Cinco discos esenciales de Johnny Cash

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Cuarenta años de grabaciones resumidos en cinco obras fundamentales para entender a un creador único. Eduardo Izquierdo acepta el reto de enfrentarse a la discografía del rey del country y quedarse con los imprescindibles. Esta es su elección.

 

Selección y texto: EDUARDO IZQUIERDO.

 

La directora de esta revista quiere acabar conmigo. Cada vez lo tengo más claro. No contenta con pedirme que eligiera cinco discos esenciales de gente como Neil Young o Elvis Presley, se atreve ahora a hacerlo con Johnny Cash. Y uno, claro, recoge el guante. Si me metí en su momento a analizar al hombre de negro tomando como punto de partida sus discos conceptuales en el libro Johnny Cash. Apocalipsis y redención, publicado por esta casa, ¿cómo no intentar escoger cinco discos de su discografía para aquellos no iniciados? Eso sí, lo hago con unas premisas iniciales. Tres básicamente. La primera, huir de los discos formados por colecciones de singles. La segunda, no pasarme con los discos en directo, y la tercera, no centrarme en las célebres American recordings. Por ello me he limitado a escoger solo uno de cada uno de esos discos, completando la terna con un par de obras maestras.

 

1. With his hot and blue guitar (1957)

Este es el primero de los casos: un disco construido a partir de cuatro singles publicados anteriormente como “I walk the line”, “Cry! cry! cry!”, “So doggone lonesome” y “Folsom Prison blues”. Doce temas publicados por la legendaria Sun Records que suponen el debut, en cuanto a larga duración de Johnny Cash. Acompañado por Luther Perkins y Marshall Grant o, lo que es lo mismo, los Tennessee Two, Cash completa sus propios temas con versiones de Lead Belly, Jerry Reed o Jimmie Davis en una grabación cargada de magia.

 

 

2. Ride this train (1960)

El octavo disco de Johnny Cash está considerado uno de los primeros álbumes conceptuales de la historia de la música popular, aunque el músico ya había experimentado con ello en Songs of our soil (1959). Amante de que sus álbumes de larga duración tengan un hilo conductor, Cash incidirá en este tipo de trabajos a lo largo de toda su carrera. En este caso, y como su propio nombre indica, nos encontramos ante un álbum dedicado a los trenes, otro elemento que estará presente en la música de Johnny Cash de manera eterna.

 

 

3. Orange blossom special (1965)

El decimotercer disco de la carrera de nuestro hombre no le trajo precisamente mala suerte, ya que nos encontramos ante uno de sus trabajos más homogéneos como colección de canciones, si exceptuamos sus discos conceptuales. Un trabajo que pasará a la historia por contener la legendaria “Long black veil”, la versión del “Wilwood flower” de A.P. Carter, y, sobre todo, hasta tres temas de su futuro gran amigo Bob Dylan: «It ain’t me babe», a dúo con June Carter, “Don’t think twice, it’s all right” y “Mama, you been on my mind”.

 

 

4. At Folsom Prison (1968)

No está mal que tu primer disco en directo sea un trabajo como At Folsom Prison, grabado entre los muros del penal del mismo nombre. Un álbum cargado de mitología y no exento de calidad. Con un público formado por internos con el cual Johnny se sentía totalmente identificado. Siendo capaz de interpretar incluso un tema compuesto por uno de los presos. No es casual que la revista Rolling Stone, en su célebre lista de los 500 mejores discos de todos los tiempos, lo colocara en el puesto 88. Inconmensurable.

 

 

5. American recordings (1994)

Podía haber escogido cualquier volumen de las llamadas American recordings, prácticamente. No escoger el segundo volumen, por ejemplo, me hacía prescindir de la participación de Tom Petty & The Heartbreakers como banda de apoyo. No optar por el tercero prescindía de su versión de “Solitary man” de Neil Diamond. Y no escoger el cuarto dejaba fuera a “Hurt” de NIN, probablemente la mejor versión de un tema ajeno de la historia. Pero he decidido quedarme con el primero. Con el que da nombre a la serie, por su significado, pero también por su indiscutible calidad. Ese en el que Rick Rubin, productor de postín, recoge a un Johnny Cash enfermo y olvidado y lo convierte en la auténtica sensación del momento. Una resurrección en toda regla que merece cerrar este artículo.

 

 

 

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