Cinco autores que regalaron hits a otros artistas

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Los Beatles, Bruce Springsteen, Prince… además de triunfar con sus propios éxitos, tuvieron tiempo para escribir canciones para otros artistas que también fueron auténticos hits. Recopila los casos más sonados Fernando Ballesteros.

 

Texto y selección: FERNANDO BALLESTEROS.

 

Triunfar en el pop con canciones escritas por otros es tan viejo como el propio invento. Leiber y Stoller, Gerry Goffin, Carole King, Nicky Chinn y Mike Chapman en la era del glam y otros muchos han sido autores que han forjado decenas de carreras a base de éxitos. Del otro lado, podemos acudir a multitud de grandísimos intérpretes que jamás firmaron una de sus canciones. Y, por supuesto, también son bastantes los casos en los que un artista ha triunfado haciendo una versión de un tema que previamente, con mayor o menor éxito, había grabado otro. Pero no es de esto de lo que vamos a hablar aquí.

Esta vez vamos a rescatar a cinco artistas, cinco pesos pesados de las últimas cinco décadas que triunfaron escribiendo sus propias composiciones, que siempre –el caso de Prince puede ser una excepción– se resevaron lo mejor de su cosecha para ellos mismos, pero que, en algún momento le regalaron una canción a otros compañeros, por amistad, admiración o vaya usted a saber, con resultados más que satisfactorios para los agraciados con el obsequio. En los cinco casos que nos esperan, el regalo llegó en un momento crucial, al comienzo de una carrera o como ayuda providencial en un momento delicado y de dudas. De alguna forma, estas canciones supusieron un punto de inflexión en sus discografías.

 

‘Surf city’, de Brian Wilson para Jan and Dean

En 1963 Brian Wilson ya se había convertido en una máquina de facturar hits. Su banda, los Beach Boys, iban por el cuarto disco a golpe de surf y sus singles escalaban en las listas con rapidez. Si «Surfin» había debutado con timidez en el número 75, «Surfin´Safari» ya se aupó al top 20 y «Surfin´USA» alcanzó el número 3.

Al amigo Brian, que ya había rubricado también ‘Fun, fun, fun’ o ‘I get around’, se le caían las canciones de los bolsillos. Tan sobrado iba que se permitió el lujo de ayudar a sus amigos de Jan and Dean, un dúo que tras debutar en 1960 no había iniciado con buen pie su andadura en LIberty Records. Su música tenía muchos puntos en común con el sonido surf de los primeros discos de la banda de los Wilson, con ese gusto tan característico por las armonías vocales.

Y aquí aparece Brian, el amigo genial de los notables Jan and Dean que, ni corto ni perezoso, iba a poner ‘Surf city’ sobre la mesa para darle un empujón a la carrera de sus colegas. Una generosidad que no sentó nada bien a Murray, el autoritario progenitor de los Wilson. Sabido es que en estos primeros años, él gobernaba con mano firme los destinos del grupo de sus hijos y no vio con buenos ojos que uno de ellos se permitiera la licencia de regalar una canción. Y su contrariedad fue en aumento a medida que el título en cuestión escalaba en las listas.

Pero Jan and Dean fueron bastante más que unos imitiadores de aquellos primerizos Beach Boys y, desde luego, no eran unos aprovechados. Las dos formaciones se influyeron mutuamente en aquellos primeros sesenta. Los chicos no habían venido a beneficiarse del talento de su amigo, que era lo que al parecer se temía el desconfiado Murray Wilson.

De acuerdo, Brian les dio un éxito, todo un número uno y sin duda el tema más popular de su carrera, pero Jan and Dean también aportaron lo suyo a la carrera de los de Hawthorne. Jan Berry, que puso también su firma a ‘Surf city’, fue una de las personas que más marcó el futuro y el crecimiento como compositor de Brian Wilson. Fue él quien le estimuló para que diese un paso más allá y profundizara y experimentara en aspectos de arreglos y producción con los resultados que se pudieron ver en los años siguientes y que aún hoy seguimos disfrutando.

‘I wanna be your man’, de los Beatles para los Rolling Stones

Si mañana se editase un libro sobre grandes rivalidades del pop, seguramente en la portada aparecerían los Beatles frente a los Stones. Pero, ¿cuánto había de realidad en todo aquello? Esto no es el libro, aquí no vamos a entrar en detalles, pero sí vamos a revivir un episodio que unió a ambas bandas a través de Andrew Oldham, uno de los personajes que más alimentó esa supuesta rivalidad, para beneficio de todos.

Andrew había trabajado como publicista de los de Liverpool, y en 1963 conoció a los Rolling Stones, a los que convenció de que les conseguiría un contrato, siempre y cuando le hicieran caso. Él tenía muy claro lo que había que hacer; de hecho fue quien cebó a la prensa con sus trucos publicitarios y quien les convirtió en algo así como los anti-Beatles.

A finales de año la “beatlemania” se había declarado: el grupo despachaba cientos de miles de copias, mientras los Stones, muchos pasos por detrás, apenas habían editado un par de singles, consiguiendo colar en las listas su revisión del ‘Come on’ de Chuck Berry. Aún tenían mucho camino por recorrer.

Para Oldham tuvo que ser una bendición encontrarse con un taxi en el que viajaban Lennon y McCartney, aquel día en el que caminaba por el centro de Londres. Tras invitarle a subir, hablaron de los Rolling Stones y el manager les confesó que buscaba canciones para que ellos las grabaran. A John y Paul les gustaba el grupo y le propusieron que escuchara una que acababan de componer y a la que tan solo le faltaban unos retoques, se trataba de ‘I wanna be your man’.

En 1963 todo parecía ir a velocidad de vértigo, de manera que no había tiempo que perder, y ese mismo día se reunieron todas las partes. A Jagger y compañía les encantó la canción y los autores se metieron en un cuarto a darle forma definitiva. Unos minutos después habían completado la misión y ‘I wanna be your man’ era una realidad. La canción, escrita por Lennon y McCartney, pasaría a la historia como el primer tema interpretado por los Rolling Stones en entrar en el Top-20.

A sus compositores les gustó tanto que decidieron grabarla también apenas unas semanas más tarde. La cantó Ringo y formó parte de su segundo elepé, “With the Beatles”.

‘All the young dudes’, de David Bowie para Mott the Hoople

La carrera de los británicos Motth the Hoople se había estancado, por decirlo de una forma suave, allá por 1972. Habían publicado cuatro discos, y aunque tenían habilidad para componer buenas canciones, la compañía ya no creía en ellos, y la falta de éxito había generado tensiones en el seno del grupo, además de deudas. Tan mal pintaban las cosasque decidieron que, una vez finalizada la gira y sin el apoyo del sello que les había dado la patada, disolverían el grupo.

Su historia había ido de más a menos y todo lo que era prometedor apenas tres años antes se había venido abajo. El grupo necesitaba un milagro, y si ese milagro lo tenía que hacer músico, fan de los Hoople, se me ocurren pocos nombres más adecuados que el de David Bowie.

Aquel 1972 era el año de «Ziggy Stardust», y David, un artista en estado de gracia creativa. Y lo más importante en esta historia es que le encantaban los Mott the Hoople, por eso cuando le dijeron que lo dejaban, que tiraban la toalla, él les rogó que no lo hicieran. Estaba convencido de que debían de seguir intentándolo. Un Hunter desengañado le respondió tajante: «Vale, David, tú tráenos un éxito y nos lo pensamos». Y está claro que Bowie, en aquel año glorioso de su carrera, no se iba a echar atrás ante ningún órdago. Lo vio… y de qué manera.

Días más tarde les había conseguido un nuevo contrato discográfico, esta vez con CBS, les había ofrecido a su productor para su nuevo trabajo y, recogiendo el guante que le había lanzado amistosamente Ian Hunter, les había escrito ‘All the young dudes’, una auténtica obra maestra, una maravilla incluida en el quinto elepé de Mott the Hoople que relanzaría su estacanda carrera.

La canción llegó al número 3 en la lista del Reino Unido y se convirtió en el mayor éxito de la banda y en el punto de partida para la segunda parte de su carrera, además de un clásico indiscutible de todas las épocas.

‘Because the night’, de Bruce Springsteen para Patti Smith

Las sesiones para dar forma a «Darkness on the edge of town», el cuarto album de Bruce Springsteen, fueron pródigas en encuentros con otros artistas. Tras cruzarse con sus admirados Dictators le puso voz a aquel «one, two, three, four» que abría ‘Faster and louder’, el tema inicial de «Bloodbrothers», pero fue a Patti Smith a quien le hizo su mejor regalo.

Al parecer, Bruce no estaba muy convencido de la dirección que había tomado ‘Because the night’ y decidió que la dejaba de lado. Le pasó con muchos otros temas, pues se encontraba en un gran momento creativo que hizo que tuviera que tirar muchas composiones a la basura o, en el mejor de los casos, dejarlas aparcadas para más adelante.

Jimmy Lovine, el ingenierio de sonido de Bruce que también estaba trabajando con Patti en el estudio, le recomendó que le cediera a ella esa canción. Por si quedaban dudas, la propia Smith le comentó que le gustaba mucho el tema en cuestión, así que el gereroso Springsteen le dio vía libre y la poetisa del punk le terminó de dar forma, le imprimió su esencia y se lo llevó a su terreno. Así lo explicaba ella años más tarde: «Bruce me dio un gran regalo al permitirme prestarle algunos versos míos para este himno tan bellamente construido. Mi contribución fue escrita para mi futuro marido, Fred «Sonic» Smith. Aunque lo hemos cantado cientos de veces, la respuesta del público es tan fuerte que siempre parece la primera vez y por eso resulta tan emocionante».

La canción se editó como single, llegando al número 13 del top 100 del Billboard y fue incluida en el tercer elepé de Patti, «Easter», que vio la luz en 1979. “El Jefe» tampoco se ha olvidado de ‘Because the night’, ya que la ha interpretado en numerosas ocasiones en directo con su propia letra, incluso la ha tocado con Smith en un escenario. Pero no fue hasta 2010 cuando apareció registrada en disco, con la salida del recopilatorio «The promise» que recoge las grabaciones de aquella etapa tan prolífica, incluida la versión desechada de las sesiones de “Darkness on the edge on town”.

‘Manic monday’, de Prince para The Bangles

El caso de Prince es especial porque el de Minneapolis compuso para otros con frecuencia. De hecho, a raiz de su muerte pudimos leer aquí una selección de diez canciones que escribió para otros artistas. Allí estaba ‘Manic Monday’, su canción para las Bangles. Un tema que llevaba dos años en el cajón y que había sido creado inicialmente para Apollonia 6, pero a Prince se le cruzaron las Bangles con Susanna Hoffs y decidió que su destino iba a ser otro. Las chicas aprovecharon su generosidad –aunque otros creen que tenía algún interés, ya me entienden– e hicieron de ‘Manic Monday’ su primer gran éxito. El primero de unos cuantos.

La canción abría su segundo disco, «A different ligth», y supuso su salto a la fama y su alejamiento de la escena del Paisley Underground. Con un sonido más pulido y una imagen tan de la época, las chicas fueron perdiendo credibilidad en los círculos de las radios universitarias. Como dice Bob Stanley, se tuvieron que conformar con ser ricas y famosas.

Pero hubo un tiempo en el que las Bangles, que antes habían sido The Bangs, lucieron aquella etiqueta que englobaba a bandas que trabajaban armonías vocales y guitarras deudoras de los Byrds y del Pop de la Costa Oeste de los años 60. Poco tenían en común con Rain Parade o Green on Red, pero los elementos que compartían todos aquellos nombres, iban más allá de lo estrictamente musical.

De ‘Manic Monday’ en adelante, el nombre de Bangles iba a estar más unido a cualquiera de los pesos pesados que dominaban las listas de la época que al de sus viejos colegas de Dream Syndicate o The Three O´Clock.

El hecho de que la canción llegara al número 2 en Estados Unidos, y que la única canción que le superase en ese momento fuese ‘Kiss’, obra también del pequeño genio, nos da una idea bastante aproximada de que, en 1986, Prince mandaba.

Lo que pudo ser y no fue: ‘Hungry heart’, de Bruce Sprigsteen para los Ramones

Bien, habíamos dejado a Springsteen en 1978 regalando una canción y desechando unas cuantas más, en un periodo extraordinariamente prolífico. Y parece que Joey Ramone también pensaba que el de New Jersey estaba tocado por una varita mágica. Cuando se encontraron en el Past Lane de Asbury Park en marzo del 79, tras el concierto de los Ramones que Bruce había presenciado, el vocalista de los neoyorquinos le pidió que les escribiera una canción.

Dicho y hecho. Esa misma noche, Springsteen agarró la guitarra y se lanzó a componer lo que terminaría siendo ‘Hungry heart’, su canción para los Ramones. O era era su intención cuando se puso manos a la obra, porque aún  había un obstáculo: Jon Landau. El manager de Bruce no quería que otra canción de su chico terminara siendo un éxito para otro, tal y como había sucedido con ‘Because the night’ y Patti Smith. Detectando que ‘Hungry heart’ tenía madera de éxito, le aconsejó con vehemencia que se la quedara para él.

El resto es historia: el tema terminó saliendo en «The river», su disco de 1980, y se convirtió en un éxito que se encaramó en el top 5 del Billboard. Nunca podremos saber cómo hubiera sonado en la voz de Joey y los Ramones se quedaron sin el que podría haber sido su gran hit, ese que no terminaba de llegar. Y que nunca llegaría.

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