentan integrarse en el mundo humano, pero también de la tele-realidad y esos protagonistas/participantes que poseen un aberrante sentido de la autoconsciencia ante las cámaras (y que nos hacen dudar cada vez más de la existencia de un límite real entre estas producciones televisivas y la parodia de las mismas).

Esta no es ni mucho menos la primera película que hace burla de la figura del vampiro (recordemos “El baile de los vampiros” de Roman Polanski, de 1967), pero desde luego lo hace con mucha gracia. Los personajes aquí son entrañables cuando narran su pasado y confiesan algunas de sus penas o preocupaciones (en cuya mundanidad se insiste para bien de la comedia porque, ¿cómo saber si lo que llevas puesto combina adecuadamente cuando no lo ves en un espejo?), pero parecen estúpidos y rozan la vergüenza ajena al intentar caer bien a las cámaras simulando ser más impresionantes que lo que son.

La combinación elegida es acertadísima porque sin duda el falso reality es un subgénero que se beneficia bastante del tipo de humor patético e incómodo que aquí se utiliza (que, bien es cierto, tal vez no convenza a todo el mundo). Si a esto le sumamos que poner a un grupo de vampiros en el punto de mira permite a los guionistas gran cantidad de licencias de verosimilitud en beneficio de lo absurdo, el resultado es “Lo que hacemos en las sombras”: hora y media de pura delicia.

 

Anterior crítica de cine: “Espías”, de Paul Feig.

 

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