Cat Club: la fe del rock ‘n’ roll

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«Ruzafa era nuestro Bronx particular: pandillas, peleas, tardes callejeando, tardes largas y excitantes desde el mediodía hasta la madrugada»

Inspirados por «West Side Story», los valencianos Cat Club han dado forma a su tercer disco, «Historias del lado este», ambientándolo en su barrio, el hoy de moda Ruzafa. Josep Pedro los entrevista.

 

 

Texto: JOSEP PEDRO.

 

 

En el año del cincuenta aniversario de «West Side Story» (Robert Wise, 1961), Cat Club publica «Historias del lado este» (Marccato), un álbum que vincula el oeste de Nueva York con las calles valencianas del barrio de Ruzafa al tiempo que manifiesta la globalidad de la cultura popular. Con su tercer trabajo, el trío valenciano da un paso firme hacia delante completando un disco casi redondo en el que incorporan más instrumentos y apuntan nuevas direcciones. La riqueza de su rock ‘n’ roll de cuerpo rockabilly y matices pop está en la asimilación de los distintos estilos que finalmente alimentaron y conformaron el rock ‘n’ roll que hoy llamamos clásico. No hay duda de que, tras una gira americana y la publicación de su tercer disco, el grupo pasa por un de los momentos más dulces de su carrera pero la batalla en la música se lucha día a día, concierto a concierto. Para ello cuentan ya con «Historias del lado este», un disco que enganchará a nuevos seguidores sin perder ni un ápice de la fidelidad de los de siempre. Que aspira a romper fronteras sin dejar de lado la identidad.

“Historias del lado este” está dedicado a «West Side Story» y al barrio de ruzafa. ¿Cómo relacionáis ambas cosas?
Como el título ya anuncia estamos comparando el lado Oeste de Nueva York, concretamente el barrio del Bronx de los años 50 y primeros 60 de la película «West Side Story», con el barrio más castizo de la costa este del levante, el barrio de Ruzafa y todo lo que allí pasaba a mediados de los 80 y primeros 90. Nuestro Bronx particular: pandillas, peleas, tardes callejeando, tardes largas y excitantes desde el mediodía hasta la madrugada. Hay una conexión entre ambos barrios a pesar a estar a miles de kilómetros, como pensamos que en cada ciudad grande siempre existe un Bronx, salvando las distancias.

¿Cómo recordáis el Ruzafa de vuestra infancia?
Un barrio descuidado, olvidado e incluso para chavalines y no tan chavalines peligroso en determinadas calles a determinadas horas. Por suerte, esto ya no es así.

¿Cómo ha cambiado el barrio desde entonces?
Ahora es un barrio «in», está de moda, ¡para todos es «cool»! Todos quieren montar su negocio de hostelería y es una zona muy transitada y amena para callejear. Mezcla de razas y de credenciales, sus guetos particulares, en fin…

¿Qué relación veis entre el rock y las ciudades?
Siempre han ido muy ligados el uno con el otro, las experiencias y casos que suceden en las ciudades son historias que pasas al papel y cuentas a tu manera, el dinamismo de la ciudad va unido con el frenetismo del rock ‘n’ roll, ambas son intensas, rápidas y pesadas.

La canción ‘Historias del lado este’ cuenta historias de vida de tres personajes: el primero pertenece a una pandilla; Lucy debe afrontar la vida con un hijo y problemas de dinero; y Johnny es un yonqui que termina atracando una farmacia.
Todo ello es un cocktail que pasa en cualquier barrio de vecinos. ¿Quién no conoce ningún caso a su alrededor de cualquiera de las tres historias que se cuentan en la canción? Son casos que han pasado en el barrio de Ruzafa, en Triana, en Lavapiés, en la Barceloneta o en cualquier rincón del mundo. El título es la comparativa y el guiño a «West Side Story» [Robert Wise, 1961] del lado oeste de New York con el lado este a 9000 km. de distancia dando a entender que en todos lados suceden cosas trágicas y no necesariamente tienen que pasar en los barrios más marginales tal y como reflejan tantísimas veces en la películas norteamericanas. No debemos cerrar los ojos y hay que hacer crítica para que alguien que sea responsable de todo esto, se dé por aludido y de una vez por todas se vaya corrigiendo todo este lastre que nos arrastra a una forma de vida cada vez más separatista y egoísta.

Habéis incluido dos versiones (una en inglés y una sorpresa final en castellano) de ‘Jet song’. ¿Por qué elegisteis esta canción?
Bueno, ‘Jet song’ es una canción que habla de la pandilla, de tus «brothers», de dar todo por ellos a cambio de nada, de estar siempre dispuesto a dejar tu vida por cualquiera de tus colegas. En fin, una letra muy chula en la que te sientes reflejado cuando tienes 13 años porque tú también quieres ser Jet. Es la canción más «cool» de la peli y desde un principio estaba claro que no podíamos elegir otro tema, tanto por su contenido literario como musical. ¡Siempre Jets!

En el disco hay colaboraciones y nuevos instrumentos como el piano, armónica, pedal steel, ukelele y trompeta. ¿Qué os han aportado?
En efecto, hay grandes colaboraciones a cargo del jazzista Roberto Capella al piano, de Chema Mendizábal tocando armónica y pedal steel, en la voz uno de los grandes como es José Manuel Casañ, de Seguridad Social, y otro grande hiphopero como es Alberto Starlik aka Big Fish, en un nuevo estilo que hemos bautizado como “Rapabilly”. ¿Quién dijo que no se podía mezclar estilos y que el resultado fuera bueno? Respecto al ukulele, tenía uno en casa y me hacía ilusión incluirlo en algún tema; la balada fue el tema más apropiado. En un principio se tuvo dudas pero a la hora de mezclar nos encantó el resultado final. La trompeta es obra del maestro Lucky, una faceta escondida con proyección contundente y a la vez sorprendente.

En ‘Mi funeral’, donde escuchamos varios de estos nuevos instrumentos, hacéis un recorrido por la historia y calles de Nueva Orleans. Una de las cosas que destacáis es la mezcla de culturas y variedad de estilos.
En ésta canción suena un six string bass [bajo de seis cuerdas] tocado por mí mismo también como novedad, muy apropiado para la canción con sonido rockabilly country y cajún que, como bien indicas, hace un recorrido por las calles mágicas, envolventes y multiculturales de New Orleans… españoles, franceses, africanos todo en uno.

También citáis a Fats Domino y su ‘I’m walking’, y a “When the saints go marching in”…
Sí, como siempre nos gusta hacer guiños y el personaje más importante musicalmente hablando es, sin duda, Fats Domino, no podíamos hablar de New Orleans sin citar ni tocar parte de una de las piezas de uno de los pioneros del rock ‘n’ roll.

 “Días de vino y moscas” es la canción más directa en cuanto a reivindicación social. ¿Pensáis que el rock un buen medio para transmitir este tipo de mensajes?
No nos gusta hablar de política ni de religiones, ni siquiera entre nosotros mismos, cada uno es de una madre y esos temas siempre dan para hablar largo y extenso. Son temas delicados que a veces es mejor no tratar. Pero esta vez sí que era un momento apropiado para exteriorizar no lo que nosotros sentimos, sino como se siente la mayoría, no solo de españoles sino todo el mundo. La crisis es mundial y los de arriba nos tratan igual de mal a todos, somos los mismos de siempre los que cargamos con todo el peso de las consecuencias. En fin, años de desperdicio…

Hace unos meses hicisteis una mini gira por el Midwest norteamericano.  ¿Cómo valoráis la experiencia?
Fueron nueve intensos días repartidos por tres estados, Minnesota, Nebraska y Iowa en cinco ciudades: Minneapolis, Winona, Rochester, Sioux City y Omaha. La experiencia fue inolvidable, explosiva y todavía increíble. ¿Qué hacen tres tipos de Ruzafa cantando en el país que vio nacer el rock ‘n’ roll, haciendo su música en español y encima cosechando éxito en todos los shows? ¡Fue flipante! Gente saltando, chapurreando, bailando y pidiendo bises. ¡Cojonudo!

¿Veis posibilidades de volver?
Existen todas las posibilidades del mundo, de hecho se nos ha ofrecido repetir para la primavera del 2012. Esta vez en cinco estados, se incluye Illinois y Misuri, ciudades como Chicago o Kansas City. Estamos todavía con acuerdos y algunas cosas ya pactadas verbalmente.

 ¿Cómo comparáis el circuito de música en vivo en el que participasteis con el de aquí?
Allí es todo mucho más profesional, rápido a la hora de trabajar y la cultura musical del directo cambia radicalmente. A diario te encuentras garitos con agenda repletas de bandas tocando desde las 5 de la tarde hasta las 12 de la noche, ininterrumpidamente. La gente baila, colabora, compra merchandising… Pienso que en España todavía quedan muchos años de cultura musical de directos para llegar a estar a su nivel.

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